lunes 13 de julio de 2026

Turismo global firme pese a nubes en el horizonte

La Habana (Prensa Latina) El turismo en el nivel mundial marca hoy un paso firme, pese a las constantes nubes en el horizonte generadas por los conflictos bélicos y los problemas económicos.

Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

Foto: Roberto F. Campos

El sector supera los 307 millones de llegadas internacionales en el primer trimestre del corriente año, pero el conflicto en el Medio Oriente y el alza de los combustibles amenazan con moderar el crecimiento proyectado.

La tendencia del turismo global transita 2026 con el pie en el acelerador, aunque con una mano en el volante y otra en el freno de mano.

Así podría resumirse el estado de situación de una industria que, tras el terremoto pandémico, no solo se recuperó sino que logró superar sus propias marcas.

El primer trimestre del año cerró con 307 millones de turistas internacionales, un crecimiento de dos por ciento respecto al mismo período de 2025, según el último Barómetro del Turismo Mundial (ONU Turismo).

La fotografía regional muestra contrastes marcados. Europa sigue siendo el epicentro indiscutido del mapa turístico, con 793 millones de llegadas en los últimos 12 meses y un crecimiento de cuatro por ciento que consolida su liderazgo.

El Mediterráneo occidental y meridional tiran del carro, apoyados en una conectividad aérea privilegiada y en la fortaleza del viaje intraregional, que representa la mayor parte del flujo turístico del continente.

China mantiene sus visitas un 20 por ciento por debajo de 2019, un lastre que frena el despegue definitivo de la región.

El continente que más rápido crece en términos relativos es África, con ocho por ciento de incremento, mientras que América avanza a paso más lento: solo uno por ciento, empujada hacia abajo por el desplome de Estados Unidos como destino receptivo.

Y allí radica una de las grandes paradojas de este año: el principal emisor de turistas del mundo es, al mismo tiempo, uno de los mercados que más visitantes pierde. Las políticas migratorias más restrictivas, el encarecimiento de las visas y una percepción internacional cada vez más compleja explican este fenómeno.

LAS AMENAZAS QUE EMPAÑAN EL HORIZONTE

Si el arranque de 2026 invita al optimismo moderado, las proyecciones para el resto del año obligan a matizar cualquier euforia.

ONU Turismo anticipó un crecimiento de tres a cuatro por ciento este año, lo que hubiera llevado las llegadas internacionales a rozar los mil 600 millones de turistas. Pero el tablero geopolítico movió ese pronóstico a la dirección equivocada.

El conflicto en el Medio Oriente, lejos de resolverse, escala en sus efectos colaterales.

No solo afecta los flujos hacia la propia región, que ya mostraba un desempeño desigual, sino que dispara el precio del petróleo y genera desabastecimiento de combustible para aviones en algunos mercados. El resultado es inmediato: billetes de avión más caros, menor capacidad de vuelo y rutas que se replantean.

La ONU Turismo, con sede en Madrid, ya ajustó sus previsiones a la baja. El conflicto podría recortar de uno a dos puntos porcentuales el crecimiento esperado, en dependencia de su duración e intensidad.

Es decir, el turismo mundial podría terminar el año con un avance de solo dos por ciento, muy lejos del rebote explosivo de temporadas anteriores.

El conflicto en curso en el Medio Oriente está alterando los patrones de viaje más allá de la propia región, incluido el aumento de la inflación, particularmente en transporte y alojamiento.

Esto está ejerciendo presión sobre viajeros, empresas y destinos por igual, advirtió la secretaria general de ONU Turismo, Shaikha Al Nuwais.

Una encuesta con expertos del Panel de ONU Turismo es elocuente: el 64 por ciento de los consultados considera que el conflicto está afectando negativamente la demanda hacia sus destinos. De ellos, 43 por ciento califica el impacto como moderado y un 21 como alto.

EL VIAJERO CAMBIA: MENOS DISTANCIA, MÁS CONCIENCIA

En ese contexto de incertidumbre, el comportamiento del turista también se está transformando. Una de las tendencias más claras es la vuelta a los viajes de cercanía.

El alza de los precios del combustible y la incertidumbre sobre las conexiones aéreas están llevando a muchos viajeros a optar por destinos más próximos o directamente por el turismo doméstico.

En paralelo, el turista de 2026 es más exigente, más informado y, sobre todo, más consciente.

El mercado del turismo sostenible crece a un ritmo vertiginoso: de los 3,74 billones de dólares de 2025 a los 4,29 billones previstos para este año (un billón equivale a un millón de millones), una tasa de crecimiento anual de 14,6 por ciento. Ya no es un nicho: es una tendencia estructural.

En esa trayectoria se impone el ecoturismo, el turismo de naturaleza y las experiencias de bajo impacto ambiental.

Estudios recientes indican que el 76 por ciento de los viajeros globales tiene la intención de viajar de manera más sostenible en los próximos meses, un incremento de cinco puntos respecto al año anterior.

Los alojamientos con certificación ecológica, los vuelos con combustible sostenible y las experiencias de turismo regenerativo ya no son una rareza: son una exigencia del mercado.

El turismo cultural y de patrimonio sigue siendo otro motor fundamental, porque representa casi 40 por ciento de los ingresos turísticos internacionales.

Pero también cambia la demanda: ya no se trata de Marcar monumentos, sino de sumergirse en experiencias auténticas, con narrativa, que conecten al visitante con la historia viva de los destinos.

Otra dinámica que define 2026 es el regreso triunfal de las grandes ciudades. Tras el impulso que recibieron los destinos rurales y de naturaleza en los años posteriores a la pandemia, los núcleos urbanos recuperan su atractivo.

Las 50 ciudades más grandes del mundo recibirán este año 25 por ciento más de visitantes que en 2019, muy por encima de cinco por ciento de crecimiento previsto para el conjunto de destinos nacionales.

Dubái, Bangkok, Nueva York, Londres, Tokio: los grandes centros urbanos vuelven a ser imanes, impulsados por la recuperación del turismo de negocios, el interés por eventos culturales y una conectividad que no deja de mejorar.

Pero también surgen otros nombres en el radar de los viajeros, entre ellos, la Riviera Albanesa, Kazajistán, Kirguistán, la isla de Cát Bà en Vietnam o Barbados figuran en todas las listas de tendencias para este año, como atracciones de un viajero en busca de novedad, autenticidad y, a menudo, mejores precios.

Las proyecciones para el resto de 2026 se mueven en una horquilla amplia. Si las condiciones geopolíticas no empeoran y el precio del combustible se estabiliza, el sector podría alcanzar ese tres a cuatro por ciento de crecimiento vaticinado.

Pero si la crisis del Medio Oriente se profundiza o se extiende a otras regiones, el turismo mundial podría cerrar el año con un crecimiento magro, muy por debajo de cuatro por ciento de 2025.

Los analistas coinciden en un punto: la resiliencia del sector ya no está en duda. El deseo de viajar se muestra más fuerte que las crisis sanitarias, los conflictos bélicos y las turbulencias económicas, pero esa resiliencia tiene un límite, y 2026 será el año que lo ponga a prueba.

Los países que mejor naveguen este entorno serán aquellos que diversifiquen sus mercados emisores, inviertan en conectividad sostenible y comuniquen con transparencia.

El turismo del futuro no será solo cuestión de cuántos llegan, sino de cómo llegan, cuánto gastan y, sobre todo, cómo conviven con quienes ya estaban ahí.

En 2026, el mundo sigue viajando. Pero lo hace con más cautela, con más conciencia y con la certeza de que, en un planeta cada vez más incierto, cada viaje es también un acto de equilibrio.

arc/rfc

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