Por Mario Hubert Garrido
Corresponsal jefe en Panamá
La conmemoración del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá trasciende el ámbito de una efeméride histórica para convertirse en un ejercicio de actualización del pensamiento integracionista que inspiró al Libertador Simón Bolívar y a los líderes de la emancipación americana.
Durante todo 2026, declarado por el gobierno panameño como Año del Bicentenario del Congreso Anfictiónico, el país despliega una intensa agenda diplomática, académica y cultural destinada a examinar los desafíos contemporáneos de la región y reivindicar la vigencia de la cooperación entre los pueblos.
La celebración adquiere una dimensión singular en un contexto internacional caracterizado por tensiones geopolíticas, conflictos armados, crisis climáticas, desigualdades económicas y cuestionamientos a los mecanismos multilaterales tradicionales.
Frente a ese panorama, el legado del Congreso de 1826 emerge como referencia obligada para quienes defienden la concertación política y la búsqueda de soluciones colectivas a problemas comunes.
PANAMÁ, PUNTO DE ENCUENTRO
El Congreso Anfictiónico fue inaugurado el 22 de junio de 1826 en la entonces sala capitular del convento de San Francisco, en el Casco Antiguo de Panamá.
Convocado por Bolívar, reunió a representantes de la Gran Colombia, México, Perú y la Federación Centroamericana con el propósito de crear una confederación permanente de Estados independientes capaz de garantizar la defensa mutua y preservar la soberanía conquistada tras las guerras de independencia.
Inspirado en las antiguas ligas anfictiónicas de la Grecia clásica, el encuentro pretendía establecer un sistema de cooperación política y militar que protegiera a las nuevas repúblicas frente a posibles intentos de recolonización y fortaleciera su presencia en el escenario internacional.
Aunque muchos de sus acuerdos no llegaron a concretarse plenamente debido a las rivalidades internas y a los intereses divergentes de la época, el Congreso sentó precedentes fundamentales para el desarrollo posterior de la diplomacia regional.
Sus deliberaciones abordaron temas que continúan ocupando espacio en la agenda hemisférica: la defensa colectiva, la solución pacífica de controversias, la integración económica, la libertad de comercio, la circulación de ciudadanos.
Para numerosos historiadores y especialistas en relaciones internacionales, aquel encuentro constituyó la primera gran asamblea diplomática multilateral celebrada en América y uno de los antecedentes más tempranos de los organismos regionales contemporáneos.
VIGENCIA DEL IDEAL BOLIVARIANO
A dos siglos de distancia, el ideario que inspiró el Congreso mantiene una sorprendente actualidad.
La visión bolivariana de una América unida no respondía únicamente a afinidades culturales o lingüísticas. Representaba una estrategia geopolítica orientada a garantizar la independencia de las nuevas repúblicas frente a las grandes potencias de la época.
Su propósito era construir una comunidad de naciones capaz de defender intereses compartidos mediante mecanismos permanentes de consulta y cooperación.
En el siglo XXI, los desafíos son diferentes, pero la necesidad de coordinación regional conserva plena vigencia.
Las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria, la migración, la transformación digital, la protección ambiental, la lucha contra el crimen transnacional y el desarrollo sostenible requieren respuestas concertadas que trasciendan las fronteras nacionales.
Desde esa perspectiva, el bicentenario se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre los avances y limitaciones de los procesos integracionistas latinoamericanos y caribeños, así como para debatir nuevas fórmulas de cooperación adaptadas a las realidades contemporáneas.
UN AÑO DE DIPLOMACIA REGIONAL
Como país anfitrión de la conmemoración, Panamá ha diseñado una extensa agenda de encuentros internacionales que refuerzan su tradicional vocación como puente entre regiones y culturas.
Entre los principales acontecimientos figura una semana de alto nivel que reunirá en este junio a representantes gubernamentales, académicos, organismos internacionales y actores de la sociedad civil.
El programa contempla el Consejo de Ministros de la Asociación de Estados del Caribe, la reunión de la Comunidad de las Democracias bajo la presidencia pro tempore panameña y la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
La agenda incluye además encuentros especializados del Sistema Interamericano y reuniones ministeriales sobre seguridad pública, desarrollo social, telecomunicaciones, derechos humanos y cooperación jurídica.
Las autoridades panameñas consideran que estas actividades no solo honran la memoria del Congreso de 1826, sino que también fortalecen la capacidad de diálogo político en el hemisferio y proyectan al país como espacio natural para la concertación internacional.
MONUMENTO QUE HABLA DE AMÉRICA
La memoria del Congreso Anfictiónico encuentra una de sus expresiones más visibles en el corazón histórico de la capital panameña.
Frente al Palacio Bolívar, actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, se levanta desde el 22 de junio de 1926 el Monumento al Libertador Simón Bolívar, inaugurado durante las celebraciones del centenario del Congreso.
Más que una escultura conmemorativa, la obra constituye una síntesis visual del pensamiento político bolivariano.
Diseñado por el reconocido escultor español Mariano Benlliure, el monumento presenta a Bolívar vestido de civil y sosteniendo un pergamino, una decisión artística que privilegia su dimensión de estadista y legislador por encima de la imagen tradicional del militar victorioso.
La composición monumental está acompañada por inscripciones y alegorías que evocan episodios fundamentales de la emancipación americana y exaltan la función histórica de Panamá como lugar de encuentro entre las naciones del continente.
Entre las frases grabadas destacan dos de las más conocidas del ideario bolivariano: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para ese augusto destino” y “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”.
Ambas expresiones resumen la importancia estratégica que Bolívar atribuía al territorio panameño, concebido como centro natural de convergencia política para los pueblos americanos.
GEOGRAFÍA DE LA MEMORIA
La huella de Bolívar en Panamá trasciende ampliamente el monumento del Casco Antiguo. Su nombre identifica avenidas, plazas, barrios, escuelas, bibliotecas, instituciones culturales y organizaciones cívicas distribuidas a lo largo del país.
Esa presencia constante configura lo que diversos investigadores han denominado una auténtica geografía de la memoria bolivariana.
El arquitecto e historiador Samuel A. Gutiérrez analizó este fenómeno en su obra Bolívar y su efluvio en Panamá, donde describe cómo la figura del Libertador fue incorporándose al paisaje físico y simbólico nacional a través de monumentos, nomenclaturas urbanas y espacios de recordación histórica.
Esa irradiación cultural explica por qué Bolívar ocupa un lugar singular en la memoria colectiva panameña pese a no haber visitado nunca el territorio que hoy constituye la República de Panamá.
Su influencia está asociada no solo a la independencia continental, sino también al papel excepcional que desempeñó el Istmo en la construcción de una conciencia regional americana.
DEL CENTENARIO AL BICENTENARIO
Las celebraciones actuales encuentran un antecedente directo en los actos organizados en 1926 con motivo del centenario del Congreso Anfictiónico.
De aquel contexto surgió la idea de crear sociedades bolivarianas en diversos países latinoamericanos para promover el estudio y la difusión del pensamiento del Libertador.
La Sociedad Bolivariana de Panamá fue fundada oficialmente el 20 de julio de 1929 y estableció su sede en el Palacio Bolívar, donde continúa desarrollando actividades académicas y culturales relacionadas con la historia de la integración latinoamericana.
La cercanía física entre la Sociedad y el Monumento al Libertador posee un profundo simbolismo: una representa la preservación intelectual del legado bolivariano y el otro su expresión monumental en el espacio público.
PRINCIPAL LEGADO
A dos siglos de la reunión que congregó a las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, el Congreso Anfictiónico sigue siendo una referencia obligada para comprender la evolución de las relaciones interamericanas.
Su principal legado no reside únicamente en los documentos que produjo ni en los acuerdos que intentó impulsar, sino en la afirmación de una idea que continúa inspirando a generaciones sucesivas: la convicción de que la cooperación entre los pueblos constituye una herramienta indispensable para preservar la independencia, promover el desarrollo y garantizar la paz.
Mientras América vuelve a reunirse en Panamá para recordar aquella experiencia fundacional, el mensaje que emerge desde el histórico Istmo conserva plena vigencia.
Dos siglos después, los desafíos han cambiado, pero la aspiración de construir una comunidad de naciones basada en el respeto mutuo, la solidaridad y el diálogo sigue siendo una de las tareas más importantes del continente.
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