viernes 13 de marzo de 2026

A 28 años de la muerte del comandante cubano Manuel Piñeiro Losada

La Habana (Prensa Latina) Hay personas que despiertan simpatía sin perder un ápice de autoridad, capaces de escuchar, polemizar, sumar, convencer y ser ejemplo, al tiempo de exigir un trabajo sin descanso y sin horario, sin fallas ni errores de apreciación, en busca siempre de la unidad de lucha como estrategia de acción.

Por Pedro Rioseco*

Colaborador de Prensa Latina

Ese era el caso del comandante cubano Manuel Piñeiro Losada, a quien muchos en el mundo lo conocían como Barbarroja, aunque en los últimos decenios de su vida ésta se fue volviendo blanca por fuera, si bien por dentro, al igual que el ser humano al que pertenecía su rojo militante, nunca se destiñó en quien cumpliría 93 años este 14 de marzo, si no hubiera fallecido un 11 de marzo hace 28 años.

Piñeiro era hermético en los secretos que guardaba, muchos de los cuales se llevó consigo por su propia formación revolucionaria. Activo combatiente en la clandestinidad, en la Guerra de Liberación ocupó importantes responsabilidades contra la dictadura de Fulgencio Batista en el Segundo Frente Frank País, en el cual se ganó los grados de comandante.

Al triunfo de la Revolución en 1959 fue nombrado jefe de la Plaza Militar de Santiago de Cuba.

Posteriormente, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz le encomendó crear los órganos de inteligencia, participar en la creación de la Seguridad del Estado en el Ministerio del Interior, donde fue viceministro, y coordinar la ayuda solidaria a los revolucionarios que luchaban contra las dictaduras y el colonialismo en sus países.

Desde la Dirección de Liberación Nacional del Ministerio del Interior, en muy estrecha sintonía con Fidel Castro, Piñeiro se dedicó a la atención del movimiento revolucionario democrático y progresista, especialmente de América Latina y el Caribe, pero también de África, en una etapa en que se desmoronaba el colonialismo pero arreciaba el intervencionismo estadounidense contra la soberanía en América, y proliferaban dictaduras militares y regímenes entreguistas.

En su conocido concepto de Revolución, el Comandante en Jefe enfatizó que “Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, de nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”. Cabe destacar que la política internacionalista de Cuba no conoció de sectarismos o visiones cortoplacistas.

Precisamente Piñeiro se dedicó durante varias décadas a estrechar relaciones con muchos revolucionarios, personas honestas de diferentes filiaciones políticas, personalidades religiosas, dirigentes sociales y comunales de los países de América y África, siempre desde una posición de principios, con una fidelidad absoluta a las ideas compartidas desde joven con Fidel Castro, pero en un marco de respeto a la identidad y conceptos de cada cual.

Entre las misiones que dirigió Piñeiro estuvo brindar apoyo logístico a las operaciones militares de Ernesto Che Guevara en el Congo (1965-1966) en solidaridad con la lucha anticolonialista de aquel pueblo.

Luego, su equipo desempeñó un destacado papel en la llamada Operación Camilo Cienfuegos, que implicó burlar a la CIA y a todos los servicios de la Comunidad de Inteligencia yanqui en la región, al lograr trasladar al Che y a un grupo de combatientes desde Cuba a Bolivia sin que pudieran ser detectados y formar allí un destacamento guerrillero.

Pese a su hermetismo profesional, en su trato con los compañeros, vecinos, periodistas y el pueblo, Piñeiro era carismático y muchos amigos lo calificaban como un verdadero “jodedor cubano” por sus bromas y su carácter siempre afable.

Como martiano y fidelista que fue hasta su muerte, demostraba en los hechos cotidianos, casi siempre anónimos o discretos, que la autoridad se gana sólo a fuerza de mucha calidad humana, antiburocrática, austeridad auténtica, firmeza de principios y rectitud política.

Nació en Matanzas el 14 de marzo de 1933, hijo de padres gallegos emigrados a Cuba pertenecientes a la llamada clase media, quienes lo educaron en el trabajo duro cotidiano.

Cuando percibieron que se enrolaba en la lucha contra la violencia sin freno del dictador Fulgencio Batista, lo enviaron a estudiar a la universidad de Columbia, en Nueva York, sin sospechar que allí iniciaría su principal vocación al ser nombrado presidente de la Asociación de Estudiantes Latinoamericanos.

En esa ciudad conoció a su primera esposa, Lorna Burdsall, una talentosa bailarina y coreógrafa estadounidense que se enamoró del vigoroso joven pelirrojo cuando la invitó a bailar el mambo.

Con ella regresó a Cuba y se hicieron pasar por un matrimonio gringo para trasladar armas a la Sierra Maestra, en una exitosa operación que hizo posible el triunfo rebelde en el combate de El Uvero, y la incorporación de Piñeiro a la Columna Uno.

Estuvieron casados desde 1955 hasta 1975. Después conoció a su segunda esposa, la escritora y periodista e intelectual chilena Marta Harnecker, con quien estuvo casado hasta su muerte.

Fidel siempre le decía “El Gallego” por la procedencia de su progenitor, y le encomendaba personalmente el cumplimiento de serias, complejas, compartimentadas y sumamente difíciles misiones, algunas de las cuales sólo fueron del conocimiento de ellos dos.

Aunque no era hombre que diera entrevistas por su propia formación, sí dispensaba un trato especial a la prensa cubana y en particular a los periodistas vinculados con la información internacional.

Como testimonio personal puedo relatar muchos momentos, pero como ejemplo daré sólo dos. Estando el que suscribe como jefe de información internacional de la revista Bohemia, recibí una llamada telefónica de Piñeiro el viernes 8 de diciembre de 1983.

Me preguntó si estaba al tanto del triunfo electoral de Raúl Alfonsín en Argentina y su toma de posesión en dos días, para luego decirme que necesitaba cubriera ese acontecimiento que finalizaba una serie de sangrientas dictaduras que interrumpieron la vida constitucional en ese país desde 1930, y cuya última había colapsado tras la Guerra de las Malvinas el año anterior.

Mi sorpresa por la premura del viaje fue mayor cuando me dijo que viajaba en pocas horas, que ya tenía mi pasaporte, pero sin visas para ninguna de las escalas, que tenía que lograr llegar a tiempo y me ayudarían para ello.

En efecto, en pocas horas estaba viajando hacia Nicaragua, donde su representante del entonces Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, me consiguió en breve tiempo una visa de tránsito para Panamá.

Allí la historia fue similar y finalmente pude montar a un avión con escala en Santiago de Chile y llegar el mismo día 10 a Buenos Aires, la noche de la toma de posesión, y comenzar a transmitir, con la austeridad que el propio Piñeiro impregnaba a todos.

La otra anécdota: estando en Prensa Latina como jefe de la redacción que atendía Centro América, El Caribe, Panamá y México, desde agosto de 1989 a diciembre de 1990, Piñeiro llamaba por teléfono casi todos los días. Comenzaba con su tradicional “periodista, qué hay de nuevo”, a hacerme un examen, país por país, de los temas que le interesaban, con gran provecho también para el trabajo de PL.

En 1965 fue designado miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, responsabilidad que desempeñó hasta 1997.

A comienzos de 1975, pasó a dirigir el Departamento América del Partido Comunista de Cuba, y atender un amplio espectro de fuerzas políticas y sociales, no solamente de la izquierda, en el cada vez más dilatado y heterogéneo movimiento popular y revolucionario latinoamericano, caribeño y del Tercer Mundo.

En 1997, Piñeiro se retiró de todos sus cargos e inició con gran intensidad y entusiasmo un esfuerzo de investigación de carácter histórico, y entrega de sus vivencias personales para dar a conocer parte de esa historia solidaria de Cuba en la región.

Falleció el 11 de marzo de 1998 en La Habana, tres días antes de cumplir 65 años, en un accidente de tránsito al estrellarse contra un árbol mientras conducía hacia su casa, en medio de un episodio agudo de diabetes, luego de participar en un homenaje y conmemoración por los 40 años de la creación del II Frente Oriental Frank País.

Su muerte es recordada cada año en Cuba y en numerosos países por los revolucionarios que le conocieron y por quienes tuvieron el privilegio de compartir con uno de los hombres modestos que hicieron inmortal la influencia del ejemplo de la Revolución cubana en la lucha por la verdadera independencia de los pueblos.

arb/prl

*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Nicaragua y concurrente en El Salvador, Guatemala y Honduras durante 10 años; corresponsal jefe en República Dominicana, Ecuador y Bolivia. Creó y dirigió la Editorial Génesis Multimedia que hizo la Enciclopedia Todo de Cuba y 136 títulos más. Anteriormente, director del periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente, ayudante del ministro de Cultura Armando Hart; jefe de la Redacción Internacional de la revista Bohemia con coberturas internacionales en más de 30 países y es autor del libro Comercio Electrónico, la nueva conquista. Dirige la revista Visión de la UPEC y es presidente de su Grupo Asesor.

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