miércoles 11 de febrero de 2026

Cuba: Histórico encuentro del papa Francisco y el patriarca Kirill

La Habana (Prensa Latina) El histórico encuentro del papa Francisco y su santidad Kirill, patriarca de Moscú y toda Rusia, el 12 de febrero de 2016 en esta capital, marcó un hito en las relaciones entre las iglesias Católica y Ortodoxa Rusa, casi mil años después del gran cisma de 1054.

Por Enrique González

Colaborador de Prensa Latina

La reunión tuvo lugar en el aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, elegido como “punto neutral en la encrucijada entre Norte y Sur, Este y Oeste, y símbolo de reconciliación en América Latina”. Francisco iniciaba su viaje apostólico a México, mientras Kirill venía de Rusia. Cuba, como anfitrión, facilitó este discreto diálogo que dejó una imborrable huella en la historia hace una década.

El encuentro, que consistió en una reunión privada entre ambos líderes por espacio de unas dos horas, seguida de una reunión ampliada con las delegaciones, conllevó a la firma de una Declaración Conjunta de 59 puntos enfatizando en la unidad cristiana y la colaboración entre católicos y ortodoxos.

Señaló el inicio para superar tensiones, al promover las vías con vistas a una colaboración objetiva. A juicio de varios analistas, marcó un avance diplomático importante del Pontificado de Francisco a partir de su enfoque ecuménico, fortaleciendo la voz cristiana global.

A diez años, el encuentro de La Habana puede leerse como un hecho ecuménico sin precedentes, al permitir que por primera vez se encontraran un Obispo de Roma y un Patriarca de Moscú, cara a cara y rompiendo así con un tabú cultivado durante siglos.

La “Declaración Conjunta de La Habana” destacó la idea de que católicos y ortodoxos son hermanos, llamó a un testimonio común ante un mundo secularizado y fragmentado, sin resolver cuestiones doctrinales ni de primado, e inauguró una nueva práctica de cooperación a perfeccionar en el camino.

Por esos días Cuba ocupó un importante espacio en el escenario mundial de una manera simbólica. Su elección subrayó el papel mediador del país caribeño, que ya había sido sede del llamado “deshielo” entre Washington y La Habana con la participación del Vaticano.

Este encuentro fue importante para el Gobierno cubano, consolidando la imagen del país como puente entre mundos ideológicos y religiosos, así como reforzando la dimensión simbólica de la isla en las diplomacias Vaticana y Ortodoxa del siglo XXI.

Fueron significativas las palabras del papa Francisco cuando expresó: “No quiero irme sin dar un sentido agradecimiento a Cuba, al gran pueblo cubano y a su Presidente aquí presente. Le agradezco su disponibilidad activa. Si sigue así, Cuba será la capital de la unidad…”.

De esta manera, Francisco inscribía a Cuba en el mapa de los grandes gestos de reconciliación cristiana a nivel mundial.

La imagen de país “neutral, secular, pero históricamente católico” permitió a Cuba proyectarse como un territorio aceptable para actores ideológicamente diversos reforzando así su capital de “diplomacia de eventos”.

Ciertamente el encuentro coronó un cuarto de siglo del proceso de acercamiento entre Cuba y el Vaticano (visitas de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco), confirmando además la confianza de la Santa Sede en las autoridades cubanas como anfitrionas fiables.

Por otra parte, la visita de Kirill a la isla y sus actividades litúrgicas subrayaron la historicidad del vínculo político Cuba-URSS-Rusia añadiendo a ello una dimensión religiosa visible.

Si bien diez años después el encuentro se percibe como un gran gesto simbólico, aún con frutos limitados en cuanto a la comunión entre Roma y Moscú, debe destacarse que, no obstante, este dejó establecida la posibilidad de contactos directos al más alto nivel entre ambas partes.

Mostró a un papa dispuesto a asumir costos diplomáticos en nombre de la unidad visible y situó a La Habana en la cartografía de los grandes momentos de la diplomacia religiosa contemporánea.

arb/EG

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