miércoles 6 de mayo de 2026

El negocio de la supervivencia

La Habana (Prensa Latina) Aunque parezca algo de películas de aventuras o ciencia ficción hoy el negocio de la supervivencia es floreciente a través de un mercado tan controvertido como el de los búnkeres antinucleares.

Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

En un mundo cada vez más convulso, donde las guerras se libran con misiles y las potencias nucleares elevan su tono, un negocio crece en la clandestinidad: el de los búnkeres de protección.

Lo que durante la Guerra Fría era un símbolo de paranoia se convirtió en una próspera industria que mueve cientos de millones de dólares, con clientes que van desde magnates tecnológicos hasta miembros del gabinete de la Casa Blanca de los Estados Unidos.

UNA DEMANDA EN ALZA

En Sulphur Springs, Texas, la empresa Atlas Survival Shelters se transformó en el epicentro de esta fiebre subterránea.

Su fundador, Ron Hubbard, de 63 años, lo describe sin rodeos: El respeto y la demanda por el producto están en su punto más alto, como nunca lo había visto.

Desde la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero de 2026, las consultas se multiplican por 10. Me inundan las llamadas, confiesa Hubbard.

La empresa, que facturaba unos dos millones de dólares mensuales, prevé que esa cifra se dispare hasta los 50 millones en el próximo mes. Espero que mis ventas superen los tres años anteriores en los próximos dos meses, añade.

Pero no se trata solo de temores fundados en la geopolítica. El auge de los búnkeres, que el mercado de investigación UnivDatos proyecta con una tasa de crecimiento anual de 7,79 por ciento hasta 2033 , responde a una confluencia de amenazas que incluyen la inteligencia artificial descontrolada.

También abarca los ciberataques, los patógenos diseñados en laboratorio y el cambio climático. El mercado de los búnkeres dejó de ser exclusivo para multibillonarios, aunque ellos siguen marcando la pauta del lujo.

La horquilla de precios es tan amplia como las prestaciones: Veamos, Modelos básicos: Un búnker para cuatro personas, diseñado para resistir una semana bajo tierra, cuesta alrededor de 25 mil dólares.

Las opciones low cost, como búnkeres prefabricados para dos personas, pueden encontrarse por unos 15 mil euros en el mercado europeo.

Modelos de lujo: En el extremo opuesto, las instalaciones pueden superar los cinco millones de dólares. Están diseñadas para estancias de años, no de días, e incluyen salas de estar con televisión, dormitorios, cocinas, lavanderías, sistemas de cultivo hidropónico, piscinas e incluso salas de música o campos de tiro.

Depende de si se están preparando para el fin del mundo o simplemente para una andanada de fuegos de misiles, matiza Hubbard.

La tecnología es clave: las puertas herméticas, las cámaras de descontaminación y los sistemas de ventilación de accionamiento manual (con manivela, como los coches antiguos) son estándar en sus modelos.

¿QUIÉN COMPRA BÚNKERES EN 2026?

El perfil del cliente se diversifica, pero hay nombres que llaman poderosamente la atención. Entre los clientes de alto perfil, Hubbard confirma que al menos dos miembros del gabinete del presidente Donald Trump adquirieron recientemente sus búnkeres.

Aunque no revela sus identidades, el dato refleja que el temor a una guerra total cala en los niveles más altos del poder.

Además, figuras públicas como el magnate tecnológico Mark Zuckerberg (quien encargó un diseño a la empresa), la socialité Kim Kardashian y los influencers Andrew Tate y MrBeast reconocieron públicamente tener estos refugios.

La demanda no solo viene de Estados Unidos. Hubbard señala que clientes de países del Golfo como Bahréin, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos están entre los más activos.

Puedes imaginar cuánta gente está pensando: Ojalá tuviera un refugio antiaéreo, reflexiona. El auge de los búnkeres no está exento de controversia.

Mientras que para algunos es una póliza de seguro razonable, para expertos en desastres y activistas antinucleares se trata de una peligrosa ilusión.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA) sostiene que los búnkeres no son necesarios para la población general.

En su guía de 100 páginas sobre respuesta a una detonación nuclear, la agencia recomienda simplemente entrar y quedarse dentro del edificio más robusto disponible, idealmente un sótano, y alejarse de las paredes exteriores durante al menos un día.

Brooke Buddemeier, especialista en seguridad radiológica del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, explica que esta exposición a la radiación es totalmente prevenible, porque ocurre después de la detonación.

Según sus modelos, los supervivientes de una explosión nuclear tienen unos 15 minutos para buscar refugio antes de que caiga la lluvia radiactiva.

Va a ser literalmente arena cayendo sobre tu cabeza, describe Michael Dillon, otro científico del mismo laboratorio.

La visión más crítica proviene del movimiento antinuclear.

Alicia Sanders-Zakre, de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), señala que los búnkeres no son una herramienta para sobrevivir a una guerra nuclear, sino una herramienta para que una población pueda soportar psicológicamente la posibilidad de una guerra nuclear.

El congresista demócrata James McGovern es aún más directo: Si alguna vez llegamos a una guerra nuclear total, los búnkeres subterráneos no van a proteger a la gente.

En lugar de eso, deberíamos invertir nuestros recursos en hablar de una congelación de armas nucleares.

Aunque Estados Unidos lidera el mercado, Europa no es ajena a este fenómeno.

En España, por ejemplo, la escalada del conflicto con Irán reactivó el interés por esos refugios.

Actualmente, el país cuenta con solo cuatro búnkeres públicos (tres en Madrid y uno en Toledo) y unos 400 privados.

La comparación con otros países europeos es reveladora. Mientras que España tiene cerca de mil espacios preparados, Suecia dispone de 64 mil, Albania de 170 mil y Suiza de 370 mil refugios, un legado de la Guerra Fría que nunca se desmanteló del todo.

Por lo que más allá de los búnkeres unifamiliares, el negocio evoluciona hacia las comunidades de supervivencia de lujo. Proyectos como Aerie (valorado en 300 millones de dólares) o Vivos Europa One ofrecen verdaderas ciudades subterráneas con niveles militares de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), salas de medicina e incluso personal robótico.

Para los analistas, este auge refleja un cambio sociológico profundo. Como apunta el sociólogo Bradley Garrett, los búnkeres son la evolución lógica de las comunidades cerradas: una búsqueda de autonomía absoluta frente al colapso percibido de las redes de solidaridad colectiva.

Las crisis a menudo se sobreviven mejor a través de la cooperación, no del aislamiento, replica el sociólogo Eric Klinenberg.

Mientras los misiles surquen el cielo del Medio Oriente y las potencias mundiales midan sus fuerzas, una cosa parece clara: el negocio de vender paz (o la ilusión de ella) a 25 mil dólares el metro cuadrado bajo tierra, no ha hecho más que empezar.

arc/rfc

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