jueves 22 de octubre de 2026

Lara Sotelo: El arte necesita saber reírse un poco de su solemnidad

La Habana (Prensa Latina) Quien conoce la obra escrita y simbólica de Jesús Lara sabe que hay un aliento místico que emana de cada uno de sus retablos, expresó el crítico cubano Rafael Acosta sobre una muestra personal del artista que acoge la Biblioteca Nacional de Cuba.

Por Verónica Nuñez

Redacción de Cultura

Axiomática Lara. Retablos y otras iluminaciones, es el título de la exposición y en su recorrido inaugural, el 18 de septiembre en la Galería El Reino de este Mundo de la institución, se ausentó la luz eléctrica.

En esa penumbra las maderas talladas, las pátinas y los panes de oro de Lara Sotelo emergían como lo que él mismo dijo a Prensa Latina que son: restos de una civilización que quizá nunca existió.

“Axiomática Lara… reúne ciertas obsesiones que han atravesado mi trabajo durante años: la memoria, el fragmento, lo sagrado después de perder su templo, la geometría enfrentada al accidente, la belleza de aquello que ha sobrevivido a su propia destrucción. Hay algo de arqueología imaginaria en estas obras”.

Mientras, reflexiones sobre la amalgama creativa de Lara Sotelo iniciaron la intervención del crítico cubano Nelson Herrera Ysla.

“¿Cómo valorar pues sus obras, cuando recurre a tantos elementos constitutivos del orden y el desorden creador desde sus orígenes en la penumbra silenciosa de cuevas milenarias hasta el cubo blanco de galerías y museos de arte moderno y contemporáneo?”.

No hay en Lara Sotelo una sola disciplina. Su formación fue autodidacta y se ramificó hacia disímiles manifestaciones artísticas: pinta, esculpe, escribe, trabaja con música. A sus 54 años recién cumplidos, forma parte del pilar del arte cubano.

Nunca he entendido la creación dividida en departamentos, para mí son diferentes instrumentos de una misma pregunta, expresó en entrevista exclusiva con esta agencia.

Dicha muestra sumó una pieza nueva, el tapiz La memoria devora el olvido, develado en el marco de las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana y del aniversario 125 de la biblioteca.

Axiomática Lara… articula pintura, escultura y retablos construidos a partir de madera, pintura, relieves, telas y otros elementos matéricos.

Las piezas despiertan curiosidad desde el nombre: Anatomía del borde, Tres lunas para una habitación, Katmandú: geometría de los umbrales, Equilibrio interior III, Eclipse interior o Tótem Axiomático.

-¿Cómo surgió el título Axiomática Lara y qué inspiró las creaciones? -El título contiene ya una pequeña contradicción. Un axioma es aquello que aceptamos como punto de partida sin necesidad de demostrarlo; el arte, en cambio, lleva siglos desconfiando de todo aquello que parecía demostrado. Me interesaba esa tensión.

Me interesan muchos artistas como Antoni Tàpies (España, 1923-2012), cuando convierte la materia en pensamiento, o Louise Nevelson (Estados Unidos, 1899-1988), cuando demuestra que un fragmento encontrado puede adquirir una monumentalidad casi litúrgica.

Pero también están Lezama (Cuba, 1910-1976), el barroco cubano, las iglesias que conocí de niño, la madera envejecida, los objetos domésticos y esa extraordinaria capacidad cubana de hacer convivir épocas distintas en una misma habitación.

El apellido en el título introduce, además, cierta ironía. Después de tantos siglos intentando descubrir axiomas universales, yo llego modestamente con los míos. El arte también necesita saber reírse un poco de su solemnidad.

Para el crítico Herrera Ylsa, estas creaciones de Lara Sotelo “apelan a demostrarnos una operatoria artística abierta a especulaciones y a cierta polisemia apoyada en su experiencia vital… y la nuestra”.

-¿Por qué el retablo ocupa un lugar central en esta exposición?

-Porque el retablo es una de las máquinas visuales más extraordinarias que inventó Occidente. Antes del cine ya sabía dirigir la mirada, organizar episodios, administrar el asombro y construir una dramaturgia mediante imágenes. Pero mis retablos han perdido el altar.

Me interesa precisamente qué ocurre cuando conservamos la arquitectura de lo sagrado después de retirar la doctrina que originalmente la justificaba. Entonces aparece algo mucho más ambiguo: una especie de liturgia sin religión, donde pueden convivir memoria personal, restos, escritura, pintura, objetos y símbolos.

Aby Warburg -historiador del arte (Alemania, 1866-1929)- entendió que determinadas formas sobreviven a las culturas que las producen y reaparecen transformados siglos después. Algo semejante sucede aquí: tomo una estructura histórica cargadísima de memoria y la obligo a hablar desde el presente.

Y el retablo me permite algo esencial: no escoger entre pintura y escultura. Puede ser pared, objeto, arquitectura, relato y ruina simultáneamente. Es una criatura bastante indisciplinada. Probablemente por eso nos llevamos bien.

Rafael Acosta de Arriba destacó el diálogo del artista con diversas tradiciones culturales. “Al parecer, ningún soporte le basta para manifestar sus deseos de crear formas y símbolos”.

En sus palabras, el retablo es “un surtidor de signos, signos que son misteriosos abalorios, que se corresponden con los laberintos mentales del artista, señales de una mayor reflexión sobre el arte”.

No seleccioné poemas para explicar las obras. Eso habría sido convertir la poesía en una cartela demasiado larga, y bastante trabajo tienen ya los espectadores leyendo las cartelas normales.

Busqué textos capaces de establecer una fricción con cada pieza. A veces el poema nació antes; otras, la obra visual; y en determinados casos terminaron encontrándose mucho después. Me interesa que ninguno sea traducción del otro.

Siempre he pensado que una imagen y un poema pueden relacionarse como dos instrumentos dentro de una composición de cámara: no necesitan tocar la misma melodía para pertenecer a la misma música.

Ahí me siento cercano a ciertas correspondencias que encontramos en Paul Klee, que pensaba visualmente con una sensibilidad casi musical, o en Henri Michaux, de quien dibujo y escritura parecen provenir del mismo impulso sin convertirse uno en ilustración del otro.

Quiero que el espectador pueda mirar la obra sin leer el poema y leer el poema sin mirar la obra. Pero cuando hace ambas cosas, debería aparecer una tercera obra invisible, construida solamente dentro de él.

Sin regla alguna, sin una fija, sin una transparente procedencia contextual, cada obra remite a imprecisos esoterismos y formulaciones que le llegan desde lo más profundo de su pensamiento estético, no solo visualmente sino también sonoro, manifestó Nelson Herrera Ysla.

-¿Cómo valora las lecturas de los especialistas sobre su obra?

-Esta pregunta toca una relación que considero particularmente hermosa: la que se establece entre creación y mirada crítica. Valoro las lecturas de Nelson Herrera Ysla y Rafael Acosta de Arriba con gratitud, pero sobre todo por la inteligencia y la independencia de sus miradas.

Herrera Ysla ha señalado en mi trabajo esa acumulación de herencias y tradiciones, incluso una condición renacentista más que barroca. Me interesa particularmente esa observación porque reconoce algo que considero esencial: nunca he entendido la creación dividida en departamentos.

Acosta de Arriba, desde su propia formación y sensibilidad crítica, abre otras conexiones y otras genealogías. Y ahí comienza algo muy hermoso: el crítico descubre relaciones que el artista quizá había construido intuitivamente, pero todavía no había formulado.

Umberto Eco hablaba de la obra abierta: una obra importante no termina cuando el artista deja las herramientas; continúa produciendo interpretaciones. Las lecturas críticas no vienen a certificar lo que yo quise hacer, sino a poner la obra nuevamente en movimiento.

Eso me parece un privilegio. Porque si dos críticos inteligentes vieran exactamente lo mismo en mis piezas, probablemente empezaría a preocuparme. O la obra sería demasiado obediente, o yo habría dejado demasiadas instrucciones.

El calendario del artista no se detiene. El martes 27 de octubre, en la tarde, presentará su libro De bonsáis y huracanes en la Casa de Asia, con la Embajada Japonesa en Cuba, a propósito de la Jornada de la Cultura de ese país en esta capital.

Como bien señaló Acosta de Arriba: “En Lara, ya sea en su mundo escritural o en el simbólico, la concepción es a nivel del orbe, una conversación entre esencias culturales y tradiciones de los cuatro puntos cardinales”.

arb/vnl

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