jueves 19 de marzo de 2026

El reto de alimentar sin deteriorar los ecosistemas

Ciudad de Panamá (Prensa Latina) Auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), expertos de América Latina y el Caribe se dieron cita en Panamá a fin de debatir experiencias sobre cómo alimentar a las poblaciones sin deteriorar los ecosistemas.

Por Mario Hubert Garrido

Corresponsal jefe en Panamá

También ahondaron en las oportunidades que brindan para este fin las alianzas en torno al Fondo para Medio Ambiente Mundial (GEF, siglas en inglés) y el Fondo Verde para el Clima (GCF), instrumentos necesarios en la lucha por armonizar la producción de alimentos con la conservación de nuestro planeta.

Sobre el tema, Prensa Latina conversó con Melvin Medina, Oficial de Tierras y Aguas, y Coordinador de Mejor Medio Ambiente de la FAO, quien ofreció una panorámica de la situación actual y los proyectos diversos para hacer frente a los problemas ambientales a nivel regional y global.

-América Latina y el Caribe posee una biodiversidad asombrosa, casi la mitad de los bosques tropicales del mundo, y al mismo tiempo, esa misma riqueza está siendo degradada. ¿Cómo se sale de esta contradicción?

-La paradoja es real, pero es precisamente el síntoma de un modelo que ya no nos sirve.

La degradación no es una consecuencia inevitable de la producción; es el resultado de patrones de extracción insostenibles. La clave está en cambiar el enfoque: pasar de ver la biodiversidad como un obstáculo para la producción, a verla como la base misma de la productividad sostenible a largo plazo.

-Cifras oficiales indican que 34 millones de personas aún pasan hambre en la región, y un 25 por ciento sufre inseguridad alimentaria. En ese contexto, con esa urgencia social, ¿cómo hablamos de biodiversidad al mismo tiempo que aseguramos alimentos para el mundo?

-La seguridad alimentaria debe cautelarse, pero con un foco productivo que sea sostenible y resiliente. Si degradamos el suelo, contaminamos el agua o perdemos polinizadores, lo que estamos haciendo es hipotecar nuestra capacidad de producir alimentos en el futuro.

Los 34 millones de personas que hoy sufren hambre dependen, directa o indirectamente, de los servicios ecosistémicos. Un suelo sano da mayores cosechas, unos bosques en pie regulan el ciclo del agua para los cultivos, unos océanos saludables garantizan la pesca.

-En ese escenario, ¿cuál es la importancia estratégica del trabajo entre la FAO, el GEF y el GCF?

-La colaboración entre la FAO, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Fondo Verde para el Clima ha sido esencial para canalizar los recursos necesarios con vistas a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad.

Mediante estas alianzas, se ha abordado la restauración y la conservación; la priorización de acciones políticas con impacto en los servicios ecosistémicos; el manejo sostenible de tierras, suelo y agua; soluciones basadas en los bosques para la emergencia climática; la gestión forestal sostenible. También se ha afrontado la promoción de cadenas de valor para aumentar la resiliencia de pueblos indígenas, mujeres y jóvenes; así como una serie de acciones que han permitido que los sectores agrícola, forestal y pesquero sean más eficientes, inclusivos, sostenibles y resilientes.

Las capacidades técnicas de la FAO ponen a disposición un vasto arsenal de herramientas, experiencia, metodologías y conocimientos, así como plataformas para facilitar espacios de diálogo intersectorial, entre actores, inclusivos e integradores, para promover soluciones en sistemas agroalimentarios que ofrezcan soluciones a los grandes problemas ambientales y climáticos.

A través de sus oficinas-país, con alta capacidad de articular el trabajo en terreno en cada localidad de la región, la FAO asegura calidad y acción en la implementación de proyectos e iniciativas.

-Precisamente sobre los fondos que mencionan, para un agricultor o una comunidad rural, ¿en qué se traduce esta ayuda en la práctica?

-Se traduce en proyectos concretos, por ejemplo, en un ganadero en Centroamérica que, con asistencia técnica, adopta sistemas silvopastoriles, mejora la calidad de su leche, reduce la emisión de gases, y ve cómo sus pastos reverdecen y sus animales sufren menos estrés por calor.

Además, se traduce en una cooperativa de pescadores artesanales en el Caribe que, con un enfoque ecosistémico, aprende a pescar de manera sostenible, asegurando el recurso para sus hijos y nietos.

Es palpable, asimismo, en comunidades andinas que restauran sus cuencas y, con ello, aseguran el agua para sus cultivos generando empleo, nuevos negocios, ingresos y mejorando los modos de vida. Ese es el impacto real: transformar realidades locales mientras se contribuye a metas globales.

-En torno a líneas de trabajo de la FAO como agricultura sostenible, ganadería baja en emisiones, planificación territorial, bioeconomía, pesca y acuicultura sostenibles, entre muchos más, ¿cuál es la fórmula para que la integración de la biodiversidad y los sistemas agroalimentarios sea exitosa?

-Es fundamental la integración intersectorial. El éxito radica en sentar en la misma mesa al Ministerio de Agricultura con el de Ambiente, con el de Planificación, con el de Hacienda. Y, por supuesto, con los productores, las comunidades indígenas, el sector privado. Si no logramos esa coherencia de políticas, cualquier solución técnica será insuficiente.

-¿En síntesis, su mensaje ante la magnitud del desafío?

-Los desafíos son enormes y los datos, como los del hambre, nos impactan profundamente. Pero el optimismo nace de ver a representantes de tantos países de nuestra América Latina y el Caribe, con realidades tan diversas, buscando juntos puntos en común. Y en esa dirección, la ciencia y la tecnología nos ofrecen herramientas que antes no teníamos.

Se confirma que cuando el financiamiento adecuado, como el sostenido con el GEF y el GCF, se combina con la experiencia técnica y la voluntad política, las cosas cambian.

El mensaje es claro: no están solos. El camino es complejo, pero lo recorremos juntos. Y cada acción cuenta. Un planeta sano para gente sana no es un eslogan, es la única hoja de ruta posible para no dejar a nadie atrás.

arb/ga/mm

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