Por Fausto Triana
Corresponsal jefe en España
Entre andanzas con el tres a cuesta, el carisma de la sabiduría y un entusiasmo irrefrenable, Pancho Amat conversó con Prensa Latina en Madrid, camino a Bruselas, Bélgica, donde tuvo el honor de donar al Museo de Instrumentos Musicales (MIM) uno de estos curiosos cordófonos.
No fue una entrevista formal ni encasillada. El diálogo fluyó de manera espontánea, como si tratara de llenar todos los espacios posibles para graficar su tremenda pasión por la música.
Cubano oriundo de Güira de Melena, en la occidental provincia Artemisa, Leonel Francisco Amat, simplemente Pancho Amat en las cuerdas especiales de su pentagrama, habló de la trascendencia del son, los entresijos de su trayectoria como “tresero” y el protagonismo de Cuba en la música internacional.
“El tres, su función es hacer el ‘tumbao’, con comillas porque es una palabra del son, y se ejecuta para mostrar cómo existe un sonido único que identifica al son cubano con sus acordes, comentó antes de explicar el homenaje a la práctica del género, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en diciembre de 2025.
-¿Te sentirías cómodo tocando el tres que llevas a Bruselas?
-En la parte en que se habla de Cuba en el MIM, faltaba el tres, que es el cordófono nacional, derivado de la guitarra. Es un tres que mandamos a hacer siguiendo la huella de uno que yo tuve y que hizo un luthier cubano que vivía en España, Evelio Domínguez.
Para que las palabras no quedaran en el aire, hizo una demostración a Prensa Latina con el tres que llevaba al MIM de Bruselas.
“Esta pieza mantiene rasgos de la tradición y le incorpora algunos detalles para facilitar la ejecución. Evelio, a una sugerencia nuestra, le hizo una entrada que puede tirar hacia abajo y tocar los registros más agudos, con una perita similar a los tres primigenios.
“El Instituto Cervantes de Bruselas organizó actividades en paralelo a la donación del tres al MIM, que tiene una colección de más de siete mil instrumentos musicales de todas las épocas, desde el medioevo hasta nuestros días”.
CUBA, TRES Y SON
-¿Cómo aprecias el camino recorrido y la vigencia del tres en la música cubana?
-El tres goza de buena salud en nuestro país actualmente. Es increíble la cantidad de jóvenes que lo practican. Hicimos al calor del Festival de Jazz de La Habana el pasado año un concierto consagrado al tres.
Faustino Oramas (el Guayabero, cantante, compositor y tresero) decía que si las mujeres tocaran tres le quitarían el mando a los hombres. Pues mira, hay una cantidad de chicas jóvenes tocando el tres y haciéndolo bien actualmente.
Se ha erigido como pilar de nuestra música y me hace sentir con misión cumplida. Recuerdo que hace muchos años, saliendo del Cornito (en la oriental ciudad de Las Tunas), Martin Rojas, que era guitarrista de Omara Portuondo, me dijo: tienes que motivar a los jóvenes con el tres.
En festivales del son y con el surgimiento de la Nueva Trova se dieron oportunidades. Vicente Feliú, Noel Nicola, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés me llamaban para acompañarlos en cualquier espacio sonoro y redescubrir el tres.
-¿Pero hubo muchas más colaboraciones de Pancho Amat con el tres?
-Sin dudas. Toqué con Juan Formell (entonces director de Los Van Van), Adalberto Álvarez, Chucho Valdés y en España cuatro años con Santiago Auserón, en un proyecto de rock español y son cubano. Ya hay tres en cualquier territorio sonoro, desde Baracoa (oriente cubano) y hasta un japonés en Tokio.
Hablemos del son cubano y su vigencia actual, le propongo. Su entusiasmo es tan elocuente, que cambiamos de locación la entrevista con Prensa Latina hacia un apartamento de la periferia de Madrid, donde vive un fabricante español de tres.
Sombrero en ristre, cambia de tres para enseñarme las características de cada una de las piezas en el lugar. Finalmente, el son lo hace soñar despierto.
“El 8 de mayo celebramos el Día del Son, que además de los honores recibidos por la Unesco es parte de las esencias de Cuba, como el tabaco, el ron, la arquitectura y su legado cultural.
“Es un referente ante cualquier ritmo nuevo que veas. Incluso los que hacen reggeton se fueron más atrás, con habaneras de referencia, y tiene una influencia en muchos otros géneros, incluida la bachata dominicana”.
En su repaso por la historia del son y del tres, Pancho Amat recordó a emblemas como Arsenio Rodríguez, Benny Moré, Dámaso Pérez Prado, Chano Pozo, el Mambo, el Cha cha chá, junto con reflexiones de prestigiosos músicos internacionales.
Entre ellos, el puertorriqueño Eddie Palmieri, al decir que del son surgieron figuras como Cheo Feliciano, Rubén Blades, Pato Lucas o el Gran Combo de Puerto Rico.
“Para los cubanos es un orgullo que el son abrace al mundo con un lenguaje de amistad, como esparcimiento y diversión, y para nosotros donde quiera que vamos nos piden repertorio de música cubana por la alegría que Cuba genera para el mundo”.
-¿Qué más habría que decir del son?
-Ya en la segunda mitad del siglo XIX, cuando empezó el son en el monte, los mambises tocaban esto, José Maceo (mayor general del Ejército Mambí, hermano de Antonio Maceo) tocaba el tres.
Luego entró el tres a la ciudad, a Santiago de Cuba, a La Habana; las condiciones estaban creadas en todo el país, pero hasta que no llegó a La Habana no surgieron los Septetos, que es un invento habanero, un formato de son orquestal con el aporte del tres que viene de la zona oriental, del sonido, los trovadores.
Fíjate que el son habanero se canta a dos voces como la trova tradicional de Santiago y lo asumen los rumberos que llevan la clave de la rumba. Comienza a crearse un espacio de préstamos entre géneros, la rumba le presta el bongó, la clave y la manera un poco de cantar, los orientales prestan el tres y el son surge de estos de préstamos.
-¿Y la identidad del son?
-Es que después el son presta, es muy agradecido. Cuando el danzón necesitó de más vigencia porque su etapa de esplendor estaba pasando, echó mano del son. El bombín de Barreto es un danzón que incorpora en 1910 el son. Hasta con un mambo de Pérez Prado, el Cha cha chá, reciben préstamos del son y otros ritmos que comenzaron a surgir, y el mismo Latin Jazz, hoy Jazz cubano.
-¿Son fusiones?
-Los instrumentos, en este caso el piano, tienen que hablar en el lenguaje del tres. El piano asume el tumbao y cuando llega la Jazz Band, que va Benny Moré a México y toca con Pérez Prado, regresa a Cuba y arma su orquesta al estilo de Pérez Prado y el saxofón sustituye al tres.
Y por esta razón, afloran los préstamos (…) donde quiera que hay tumbao hay son. Dicen los que iniciaron la salsa, que surgió del son cubano, y el tres sigue omnipresente.
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