Por Fausto Triana
Corresponsal jefe en España
A Mijaín López, el repaso de sus hazañas le devuelve el brillo a sus ojos. Recupera la adrenalina, reaparecen decenas de imágenes emocionantes hasta detenerse en París 2024, porque de cierto modo, la Ciudad Luz marcó su punto de inflexión.
El gigante de ébano nacido en Pinar del Río, en el extremo occidental de Cuba, hace 43 años, dejó dos recuerdos imborrables para quienes participamos en la cobertura de la cita olímpica parisina.
Luego de vencer a Yasmani Acosta, chileno de origen cubano, en la final de los 130 kilogramos de la lucha grecorromana, se quitó las zapatillas y las colocó con delicadeza en el centro del colchón. Entre el silencio de respeto y la ovación cerrada, la sala de los Campos de Marte era testigo de un momento histórico del deporte mundial.
“Me salió del corazón”, la misma frase que dijo en París 2024, que volvió a confesar en entrevista exclusiva con Prensa Latina, esta vez en Madrid, España, a donde vino como invitado a la Feria Internacional de Turismo (Fitur). El gesto con sus zapatillas fue tal vez el más solemne, hasta que estalló de alegría y alzó, con su enorme anatomía de sus 1,96 metros de estatura, a su querido entrenador Raúl Trujillo, galardonado además por el Comité Olímpico Internacional (COI) en 2025.
Luego, fue impactante verlo en el selecto grupo de deportistas escogidos para tomar parte en el apagado simbólico del pebetero olímpico, que hizo individualmente el nadador francés Leon Marchand, cuatro títulos en París 2024.
VIDA DESPUÉS DEL DEPORTE
La conversación con Prensa Latina tendría un eje central, la vida después del deporte, y aunque la respuesta siempre fue clara y diáfana, había capítulos que fuimos desentrañando en otros intercambios con Mijaín durante su estancia en Madrid.
El desentrenamiento, por ejemplo, transcurridos casi dos años desde su retiro oficial del deporte activo. “Voy poco a poco, pero avanzando, todavía me quedan unos kilos por bajar, con mucho empeño”, explicó sonriente tocándose el abdomen.
¿Y cómo llevas los tiempos, la rutina cotidiana, cuando no tienes la obligación de los entrenamientos?
-Pues muy bien. Estoy recuperando todo lo que me había alejado de la familia, acercándome más, disfrutando. Ha sido muy bonito. También el reencuentro con amigos, con la gente, lo cual era poco frecuente por el rigor de la consagración al deporte.
Cinco medallas de oro olímpicas, único en hacerlo de forma consecutiva y con un palmarés impresionante en la lucha grecorromana. Es ahora embajador por la Federación Internacional de Lucha.
-Viajo bastante, tengo experiencias nuevas e interesantes, quiero mejorar mi inglés y voy a estudiar mucho, además de retomar la idea de hacer un doctorado de Cultura Física. También, ayudar a la promoción del turismo hacia Cuba, que es un sector muy importante para la economía de nuestro país.
De tus recuerdos, ¿el momento más amargo de tu carrera?
-En los Juegos de Atenas 2004, en el fracaso de lograr disputar el oro (quedó en bronce) frente a un contrincante ruso, por cosas del arbitraje. Pero siempre hay segundas oportunidades si uno se propone seguir adelante, y en mi caso lo conseguí posteriormente de forma consecutiva cinco veces.
-No puedo quejarme en estos momentos. Como embajador de la Federación de Lucha, tuve la ocasión excepcional de visitar en Rusia a otra leyenda de la lucha grecorromana, Alexander Karelin, monarca olímpico en tres ocasiones.
-Interactuar con el público, exponer mis experiencias para motivar a la juventud, ofrecer conferencias (…), en fin, otro modo de afrontar la vida tras el deber cumplido como deportista activo. Es una etapa diferente y hermosa.
¿Y el mejor momento?
-Yo en América es cierto, los contrincantes no eran tan exigentes, pero a nivel mundial me sentía obligado a entrenar con rigor, con rivales duros de Rusia, Turquía y de Irán. Nunca me rendí.
-Todos los triunfos fueron importantes, quizá el oro en Beijing 2008 tuvo un sabor especial, y por supuesto París 2024, el inicio y el cierre. Son momentos felices y al final, cierta tristeza porque terminó una carrera deportiva, pero todo fluyó como Dios quiso y Mijaín completó sus sueños.
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