martes 13 de enero de 2026

Venezuela: expresión cruda de doctrina imperial

Madrid (Prensa Latina) Activista por las causas latinoamericanas, especialmente de Cuba, José Manzaneda es también un periodista vasco muy actualizado sobre estos temas.

Por José Manzaneda*

(Coordinador de Cubainformación, periodista vasco)

Así, el coordinador de Cubainformación, un portal que igualmente se maneja con espacios televisivos, ofrece sus opiniones a Prensa Latina acerca de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que terminó con el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.

A continuación, el artículo de Manzaneda:

Lo ocurrido es la expresión más cruda y peligrosa de la doctrina imperial en el siglo XXI. Es la aplicación brutal de la Doctrina Monroe-Corolario Trump, presentada hace escasas semanas.

La agresión militar directa de Estados Unidos contra Venezuela representa una violación flagrante del Derecho Internacional, de la Carta de la ONU y del principio de soberanía nacional, piedra angular de la convivencia pacífica.

Y lo cambia todo. A partir de ahora las reglas diplomáticas y de respeto entre naciones pueden haber muerto.

Su gravedad es monumental, porque normaliza la guerra de agresión como herramienta de política exterior. Establece el precedente de que una potencia (nuclear en este caso) puede bombardear a un país soberano, sin mandato alguno de la comunidad internacional, además de secuestrar a su presidente, simplemente por desobedecer sus designios, por oponerse a sus intereses y defender los intereses de las capas sociales más humildes de su país.

Esto no es solo una agresión contra Venezuela; es un ataque al sistema multilateral y un mensaje de terror para cualquier nación que ose construir un proyecto político y económico fuera del control de Washington. Es un salto cualitativo: de las guerras híbridas, las sanciones asesinas y los golpes blandos, hemos pasado a la destrucción abierta.

Y lo que más me preocupa a mí, personalmente: es una vuelta de tuerca más a la política de cerco, asfixia, amenaza y guerra total contra Cuba, que es la “joya de la corona” en esta política asesina de EEUU.

-CONSECUENCIAS

Vemos que la Doctrina Monroe está viva y se aplica con ferocidad renovada. El objetivo es doblegar al proceso bolivariano, que es el principal bastión de resistencia e integración soberana en Nuestra América, y mandar una advertencia a toda la región.

Sin embargo, vemos también que el Gobierno de EEUU no ha logrado doblar la rodilla a la estructura política del chavismo. La Casa Blanca sabe que el chavismo es la fuerza política y social esencial en Venezuela, y no solo porque controle las instituciones.

También la calle. Es un movimiento telúrico que vertebra una parte esencial del país, principalmente en los barrios y comunidades por debajo de la línea de la “clase media”.

Por eso, aunque EEUU necesita imponerse por la amenaza (estamos ante un secuestrador que apunta a la cabeza del pueblo venezolano con sus misiles), sabe que no puede destruir el chavismo de un plumazo. Y esa es una de sus debilidades.

En todo caso, las consecuencias de esta invasión terrorista de cara al escenario regional son:

• Criminalización de la disidencia y los proyectos alternativos: Cualquier gobierno progresista, cualquier movimiento popular que plantee una redistribución de la riqueza o alianzas sur-sur, será etiquetado como “dictadura” y puesto en la mira.

• Desmantelamiento de la integración regional soberana: Se busca el entierro definitivo de proyectos como la CELAC, el ALBA-TCP o UNASUR, para reinstaurar la hegemonía absoluta de la OEA (títere de EEUU) y los tratados de libre comercio que favorecen a las transnacionales yankis.

• Incentivo a la desestabilización: Se envía un mensaje a las oligarquías locales de que, si generan suficiente caos interno, pueden contar con el apoyo militar directo de la potencia para retomar el control. Esto alienta la violencia política y frena cualquier avance democrático popular.

GROENLANDIA

La “oferta” de compra de Groenlandia de Trump desnuda la lógica profunda del imperialismo: los territorios y los recursos de los países soberanos son vistos como mercancías. Con Venezuela pasa lo mismo: se busca apropiarse de sus vastas riquezas petroleras, minerales y acuíferas.

Ante esto, la comunidad internacional no puede limitarse a declaraciones de preocupación:

• Exigir el cese inmediato de toda agresión: Sanciones, bloqueo financiero y aislamiento internacional de EEUU como estado canalla.

• Defender con firmeza la Carta de la ONU: Los países del Sur Global, los No Alineados, deben liderar una movilización diplomática masiva para aislar políticamente a los agresores y defender el multilateralismo. El MNOAL debe reactivase con urgencia.

• Activar todos los mecanismos de cooperación y solidaridad: Es el momento de la unidad concreta. Países como Rusia, China, pero también las naciones de África y Asia, deben aumentar la cooperación económica, tecnológica y humanitaria con Venezuela, para romper el cerco.

• Apoyar los mecanismos de diálogo internos: La solución a la crisis venezolana debe ser soberana, sin injerencias, a través del diálogo interno. La comunidad internacional debe respaldar estos procesos, no sabotearlos.

En definitiva, debe elegir entre un mundo regido por la ley de la fuerza o por la fuerza de la ley. Lo que ocurre en Venezuela es la batalla decisiva por esa elección.

Por otro lado, el movimiento de solidaridad debe seguir en la calle apoyando a Venezuela y reivindicando la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Porque, a pesar de que EEUU, con una inmensa superioridad militar y tecnológica, ha tenido una victoria táctica, en lo político ha obtenido una clara derrota.

La opinión pública está absolutamente en contra de la intervención. La de Venezuela (interna) es de un 95 % en contra, y en los propios EEUU llega al 70 %. En el resto del mundo es abrumadora la posición de los pueblos en contra de la acción terrorista de Marco Rubio y Donald Trump.

Hay que seguir denunciando, presionando, en el terreno popular y diplomático. Y, posteriormente, hay que luchar para que ambos asesinos, junto a Benjamín Netanyahu, sean juzgados y convenientemente ajusticiados.

arc/ft/jm

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