Por Dixie Edith
Redacción Cuba
Cada septiembre, con la efeméride, la familia de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) recuerda el primer Censo de Población y Viviendas realizado tras el triunfo de la Revolución en 1970, entre el 6 y el 8 del noveno mes del calendario.
Aquel conteo poblacional llegó hasta los rincones más intrincados de la geografía nacional en busca de las características generales, educacionales, económicas y demográficas de la población cubana, así como de las condiciones de sus viviendas. Los censos nacionales de población y viviendas, el Anuario Estadístico, las interfaces de población por provincias y municipios, el Producto Interno Bruto, el cambio de año base de las Cuentas Nacionales y la actualización del índice de precios al consumidor son algunas de las series de datos e indicadores que forman parte del trabajo cotidiano de la ONEI en Cuba
Con más de dos mil 500 trabajadores distribuidos en todo el país, este equipo también asume el levantamiento de encuestas específicas sobre fecundidad, ocupación, migraciones, envejecimiento e igualdad de género, entre muchas otras, además de la relación oficial con entes productores de estadísticas internacionales.
En su publicación Hacia la transversalización de la perspectiva de género en la producción estadística en América Latina y el Caribe, de 2024, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), señala que Cuba, junto a otros 13 países de la región, “cuenta con un sistema estadístico nacional formalmente constituido”.
Este reconocimiento coloca a la nación antillana entre las que cuentan con mayor institucionalización de sus estadísticas oficiales en América Latina y el Caribe.
Pero producir cifras oficiales no culmina con la publicación de tablas y gráficos. Su verdadero valor reside en la capacidad de llegar a la ciudadanía de forma transparente, veraz y oportuna, un principio que la ONEI ha identificado como desafío en los últimos tiempos.
“Si la información no se comunica de forma clara y accesible, queda atrapada en informes que solo leen especialistas o interesados en el tema. El resto de la sociedad, incluidos quienes deciden a nivel local, pierde el contexto necesario para actuar con conocimiento”, detalló a Prensa Latina la joven periodista Alejandra Morejón Fuentes, jefa de comunicación de la ONEI.
“Sin datos claros y argumentos, tanto las personas como los gobiernos caminan a ciegas”, coincidió la también periodista Belkys Pérez Cruz, vicepresidenta del Instituto de Información y Comunicación Social (ICS).
Así lo refrenda el Decreto-Ley 98 “De la Estadística Oficial”, puesto en vigor en junio de 2025. Esta norma refuerza lo postulado en el Artículo 53 de la Constitución de la República, que regula el derecho de todas las personas a solicitar y a recibir del Estado información veraz, objetiva y oportuna.
“La gestión pública transparente debe apoyarse en estadísticas oficiales de calidad”, subrayó Juana María Pantoja Hernández, jefa de la ONEI, durante la conferencia de prensa ofrecida en la institución el 25 de junio de 2025, para explicar la puesta en vigor de ese decreto.
La directiva expuso la importancia de crear mecanismos para difundir y explicar, de manera oportuna, los elementos novedosos de la nueva normativa, con especial énfasis en la comunicación y en las alianzas estratégicas con los medios.
CONTAR LA POBLACIÓN: UN PUENTE ENTRE LOS NÚMEROS Y LA SOCIEDAD
“Los datos demográficos, por ejemplo, son la base sobre la que se construyen las decisiones que afectan o benefician la vida cotidiana de todas las personas, desde cuántas escuelas se necesitan hasta cómo se organiza el sistema de salud”, explicó Morejón Fuentes.
En su opinión, esta comunicación se mueve en dos dimensiones: por un lado, la de las políticas públicas, pues un país que envejece y sostiene una fecundidad baja durante años necesita anticipar transformaciones en salud, cuidados, empleo y seguridad social.
“Comunicar bien esos datos ayuda a generar consenso social sobre por qué se toman ciertas decisiones, qué se necesita construir colectivamente y por qué son tan necesarios esos cambios”, alertó Morejón Fuentes.
En el otro lado está la dimensión individual. Las personas deciden si tener hijos, migrar, dónde vivir o cuándo formarse, muchas veces sin conectar esas decisiones con el panorama demográfico del país.
En esa línea, para Pérez Cruz “si las personas no entienden que la pirámide poblacional se invierte, que cada vez hay menos jóvenes y más personas mayores, resulta difícil decidir sobre el futuro laboral o sobre si tener o no hijos, en un contexto donde el apoyo familiar y del Estado para el cuidado es crucial”.
“No se trata de decirle qué hacer, sino de ofrecerles información confiable para que decidan con conocimiento y no con mitos, alarmismo o desinformación, que es justamente lo que ocupa el espacio cuando no comunicamos correctamente”, precisó Morejón Fuentes.
En opinión de la periodista Adalys Ray Haynes, comprender y comunicar estas dinámicas implica también, en cada contexto -provincial, municipal, comunitario-, ver las brechas y desigualdades específicas: género, color de la piel, territorio, ruralidad, edad, situación de discapacidad, accesos a los servicios.
Integrante del Observatorio Demográfico de su provincia, Las Tunas, y presidenta de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) en ese territorio oriental, Ray Haynes aseveró a Prensa Latina que comunicar estos asuntos necesita creatividad, pensamiento crítico y apoyo gubernamental.
LA DINÁMICA DEMOGRÁFICA NO SE CUENTA SOLA
En un contexto marcado por una transición demográfica acelerada y transformaciones sociales profundas, comunicar las estadísticas, en particular las demográficas, ha dejado de ser un ejercicio técnico para convertirse en una necesidad estratégica.
Así lo sostienen investigaciones recientes del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, cuyos trabajos abordan los vínculos entre la ciencia demográfica y la comunicación como elementos “fundamentales para la comprensión, promoción y transformación de cualquier proyecto social”.
Más allá de las cifras, los estudios científicos sobre demografía resultan “insuficientemente socializados”, lo que genera una brecha entre la complejidad de los fenómenos poblacionales y su reflejo en los medios de comunicación y el imaginario social.
No se trata, como se explica en estos trabajos publicados en la revista científica Novedades en Población, solo de visibilizar tablas de datos, sino de construir narrativas que pongan a las personas en el centro de las políticas.
Uno de los hallazgos más importantes de estas investigaciones, desarrolladas entre 2011 y 2020, es la comprensión de que las estadísticas no son frías ni neutras; están mediadas por factores culturales, políticos y organizativos que condicionan su interpretación.
Resulta “imprescindible incorporar a periodistas y comunicadores a los equipos de trabajo multidisciplinarios” que abordan temas poblacionales, como los Observatorios Demográficos, reclama el equipo de Cedem, institución que junto a la ONEI asesora la implementación de la Política de Atención a la Dinámica Demográfica en el país.
“El aporte desde estos perfiles profesionales, además de producir información y mensajes de bien público sobre asuntos esenciales para el desarrollo social, puede complementar el conocimiento de públicos, hábitos de consumo segmentados por edades, territorios, zonas específicas de procedencia y medios de comunicación a disposición en determinado contexto concreto”, detallan los textos de Cedem, algo que confirma la experiencia personal de Ray Haines.
En un escenario tan complejo como el que vive Cuba hoy, estas investigaciones plantean un llamado de atención: comunicar las estadísticas demográficas, sociales, económicas o ambientales, por solo citar algunas, no es un lujo académico, sino una herramienta de empoderamiento ciudadano y de incidencia en las políticas públicas.
Porque, al final, la población no se cuenta sola: se narra, se interpreta y se transforma a través de la comunicación.
¿CÓMO HACERLO?
Para Alejandra Morejón Fuentes se perfilan varias directrices. Una consiste en pasar de la escala macro a la humana; mostrar qué significa una cifra en la vida de una familia o un barrio. “Hoy, este es uno de los retos que tenemos en la ONEI y uno de los más urgentes”, afirmó.
Ray Haynes, en tanto, insiste en la necesidad de contar con una comprensión aterrizada a cada región. “Implica mirar a la población, a sus problemas, comprobar cifras disponibles y lograr un diálogo que se parezca a la vida”, añadió.
Para Belkis Pérez Cruz, además, es esencial contar las cifras de manera sencilla y visual. “No es necesario llenarnos de informes con estadísticas o datos que funcionan para los decisores, pero no para la ciudadanía. La clave para comunicar siempre estará en humanizar los datos, usar gráficos, comparaciones, emplear todas las vías para que esa comunicación sea atractiva”, detalló.
Para ello -y es válido decirlo- hay que continuar la formación especializada, porque nunca se podrá contar bien lo que no se entiende, reflexionó Pérez Cruz.
Evitar el tono de alarma o de reproche también ocupa un espacio importante para Morejón Fuentes: “El envejecimiento y la baja natalidad no son un problema que resolver culpando a nadie, sino una transformación que hay que entender y para la cual hay que prepararse”.
También insistió en la necesidad de “conectar siempre el dato con la política concreta que se deriva de él, o a la inversa, pues esto brinda contexto y confianza en los decisores”.
En este empeño por acercar las cifras a la población, la ONEI ha desplegado una estrategia de comunicación digital que trasciende el tradicional sitio web. La institución mantiene presencia activa en plataformas como X, Facebook y canales en Telegram y WhatsApp, donde comparten infografías, publicaciones y permiten a los usuarios participar en encuestas e intercambiar con especialistas.
“Nuestro reto es comunicar las estadísticas tendiendo un puente entre el dato frío y la vida real de las personas, para que cada decisión, individual o de política, se tome con más información y más conciencia”, apuntó Morejón Fuentes.
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