jueves 30 de julio de 2026

Datos demográficos, una brújula para las políticas en Cuba

La Habana (Prensa Latina) La población cubana decrece y envejece. Esas tendencias, anticipadas por especialistas hace décadas, acaban de confirmarse con los datos demográficos del cierre de 2025, publicados el 21 de julio por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Por Dixie Edith

Redacción Cuba

No son solo números, representan una suerte de brújula que, en el caso de Cuba, apuntan a la necesidad de una articulación de las políticas públicas que respaldan la vida social de la nación.

El país contabilizó nueve millones 434 mil 593 habitantes en 2025, 313 mil 414 menos que el año previo. Se registraron apenas 68 mil 64 nacimientos frente a 136 mil 214 defunciones.

Por segundo año consecutivo, la Tasa Global de Fecundidad se mantuvo en 1,29 hijos por mujer, la cifra más baja desde 1958, primer año del que se tiene registro.

Pero el factor que más influyó en esa pérdida poblacional fue la migración, con un saldo total de 245 mil 264 personas menos, algo que viene ocurriendo desde 2021, según constató Juan Carlos Alfonso Fraga, vice jefe de la ONEI, al presentar los datos.

Entre 2020 y 2025, además, la población en edad laboral se redujo en más de un millón de personas.

Se trata de manifestaciones de lo que demógrafos llaman una segunda transición demográfica o una transición muy avanzada. Es un proceso que, con las particularidades propias de Cuba, comenzó a gestarse hace décadas, y la ha llevado a ser el país más envejecido de la región, con 26,7 por ciento de personas mayores de 60 años.

LEER LOS DATOS PARA ACTUAR

Frente a esta dinámica demográfica, las soluciones no pasan ni por el alarmismo, ni por la inacción. Implica, como ha insistido el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), “poner la inteligencia demográfica al servicio de la toma de decisiones”.

Consiste en combinar datos de población y proyecciones para anticipar necesidades emergentes y alinear los recursos con las realidades demográficas futuras, recomienda ese organismo internacional.

La resiliencia demográfica, en consecuencia, emerge como el enfoque conceptual que permite trascender el simple número.

Definida por el Unfpa como “la capacidad de las sociedades para adaptarse y prosperar en contextos de cambio”, busca que todas las personas puedan ejercer sus derechos, tomar decisiones informadas y desarrollar plenamente sus capacidades a lo largo de la vida.

Es decir, no propone revertir tendencias -algo que los propios especialistas consideran inviable- sino adaptar instituciones y políticas a la nueva estructura poblacional.

La psicóloga y demógrafa Matilde Molina Cintra, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana, ha defendido, en línea con ese enfoque, que se deben aprovechar las capacidades de todas las personas, incluidas las mayores.

Eso implica redistribuir las cargas de cuidado, rediseñar los sistemas educativos y de salud, y gestionar la fuerza de trabajo disponible con criterios de eficiencia y equidad, en lugar de diseñar políticas orientadas a revertir las tendencias demográficas.

LOS DESAFÍOS DE LAS POLÍTICAS

Cuba cuenta con una Política para la Atención a la Dinámica Demográfica, aprobada en octubre de 2014 y actualizada en abril de 2022. Esta norma se ejecuta desde una Comisión Gubernamental presidida por el Primer Ministro y asesorada por el Cedem y la ONEI, como parte del ejercicio de un gobierno basado en ciencia.

Sus objetivos se dirigen a estimular la fecundidad en el marco de los derechos sexuales y reproductivos, atender las necesidades de la creciente población de 60 años y más, fomentar la participación de las personas mayores y atender las causas que provocan la migración interna y externa.

El reconocimiento de la población como objeto y sujeto del desarrollo y su inclusión en las estrategias de desarrollo económico y social, así como la utilización de las estadísticas e investigaciones demográficas son “temas de permanente debate y exigencia”, asevera Antonio Aja Díaz, director del Cedem.

En esencia, la clave está en reconocer a la población como el eje central de toda estrategia de desarrollo, desde lo nacional hasta lo local, defiende este filósofo y demógrafo en su artículo “Políticas de Población. Experiencias desde Cuba”, publicado en 2021 en la revista Novedades en Población.

La política de población cubana reúne esas características y resulta una oportunidad y una mirada transformadora hacia la resiliencia demográfica.

Sin embargo, el propio Aja Díaz reconoce desafíos para su implementación, entre los que señala la necesidad de implementarla sin perder el enfoque de derechos y las perspectivas de género e interseccional.

La propia política, además, reconoce que sus resultados no serán inmediatos, sino de mediano y largo plazos, “a tono con las características inerciales de los eventos demográficos”.

Urge, asimismo, articular otras normas, leyes y programas que existen en el país y que tienen a la población como centro de sus acciones.

MIRAR LAS DIFERENCIAS

El enfoque de resiliencia demográfica recomienda atender las diferencias territoriales. Como ha señalado Molina Cintra, existen muchas heterogeneidades territoriales en Cuba que deben considerarse: no es lo mismo el envejecimiento en Plaza de la Revolución, en La Habana, que en Yateras, en la oriental provincia de Guantánamo.

Cada territorio requiere de un diagnóstico propio y soluciones a la medida, lo que exige crear capacidades para utilizar los datos demográficos en la anticipación y planificación de sus desarrollos futuros.

También se precisa de alianzas con diferentes actores económicos. Las estrategias de desarrollo local deben combinar los recursos del presupuesto estatal, la contribución territorial, el apoyo de todos los actores económicos y la cooperación internacional. La estadística demográfica cubana indica hacia dónde se dirige el país y, sobre todo, hacia dónde deben orientarse las políticas públicas.

En tanto, la resiliencia demográfica es la capacidad de cada gobierno local para comprender su estructura poblacional, identificar los recursos humanos disponibles y trazar estrategias que potencien las fortalezas demográficas con que cuenta, ya sean la experiencia de las personas mayores o el empuje de las jóvenes que aún permanecen en el territorio.

La política de población cubana, con sus cuatro objetivos estratégicos, ofrece el marco institucional para esa transformación. Pero se requieren capacidades técnicas en los territorios, voluntad política y, sobre todo, un cambio de mentalidad que coloque a las personas -y no solo a los números- en el centro de las decisiones.

arb/det

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