Por Roberto F. Campos
De la redacción de Economía
La preservación de especies en este país tiene un impacto significativo, no solo en los expertos, sino en familias, y personas que gustan de vacacionar y llevarse a casa conocimiento y fotografías interesantes.
Ese es el caso del Cocodrilo Cubano, calificado por los entendidos como un saurio endémico entre el peligro y el yurismo, mientras que para otros se trata de un fósil viviente.
En los humedales y ciénagas de Cuba habita un reptil que navegó millones de años de evolución para convertirse en un símbolo de la fauna autóctona y un desafío para la conservación.
Se trata del cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer). Más que un animal, es un emblema ecológico e histórico, cuyo destino se entrelaza con los esfuerzos científicos y, más recientemente, con el interés turístico sostenible.
Esos criterios los aportan los guías y documentos del Ministerio de Turismo (Mintur) de Cuba que recrean las potencialidades e intereses relacionados con la naturaleza, algo que se reproduce cada año en esta nación, sobre todo por sus ciénagas.
EL AUTÓCTONO Y EL INVASOR
En Cuba coexisten dos especies de cocodrilos, con destinos muy diferentes, el Cocodrilo Cubano y el Americano.
El primero es la joya de la corona herpetológica nacional, porque es un endémico estricto que solo habita de forma natural en la Ciénaga de Zapata (provincia occidental de Matanzas) y en la Ciénaga de Lanier (Isla de la Juventud).
Se distingue por su coloración verde oliva con manchas negras y amarillas, un hocico relativamente corto y ancho, y un comportamiento notablemente terrestre, capaz de dar saltos y alcanzar velocidades sorprendentes.
Es una de las especies más amenazadas del planeta, considerada en Peligro Crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, una red medioambiental creada en 1948.
Dicha red agrupa más de 80 estados, 111 agencias gubernamentales, 784 organismos no gubernamentales (ONG) nacionales, 34 agencias afiliadas, 89 ONG internacionales y mil científicos y expertos de 160 países.
La clasificación de la entidad mencionada señala al Cocodrilo Americano (Crocodylus acutus).
Esta especie es de distribución más amplia en el Caribe y Centroamérica y en Cuba se encuentra en cayos y costas del sur, principalmente en la provincia de Camagüey (Cayo Sabinal, Bahía de Guayabal) y también en la Ciénaga de Zapata.
Para la última ciénaga mencionada, comparte hábitat con su primo endémico. Es más grande, de hocico más alargado y de color más uniforme y en menor nivel de crisis que el cocodrilo cubano.
HÁBITAT Y PLANES DE CONSERVACIÓN
Todos esos informes señalan que el principal bastión de la especie cubana se localiza en la Ciénaga de Zapata, el mayor humedal del Caribe insular, declarado Reserva de la Biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
En la Estación Biológica Felipe Poey (conocida como Criadero de Cocodrilos), se lleva a cabo el Plan Nacional de Conservación del Cocodrilo Cubano, de ahí las sobradas razones para que en materia de turismo ese sitio sea de gran atención.
Lugar muy visitado, con condiciones significativas y un equipo de expertos que explican en detalles los temas relacionados con estos saurios.
El programa, iniciado hace décadas, se basa en la reproducción en cautiverio, cuando se recolectan huevos de los nidos silvestres para incubarlos en condiciones controladas, lo cual aumenta la tasa de supervivencia.
A ello se suma en sus planes la cría y recría, pues los juveniles son asistidos en grandes estanques, protegidos de depredadores y de la competencia con el cocodrilo americano.
Otro detalle de interés está en la reintroducción, pues Individuos subadultos pasan a ser libres en áreas silvestres de la ciénaga para reforzar la población natural.
Por demás, el complemento está en la investigación genética, a causa de que los expertos detectaron un grave problema consistente en que la hibridación con el cocodrilo americano diluye la pureza genética de la especie y se acometen programas de conservación que incluyen análisis de ADN para seleccionar individuos puros para la reproducción.
INTERÉS TURÍSTICO: DEL MIEDO A LA FASCINACIÓN
El cocodrilo pasó de ser un animal temido a un poderoso atractivo ecoturístico. Su observación se convirtió en una experiencia segura y educativa.
Para complacer a los turistas, opera en Cuba la agencia de viajes ECOTUR que se encarga de los viajes de naturaleza, aventuras y ruralidades, y tiene cada año incrementos significativos en cuanto a pedidos de estancia y vacaciones.
Uno de los puntos más reclamados resulta el criadero de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata, visita obligada.
Los turistas pueden observar a centenares de ejemplares de todas las edades, aprender sobre el programa de conservación y, en áreas designadas, sostener una cría bajo supervisión.
También incluye los Safaris Nocturnos en la Laguna del Tesoro (también en la Ciénaga de Zapata), mediante paseos para observar cocodrilos americanos y cubanos en su hábitat natural, con el uso de linternas que captan el brillo rojizo de sus ojos.
La imagen de los cocodrilos se aprecia en artesanías y recuerdos, siempre que provengan de fuentes reguladas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, más conocida como CITES.
Se trata de lugares donde se hacen coincidir el turismo científico con el de naturaleza, pues atrae a herpetólogos y voluntarios internacionales interesados en los programas de conservación.
Y es el caso de que los cocodrilos han estado en Cuba desde el Mioceno, con evidencias fósiles que muestran al rhombifer como una especie relicta, antigua y aislada. Para los pueblos aborígenes (taínos y siboneyes), el cocodrilo posiblemente fue una figura respetada y temida.
Hoy, el cocodrilo cubano es un símbolo de la conservación y del patrimonio natural único de la isla. Su supervivencia es un indicador de la salud de los humedales cubanos.
Protegerlo no es solo salvar a una especie, sino preservar un ecosistema completo y una historia evolutiva irrepetible y de alguna manera, la instrucción a los turistas, apreciar los esfuerzos por conservarlo ayudan a los propósitos de hacer perdurar tales especies.
Y tales esfuerzos, también aparecen en la Isla de la Juventud, en el Criadero de Cocodrilos en la Ciénaga de Lanier, cerca de una comunidad que precisamente lleva el nombre de Cocodrilo (antes Jamaican Town).
Lugar un poco menos turístico, ambiente más auténtico, menos concurrido pero también con las mismas propuestas para científicos y familias.
Para la zona oriental de la isla se encuentra además el Refugio de Fauna en Cayo Sabinal, en el norte, parte del Archipiélago Sabana-Camagüey, donde se puede realizar Avistamiento en libertad, de una población silvestre del Cocodrilo Americano (acutus).
Lugares para un Ecoturismo combinado, pues se puede combinar con observación de aves y visita a playas vírgenes. Escenarios a los que se suman otros sitios como en la central provincia de Villa Clara, en Cayo Santa María, ya en esos sitios bajo Observación limitada.
De cualquier manera, los cocodrilos en Cuba, además de conservarse para el futuro de la nación, representan una posibilidad turística para viajeros exigentes y deseosos de tener vacaciones con nuevos conocimientos y realidades.
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