Por Ibis Frade
Editora jefa
Según explicó a Prensa Latina la asistente técnica de los Centros de Cultura y Desarrollo Local de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS), Ayme Plasencia, la rehabilitación de esos espacios no es más que el pretexto para dinamizar la comunidad, generar procesos de articulación de actores vinculados a las estrategias de desarrollo local y, por supuesto, con los gobiernos locales.
El programa incluye cuatro Zonas Creativas y se trabaja con organizaciones de la sociedad civil italiana que están presentes en Cuba con una larga trayectoria, algunas de ellas más de 20 años, subrayó.
Por ejemplo, detalló, la AICS realiza una acción de gestión directa en el espacio patrimonial industrial conocido como Los Picos, en las inmediaciones de la Avenida del Puerto en La Habana Vieja, donde se instalará la zona creativa llamada Habanilla.
Las otras zonas creativas en la capital se instalarán en la Casa Moré de Cojímar en el municipio Habana del Este, actualmente en proceso de rehabilitación; y en el local del Cine Rex, que está en la calle San Rafael en el municipio Centro Habana.
Mientras que en Matanzas, detalló Plasencia, se proyecta rehabilitar una casa de valor patrimonial ubicada en la Calle del Medio, un lugar muy concurrido de la ciudad.
Además de estas labores de restauración, hay un trabajo muy importante relacionado con los procesos de formación, y con la identificación y mapeo de los focos y potencialidades de determinados espacios, emprendimientos locales y otros proyectos que permitan “dinamizar un territorio”.
Hace poco terminó un primer taller de modelos de industrias culturales creativas y modelos de gobernanza en esos espacios donde fungirán las Zonas Creativas y los resultados fueron muy interesantes como, por ejemplo, el diseño de una “ruta única”, expuso la especialista.
“Sería muy bonito que pudiéramos tener todas estas iniciativas en una única ruta de Zonas Creativas”, en la cual se conecten lo realizado en Centro Habana y La Habana Vieja, se pase por Cojímar y se termine en Matanzas, indicó.
Según destacó, relacionar todos esos espacios a lo largo del litoral Habana-Matanzas permitiría mostrar “una riqueza extraordinaria a nivel comunitario, a nivel de identidad, a nivel de actores, a nivel de propuestas diferentes que van a nutrir este programa que es mucho más amplio”.
Otro resultado del programa de Zonas Creativas, expuso Plasencia, es el apoyo a emprendimientos de mujeres y jóvenes que tienen ideas, innovadoras, creativas, “que pueden ayudar mucho a conectarse con otras experiencias del territorio” y a dinamizar los espacios rehabilitados.
La gran mayoría de los proyectos empezaron a concretarse en 2025, deben tener una duración de unos tres años y se están desarrollando al unísono, precisó.
Pero la apuesta es continuarlos por medio de todas las alianzas y las articulaciones que se creen, tanto con los gobiernos locales como con los actores en el territorio y en otros países, subrayó la asistente técnica de la AICS.
“Esas Zonas Creativas tienen que parecerse a la gente que vive en esos territorios y que tienen que estar conectadas con las estrategias de desarrollo local”.
El programa Zonas Creativas es financiado por la AICS y ejecutado gracias a la colaboración con la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y organizaciones no gubernamentales italianas como COSPE (organización italiana de Cooperación para el Desarrollo de los Países Emergentes), CISP (Comité Internacional para el Desarrollo de los Pueblos) y ARCS Arci Culture Solidali, de conjunto con instituciones locales como la Oficina del Conservador de Matanzas, el Centro Félix Varela y Cieric (Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria).
ENFRENTAR LOS OBSTÁCULOS CON CREATIVIDAD

Kiovet Sánchez, del colectivo Ad Urbis Arquitectos, dijo a Prensa Latina que uno de los postulados fundamentales de la rehabilitación de los espacios es la implicación de la comunidad a la cual beneficiará directamente.
Para el proyecto en la Casa Moré, en Cojímar, se realizaron encuestas a fin de que la población opinara sobre la utilización de los espacios, con qué fines se emplearían y qué deseaban realizar en determinados lugares del inmueble.
También se priorizó el empleo de materiales locales y la contribución que pueden dar los pobladores del lugar a las labores de rehabilitación, explicó.
Si bien son muchos los retos y las adversidades materiales que deben enfrentar para llevar a buen término el proyecto, la idea es que existan elementos desmontables que puedan ser sustituidos eventualmente o ampliados si es necesario, subrayó Kiovet.
La intervención de la Casa Moré se desarrolla de la manera más respetuosa posible con el fin de preservar sus valores patrimoniales, expuso el arquitecto, pero también de forma que se puedan añadir otros valores que se ajusten al siglo XXI.
Esa es una idea que guía a los proyectos que actualmente desarrollan las Zonas Creativas, la preservación del patrimonio existente, pero con una visión centrada en las potencialidades futuras de las industrias creativas.
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