jueves 2 de julio de 2026

Miriam Ramos: Voz íntima de la canción cubana

La Habana (Prensa Latina) En el universo sonoro de Cuba, donde palpita el son y el bolero conquista desde la interpretación sentida, existen voces que se erigen cual evocación a quien enaltece con su obra nuestra cultura.

Por Adis Marlén Morera

Redacción de Cultura

Miriam Ramos pertenece a esa estirpe de artistas: figuras esenciales cuya fuerza no reside en el ruido mediático, sino en la profundidad de una creación tejida con paciencia, buen gusto y un amor insobornable por la belleza.

Esa capacidad de encarnar las canciones y habitarlas hasta hacerlas suyas constituye una de las cualidades más preciadas de la cantante, compositora y guitarrista cubana, merecedora del Premio Nacional de Música en 2024.

Dicho reconocimiento no fue una sorpresa para sus admiradores, quienes han seguido su trayectoria durante más de seis décadas. Se trata de una obra marcada por el talento de quien eligió el camino de la excelencia frente al vértigo de la fama efímera.

Nacida en La Habana en 1946, la artista creció en una isla donde la música constituye el alma de un pueblo y se defiende desde la inmensidad y el compromiso de sus cultivadores.

Su formación fue rigurosa y diversa. Estudió en los conservatorios Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla y se graduó de canto en la Escuela de Superación Profesional Ignacio Cervantes.

La guitarra -su compañera en la inspiración y en el escenario- la aprendió de forma autodidacta, como si ambas hubieran pactado un entendimiento que elude cualquier mediación académica.

Su estilo ha sido descrito por la crítica como el de una artista que canta “sin estridencias, pero con una fuerte carga de sentido común y buen gusto en el instante de escoger y definir un repertorio”.

La intérprete ha exhibido su arte en diversos festivales dentro y fuera del país, donde la admiran y cautiva su particular forma de defender la música.

El haber integrado el Coro Nacional de Cuba forjó en ella una disciplina que luego se manifestaría en el cuidado casi artesanal con que ha tratado cada nota, cada palabra, cada silencio en sus interpretaciones.

ABRAZO A LA NUEVA TROVA Y DIVERSIDAD DE GÉNEROS

El año 1972 marcó un hito en la historia musical cubana con el surgimiento del Movimiento de la Nueva Trova. Miriam Ramos estuvo entre las primeras voces que acompañaron aquella eclosión creativa.

Su presencia en ese importante proyecto la impulsó a asumir como propias las composiciones de Pedro Luis Ferrer y Noel Nicola, reconocidas figuras del panorama cultural cubano.

“Probemos a decir Ay, mariposa, de Pedro Luis Ferrer, y se nos presentará, con los ojos cerrados, entonando el tema e invitándonos a percibir la maravilla”, escribió la prensa cultural en Cuba al evocar la potencia de sus interpretaciones.

Es “una artista que desde la cancionística abrió un espectro a otros géneros como el filin, el bolero, la trova tradicional y contemporánea, el son y el punto guajiro, siempre a través de un repertorio de excelencia”, destacó el reconocido tresero cubano Pancho Amat, presidente del jurado del Premio Nacional de Música.

Miriam Ramos es acreedora de múltiples reconocimientos: el Gran Premio Cubadisco en 1999 y el de Interpretación en el Concurso de la Canción Cubana “Adolfo Guzmán”, en 1983 y 1984.

Dichos galardones hablan de una obra alineada con el propósito de servir a la manifestación desde la honestidad y el compromiso.

Su discografía -de una sensibilidad en constante evolución- constituye una declaración de principios, una inmersión en algún territorio de la canción cubana que ella decidió explorar y celebrar.

El cantautor y miembro del jurado del Premio Nacional de Música, Augusto Blanca, honró el valor de la trayectoria de la intérprete con palabras que merecen ser recordadas. “Con elegancia y sin hacer concesiones, Miriam ha sido una fiel exponente de la música cubana con álbumes que son joyas”, consideró.

UNA MUJER DE MÚLTIPLES DESAFÍOS

Sería injusto reducir a la artista a la vertiente puramente musical, pues su versatilidad también halló eco en las artes escénicas, al formar parte del elenco de la serie televisiva Algo más que soñar.

Además, asumió la conducción de espacios en la radio y la televisión cubanas.

En ámbitos diversos, aportó la confianza y dignidad profesional que caracteriza su obra como intérprete.

Quienes la conocen refieren que nunca ha buscado el foco con avidez. “No es mediática ni corre tras las emisoras radiales o los directores para que pasen su música”, señala un artículo en La Jiribilla.

El medio la define como una de las voces femeninas más completas de la música cubana de los últimos 50 años.

Es ella una creadora que habita con alma propia el vasto universo de la interpretación en Cuba. Una figura donde confluyen la tradición y la modernidad, la pasión y el sentimiento por lo que ha marcado el rumbo de su existencia.

Tal vez la mejor manera de definirla sea evocando las palabras que pronunciara el historiador Eusebio Leal (1942-2020): “Al escuchar su voz se percibe tal pureza y emoción que nos hace pensar que la noble inspiración de los poetas y trovadores cubanos ha encarnado en la grácil naturaleza de esta mujer”.

arb/mml/amr

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