domingo 25 de enero de 2026

Tres cardenales de Estados Unidos versus Trump

La Habana (Prensa Latina) Tres cardenales de Estados Unidos hicieron público un texto dirigido a la administración de Donald Trump, en el que cuestionan con dureza su política exterior y le piden que adopte una "brújula moral" en sus decisiones internacionales.

Por Enrique González

Colaborador de Prensa Latina

Los firmantes fueron los cardenales Blase J. Cupich (Chicago), Robert W. McElroy (Washington) y Joseph W. Tobin (Newark, Nueva Jersey).

El texto, dado a conocer el pasado 19 de enero, no es una carta privada al mandatario, sino una declaración pública dirigida a la “administración Trump” y a la opinión pública estadounidense y eclesial.

Los firmantes son cardenales estadounidenses de gran peso y pertenecen al ala progresista de la Iglesia católica en Estados Unidos, con énfasis en temas como justicia social, derechos humanos, migración e inclusión, alineados con la visión de los papas Francisco (2013-abril de 2025) y León XIV.

Esta declaración surgió tras el consistorio celebrado en Roma los días 7 y 8 de enero, donde se manejaron preocupaciones de carácter global como consecuencia de las recientes políticas de Trump.

Ellos se inspiraron explícitamente en un discurso de política exterior pronunciado por el papa León XIV el pasado 9 de enero ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que criticaba el recurso de la fuerza y la erosión del orden jurídico internacional.

La carta de los tres cardenales estadounidenses ha tenido sobre todo un impacto simbólico y político.

Refuerza la percepción de una creciente distancia entre una parte importante de la jerarquía católica de Estados Unidos y la actual administración, especialmente en materia de política exterior.

En esencia los tres cardenales critican la política exterior de Trump en Venezuela, Ucrania y Groenlandia, así como los fuertes recortes a la ayuda internacional.

Los prelados acusan a la administración Trump de privilegiar intereses nacionales “estrechos” y del uso de la fuerza por encima de la dignidad humana, el derecho internacional y la paz. Piden explícitamente que la política exterior se rija por una “brújula moral” renunciando a la guerra como instrumento habitual y considerando la acción militar solo como último recurso.

Los cardenales subrayan que no respaldan a ningún partido o movimiento político concreto, sino que buscan que Estados Unidos recupere su prestigio moral global mediante una política exterior guiada éticamente y orientada al bien común.

DIVERSAS REACCIONES

El documento ha producido diversas reacciones en los medios de la iglesia y el mundo católico en general. Diversas publicaciones destacan que se trata de una intervención inusual por su dureza y por el rango de los firmantes, considerándolo como un punto de inflexión en la actitud de la Iglesia estadounidense hacia Trump.

Se destaca cómo es la segunda vez en pocos meses que la jerarquía católica de Estados Unidos confronta abiertamente a la administración Trump, tras la condena previa a las deportaciones masivas y la retórica contra los migrantes.

La carta consolida a estos cardenales como referentes morales críticos dentro del electorado católico, que en ciclos anteriores había estado parcialmente alineado con Trump en temas como aborto y libertad religiosa.

En el plano político, alimenta el debate sobre la legitimidad moral de la intervención militar en Venezuela, las amenazas sobre Groenlandia y el recorte de la cooperación internacional.

Algunos analistas señalan que el texto puede debilitar el apoyo a Trump entre católicos moderados y una parte de los votantes sensibles a argumentos éticos sobre la guerra, la migración y la pobreza global.

RELACIÓN CON ROMA

Si bien no existe un pronunciamiento explícito de la Santa Sede al respecto, varios sitios noticiosos como “Vatican News” y “L Osservatore Romano” han publicado trabajos que destacan el contenido del documento, presentándolo como una evaluación de la política exterior de Estados Unidos a la luz de los principios del actual Pontificado.

La carta se presenta como una especie de aplicación, en clave estadounidense, de los criterios morales que la Santa Sede viene marcando en política internacional. Sin dudas, se ha convertido en un fuerte mensaje procedente de una parte del Episcopado Norteamericano.

En los últimos días se han producido varias declaraciones personales de los cardenales firmantes:

Cupich subraya que como pastores no pueden quedarse de brazos cruzados mientras se toman decisiones que condenan a millones de personas a vivir al borde de la existencia, al apreciar en el papa una guía clara que debe aplicarse a la conducta nacional.

Por su parte, McElroy insiste en que cuando el interés nacional se concibe de forma estrecha, sin solidaridad entre países ni respeto a la dignidad humana, se causa “un inmenso sufrimiento” y un “ataque catastrófico” a la paz justa.

Con respecto a Tobin, este advierte cómo la escalada de amenazas y conflictos armados puede destruir las relaciones internacionales y hundir al mundo en un “sufrimiento incalculable”.

En el plano político interno, la carta añade presión moral sobre una administración que ya enfrenta críticas episcopales por temas como migración y derechos de los refugiados, contribuyendo a la polarización dentro del catolicismo estadounidense entre quienes priorizan la agenda pro-vida de Trump y quienes ponen el acento en temas sociales.

Al desplazar el foco hacia la política exterior (Venezuela, Groenlandia, ayuda al desarrollo), los cardenales rompen la narrativa de que el conflicto Iglesia-Trump se limita a “cuestiones internas“ y muestran que está en juego la imagen moral de Estados Unidos en el mundo.

En el plano simbólico internacional, la carta debilita la pretensión de la administración Trump de presentarse como defensora ejemplar de la vida y de la libertad religiosa, al recordarle que esos principios implica también limitar el uso de la fuerza, sostener la cooperación internacional y proteger a los pueblos vulnerables afectados por sanciones, guerras y recortes de ayuda.

La referencia explícita a una “brújula moral” sitúa a los cardenales como portavoces de una visión católica de las relaciones internacionales que contrasta con el nacionalismo de “intereses estrechos” y refuerza la lectura de que el magisterio reciente del papa pretende corregir esa deriva.

arb/EG

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