Por Nara Romero Rams
Corresponsal jefe en Etiopía
Ante la importancia del tema, la XII Sesión del Foro Africano de Desarrollo Sostenible, celebrado en esta capital, dedicó un espacio a la seguridad hídrica y el saneamiento que, según fuentes oficiales, deben ubicarse en el centro de la
agenda de industrialización, resiliencia climática e integración regional.
El secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África (ECA), Claver Gatete, subrayó que “el agua es vida, pero también es infraestructura económica”, teniendo en cuenta lo fundamental del preciado líquido para la salud, los sistemas alimentarios, la producción de energía, las ciudades resilientes, entre otros.
Durante la presentación de la Visión Africana del Agua, Gatete enfatizó en la
necesidad de un enfoque estructural para la financiación y la traducción de los
compromisos en resultados concretos e informó que desde 2015 casi 300 millones de africanos obtuvieron acceso a agua potable básica y cerca de 190 millones a saneamiento básico.
Sin embargo, advirtió que estos avances ocultan persistentes deficiencias
estructurales, ya que solo 40 por ciento de las personas en el continente tiene
acceso a agua potable gestionada de forma segura y solo 30 por ciento a
saneamiento por esa vía.
“En 2024, más de 200 millones de personas seguían practicando la defecación al aire libre, con graves consecuencias para la salud, la dignidad y la productividad”, afirmó.
Precisó que la inseguridad hídrica ya no es un problema aislado, sino un riesgo sistémico que afecta a los sistemas alimentarios, la seguridad energética, el desarrollo urbano, la producción industrial y la estabilidad social.
Afirmó que la deficiencia en los servicios de agua y saneamiento sobrecarga los sistemas de salud, perjudica los resultados educativos, debilita la formación de capital humano y limita las aspiraciones de África en materia de energía limpia y desarrollo industrial.
“El futuro industrial de África depende en primer lugar de asegurar su suministro de agua”, dijo. La energía hidroeléctrica, la térmica, el hidrógeno verde, el procesamiento agrícola, la minería y la manufactura dependen de sistemas de agua confiables, recalcó.
El secretario ejecutivo de la ECA también advirtió que la rápida urbanización ejerce una presión adicional sobre las infraestructuras de agua y saneamiento, que ya se encuentran al límite.
Agregó que muchas ciudades africanas se expanden más rápido de lo que pueden
proporcionar servicios seguros, sobre todo en los asentamientos informales, en los cuales el saneamiento deficiente aumenta los riesgos para la salud y la vulnerabilidad económica.
De igual modo, el cambio climático intensifica aún más el problema mediante
sequías, inundaciones y variabilidad hidrológica más frecuentes, continuó.
“Los ecosistemas de agua dulce se están degradando, las aguas residuales siguen sin recibir tratamiento en gran medida y el estrés hídrico está aumentando en muchas regiones del continente”, acotó.
DESAFÍOS
Gatete reconoció que el principal desafío no es solo la escasez, sino también la continua infravaloración del agua en la planificación económica y las decisiones de inversión en el continente.
De igual manera reveló que África necesita aproximadamente 64 mil millones de dólares anuales para lograr la seguridad hídrica y el saneamiento universal, sin embargo, los niveles de inversión actuales están muy por debajo de lo necesario.
Para acelerar el progreso, describió cuatro acciones fundamentales, entre ellas priorizar el agua como infraestructura económica, integrándola en las estrategias energéticas, políticas industriales, planificación urbana y marcos de acción climática.
En segundo lugar, cerrar la brecha de financiamiento mediante una mayor
movilización de recursos internos, financiamiento mixto, bonos verdes y azules, y asociaciones público-privadas bien estructuradas.
Para el tercer lugar, abogó por soluciones hídricas circulares y resilientes al clima, que incluyan el tratamiento y la reutilización de aguas residuales, así como enfoques basados en la naturaleza que protejan los ecosistemas y, al mismo tiempo, generen empleo.
Por último, instó a los países a pasar de la ambición a la acción mediante una implementación coordinada y a gran escala, respaldada por instituciones sólidas, datos precisos y herramientas digitales modernas.
Gatete acogió con beneplácito el tema de la Unión Africana para 2026 y la Visión Africana del Agua 2063, al afirmar que ambos elementos sitúan acertadamente el preciado líquido como un recurso vital para la transformación, la resiliencia y la paz.
Consideró que la cooperación en las más de 60 cuencas fluviales transfronterizas de África puede contribuir al avance de la integración regional, la paz y la resiliencia colectiva.
Reafirmó el compromiso de la ECA de apoyar a los Estados miembros en la transformación del agua en un motor de crecimiento inclusivo, resiliencia y prosperidad compartida, en consonancia con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda 2063.
“No es momento para acciones aisladas. Dado que el agua conecta nuestras
economías, nuestras ciudades y nuestras sociedades, no podemos permitirnos el lujo de considerarla menos que una prioridad para el futuro desarrollo de África”, concluyó.
AVANCES Y MÁS RETOS
El comisionado de Agricultura, Economía Rural, Economía Azul y Medio Ambiente
Sostenible de la Unión Africana, Moses Vilakati, afirmó que África amplió el acceso para mejorar los servicios de agua potable, sobre todo en las zonas urbanas.
Sin embargo, alertó Vilakati, persisten los desafíos para gestionar de forma segura el suministro de ese recurso especialmente en las zonas rurales y los asentamientos informales.
“Cuando los jefes de Estado y de Gobierno asumen la responsabilidad de la agenda del agua, esta deja de ser una preocupación sectorial para convertirse en una prioridad de desarrollo nacional fundamental para la salud, la seguridad alimentaria, la energía, la resiliencia climática, el crecimiento económico y la paz”, aseveró.
En la misma línea se pronunció Christopher Mutasa, del Banco Africano de
Desarrollo, al destacar la necesidad de que los países fortalezcan las alianzas público-privadas para mejorar la infraestructura hídrica.
Mutasa señaló que la financiación combinada puede contribuir a la concentración de recursos para la capacitación de profesionales y el fortalecimiento de una gestión eficaz del agua.
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