Por Adis Marlén Morera
Redacción de Cultura
Así, como abrazado al instrumento, el artista desborda musicalidad en cada uno de sus espectáculos y en esta ocasión no será diferente, cuando despida, el domingo 1 de febrero, la edición 41 del Festival Internacional Jazz Plaza desde la Sala Avellaneda del Teatro Nacional.
Selección de Maestros tituló a la gala en la que prometió sorpresas y la actuación de invitados especiales como Pedrito Calvo, Alexander Abreu, Haila María Mompié y Yasek Manzano, entre otros.
Hemos preparado un concierto muy especial y en momentos tan difíciles lo mejor que puedo ofrecer es mi música, declaró Fonseca en exclusiva con Prensa Latina. Estamos deseosos de compartir toda la pasión y la espiritualidad con el público; es el mensaje que podemos brindar a través de la música, expresó.
Para él Jazz Plaza es un pretexto, en tanto favorece la mezcla del género con otros estilos musicales.
Uno de los propósitos que persigue y alcanza como director artístico del evento es que cada edición sea diferente a las anteriores, lo que convierte a la cita en un referente en la promoción de ese estilo a nivel internacional.
Ello puede percibirse en la calidad de las producciones, los espectáculos, la visualidad a cargo del reconocido creador Alfredo Sosabravo, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1997, además de la mezcla de manifestaciones y géneros, y la amplia convocatoria.
Este año participan más de mil 500 artistas nacionales y foráneos, quienes disfrutan de la magna celebración desde el 25 de enero hasta el 1 de febrero en las provincias de La Habana, Santiago de Cuba, Villa Clara y Holguín.
En esta última Fonseca tuvo a su cargo el espectáculo inaugural, donde interpretó varias piezas de su repertorio. La ocasión fue propicia para reconocer su trayectoria y agradecer la cortesía de celebrar el festival, por vez primera, en esa ciudad.
El artista ha ofrecido con igual éxito otras presentaciones en el evento, aunque el espectáculo que mantiene a sus admiradores a la expectativa es Selección de Maestros. La gala reserva un toque especial, y se trata del vínculo con el séptimo arte, una de las atracciones que gusta sumar a su propuesta el premiado músico cubano.
Gracias a la tecnología, que te permite realizar pequeños filmes, incluiremos imágenes y retratos, pues hay maestros que ya no están con nosotros y queremos rendirles homenaje, significó.
Sobre el repertorio a ejecutar comentó: Muchos temas son nuevos, otros tradicionales pero con una sonoridad muy diferente que va a sorprender, y esa es la intención. La fórmula radica en hallar una manera especial y única de asumir estas composiciones, explicó, y al propio tiempo que sea del agrado del público.
Si algo define al Jazz Plaza es su permanencia en la escena y el estándar de calidad logrado a lo largo de los años.
Para exigirlo y sea sostenible en el tiempo es importante esforzarse y predicar con el ejemplo, añadió el virtuoso pianista, pues considera que tanto el músico invitado como el espectador merecen un concierto único.
Fonseca impregnó su arte a la pieza que identifica a esta edición: La rumba me llama, un proceso que le apasiona y asume desde la creatividad y el talento.
A veces el momento creativo empieza por un ritmo, o por la búsqueda de una melodía que me refleje un determinado estado de ánimo. También trato de imitar algún sonido como el de las olas del mar, de crear un ambiente de silencio o espacio, declaró a esta agencia de noticias en 2024, en el marco de la edición 39 del Jazz Plaza.
La creación finaliza cuando su cuerpo reacciona a la armonía como si ella abrazara su corazón, explicó entonces.
“En tres horas puedo componer una pieza que guste mucho o tardar dos años en realizar otra, lo cual significa que va sufriendo cambios hasta llegar a la melodía definitiva”.
En cuanto a los títulos, estos deben guardar un especial significado. “Mis canciones están dedicadas a alguien o a algo, es muy importante entonces que al escuchar el título las personas identifiquen el ambiente de la composición, que reflexionen”.
Fonseca confesó en aquel encuentro que se considera una persona muy sensible, aunque a veces refleje lo contrario, y que todo lo inspira a la hora de componer.
-¿Qué retos enfrenta como director artístico del Jazz Plaza?
-Son muchos, los costos son superiores cada día y se torna difícil convocar a la gente, porque en ocasiones los artistas no están en el país, lo cual lleva a replantearse las cosas.
A mis colegas les exijo presentaciones diferentes cada año, y eso lo hemos logrado.
Mucha gente toma el festival como aprendizaje y un espacio para desconectar de lo que acontece en el mundo, y como artistas, nos toca regalarles esa satisfacción espiritual, sobre todo, porque la música alimenta el alma y el espíritu.
No existe nada más satisfactorio que salir de un concierto y ver que el público olvidó sus problemas por dos horas, esa es mi intención con el festival.
La visión de Fonseca, en gran medida, la heredó de su familia, al inculcarle “que el concierto es justamente para que el público viaje conmigo hacia una galaxia donde la pasión, la tranquilidad y esa retroalimentación espiritual es lo más importante”.
Quien haya disfrutado de sus presentaciones podría asegurar que perfila algo grande, a la altura de considerársele entre los más importantes jazzistas de su tiempo.
Casi puede sentirse el aura que cubrirá al público en la gala de este domingo, como la emotividad en las palabras de Roberto Fonseca, para quien el festival constituye una pasión espiritual.
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