Por Orlando Oramas León
Corresponsal jefe en Uruguay
La estrofa inicia su Soneto a la Palma, grabado en mármol junto a una palmera emblemática ubicada en la Rambla de esta ciudad, pero que hoy, con ayuda del hombre, resiste el azote del picudo rojo.
Se trata de un depredador que en pocos años viene destruyendo el paisaje de este país sudamericano y que salta más a la vista en Montevideo, donde contrastan ejemplares con sus copas grises y caídas, signos de pronta mortandad.
Los montevideanos le dicen la palma de Juana, considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de principios del siglo XX, cuyos poemas tienden a la exaltación sentimental de la entrega amorosa y de la maternidad.
El 10 de agosto de 1929 recibió, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, el título de «Juana de América» de la mano de Juan Zorrilla de San Martín, a su vez considerado el Poeta de la Patria, frente a una multitud de bardos y diversas personalidades.
La palmera en homenaje a Juana de Ibarbourou como que avisa la curva donde la ruta costanera enfila desde el barrio Pocitos al este, antesala de las 10 letras presentes en el nombre de esta ciudad, y se levantan para identificarla y atraer a turistas que buscan graficar su estancia.
La de Juana tiene hoy mejor semblante que otras de su especie en la misma ruta. Está siendo tratada con el mismo procedimiento aplicado a las emblemáticas palmas enfermas de la icónica Plaza de Independencia.
El diseño paisajístico y urbanístico de la Plaza Independencia de Montevideo, concebido originalmente en 1837 por el arquitecto italiano Carlo Zucchi, en el marco de la creación de la Ciudad Nueva.
Pero el paisajista Carlos Racine incluyó 33 palmeras en 1905 por indicación del presidente Jorge Batlle Ordonez, en homenaje a igual número de orientales que cruzaron en 1825 el río Uruguay para iniciar un proceso político y armado que condujo a la independencia.
EL DEVORADOR
Todas las palmeras en esa plaza fundacional pertenecen a la especie Phoenix Canariensis, entre las preferidas por el paladar del Rhynchophorus ferrugineus), escarabajo originario del sudeste asiático, una de las plagas más destructivas de palmeras.
Mide de dos a cinco centímetros, volador de color marrón rojizo cuyas larvas devoran el interior de la planta y provocan su muerte.
Más allá de los límites de la Plaza Independencia, donde se levanta la estatua ecuestre del prócer José Gervasio Artigas, y reposan sus restos, el agresivo escarabajo expone su presencia destructiva en el arbolado tradicional de avenidas y parques.
Zonas históricas como el Prado, Bulevar Artigas, el Parque Rodó y el Parque Batlle lucen ensombrecidos por los penachos apagados.
En Bulevar Artigas, una de las avenidas más emblemáticas de esta urbe, la intendencia montevideana retiró más de la mitad de sus palmeras.
Algo parecido ocurre en el barrio del Prado, uno de los más afectados. En la avenida Juan Carlos Blanco, donde las palmeras estaban en el cantero central, ya casi no queda ninguna.
Según los datos aportados por la Intendencia de Montevideo (IM) y divulgados por El Observador, se sacaron 46 de las 58.
El picudo también arrasó con las palmeras de uno de los puntos verdes más importantes del oeste: el Parque Tomkinson. Allí, casi no queda ninguna en pie. En otros puntos de la ciudad muchas están a la espera de ser taladas.
En febrero, durante la discusión del presupuesto en la Junta Departamental, la IM informó sobre “mil 500 palmeras identificadas que se están tratando con endoterapia y baño en la copa”.
Por su parte, el director de Espacios Públicos de la comuna capitalina, Marcelo Roux, informó entonces sobre un “plan en camino de reforestación” en las “áreas simbólicas”, como Bulevar Artigas y Juan Carlos Blanco.
También la reposición cuatro palmeras, extraídas en la Plaza Independencia, “por su alto valor histórico.
Las más atacadas son las de la especie Phoenix Canariensis. Representan alrededor de 85 por ciento de las retiradas, por encima de las Butiá y las Whashingtonia.
UN ANTÍDOTO
Sobre el tema Prensa Latina conversó en exclusiva con la ingeniera agrónoma y doctora en Ciencias Agrarias, Alda Rodríguez, quien en 2023 se dio a la tarea de encontrar, desde la investigación científica, a un contrincante del picudo rojo.
Los esfuerzos resultaron positivos, comenta, y prueba de ello resultó el registro por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) de un bioinsecticida denominado CreBIO 3.
Resulta un fruto del saber y la tecnología nacional, que tiene como caballo de batalla a un hongo entomopatógeno, léase un microorganismo que infecta y mata insectos, explica la experta.
Nace en el seno del equipo de Bio Uruguay, CreBio, empresa de base tecnológica en Tacuarembó (en el norte-centro) dedicada al control biológico de plagas agrícolas con hongos y bacterias nativas.
Cuando la fórmula a base del hongo entra en contacto con el picudo, germina, penetra el cuerpo del insecto y empieza a alimentarse de él por dentro.
“Básicamente, lo convierte en una fábrica de más hongos”.
El tratamiento “inundativo” fortalece la resistencia de la palmera y libera compuestos que ayudan a repeler futuros ataques. Además, se multiplica de manera natural en el ambiente y prolonga su efecto.
El bioinsecticida se aplica diluido en agua (no clorada) sobre la corona, el tronco y el suelo alrededor de cada palmera, sin riesgo para personas, animales ni otros organismos.
Ello la convierte en una alternativa biológica idónea para integrarse dentro de los programas de manejo de la plaga.
Podría ser una solución para la “palma de Juana” y sea válido este verso de su soneto: “Cuando todo se vuelva eterna calma/y siga el mar la frágil tierra hendiendo/poco a poco mi espíritu volviendo/irá a buscar morada en esta palma”.
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