miércoles 28 de octubre de 2026

Médica dominicana graduada en la ELAM alza su voz por Cuba

Santo Domingo (Prensa Latina) La médica dominicana Mirna Jiménez de la Rosa, egresada de la primera promoción de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), denunció el impacto del bloqueo estadounidense en la salud y el bienestar del pueblo cubano, y defendió el derecho de la isla a decidir su futuro.

Por Mariela Pérez Valenzuela

Corresponsal jefa en República Dominicana

En declaraciones a Prensa Latina y a la televisión cubana, expresó la preocupación de los graduados de esa institución, ubicada en el municipio de Playa, en La Habana, por las medidas de Washington, que, afirmó, “golpean directamente la calidad de vida, la prosperidad y la salud de la población”.

De la Rosa cuestionó los argumentos del Gobierno de Estados Unidos para mantener esa política y rechazó que la mayor de las Antillas represente una amenaza para la seguridad nacional de ese país.

Aseguró que las restricciones económicas, petroleras y energéticas afectan directamente las condiciones de vida de sus ciudadanos e incluso obstaculizan la solidaridad que otros gobiernos y pueblos le ofrecen.

“¿Cómo podemos justificar históricamente en el futuro esa acción genocida que Washington está cometiendo contra una nación digna, cuyo único pecado es no ponerse de rodillas ante lo que le quieren imponer desde afuera, y no reconocer la autodeterminación que tiene para defender el futuro que desea?”, preguntó.

Reconocida como la estudiante más integral de su promoción, consideró que cuestionar la capacidad de los cubanos para gobernarse y elegir su futuro constituye una expresión de prepotencia y abuso, que desconoce la resistencia sostenida por los habitantes de la isla durante décadas.

“¿Podemos creer que Cuba, con la calidad humana y de pensamiento que tiene, no es capaz de autogobernarse? Es demasiada prepotencia, es demasiado abuso, subestimar la inteligencia y capacidad de un pueblo que ha resistido tantos años”, expresó.

Sus palabras adquieren una dimensión particular por su vínculo con un proyecto educativo que hizo posible su formación y que reunió a jóvenes de distintas nacionalidades bajo una concepción de la medicina orientada al servicio de las mayorías.

De la Rosa reafirmó su respaldo a La Habana y defendió el derecho de sus ciudadanos a determinar el rumbo del país sin imposiciones externas. “Nosotros siempre vamos a estar en solidaridad con el pueblo de Cuba y respetando la decisión que adopte”, afirmó.

LA PRIMERA GRADUACIÓN DE LA ELAM

El 20 de agosto de 2005, Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana, acompañado por el entonces presidente venezolano Hugo Chávez y otras autoridades y personalidades de América Latina y el Caribe, presidió la primera graduación de médicos de la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Aquel día recibieron sus títulos mil 610 jóvenes procedentes de distintos países, en una ceremonia que marcó la culminación de sus estudios y la materialización de un proyecto concebido para contribuir a mejorar la atención sanitaria en comunidades con recursos limitados.

Días antes de la votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas este 28 de octubre del proyecto de resolución que reclama el fin del bloqueo, Virtudes de la Rosa, madre de Mirna, compartió con Prensa Latina sus recuerdos de aquella primera graduación.

En una conversación informal, recordó que le correspondió hablar en nombre de las familias de los graduados durante la ceremonia presidida por Fidel Castro.

“Todavía no me lo creo”, expresó al evocar aquel momento, que permanece entre sus recuerdos más significativos. Se declaró “amante de Cuba, de lo que ese país significa para América Latina, el Caribe y el mundo”.

Para Virtudes, académica y miembro de la Campaña Dominicana de Solidaridad con Cuba, la isla representa la dignidad de América Latina y el Caribe, así como una referencia de tenacidad.

DE UNA TRAGEDIA NACIÓ UN SUEÑO DE HERMANDAD

La historia de la ELAM había comenzado varios años antes, a raíz de la devastación causada por el huracán Mitch en Centroamérica en 1998. La tragedia, que dejó decenas de miles de víctimas, motivó a Cuba a proponer el envío de una fuerza médica capaz de ayudar a salvar vidas en los territorios afectados.

De esa iniciativa surgió la idea de formar doctores de esas propias naciones, de modo que pudieran sustituir de forma progresiva a los profesionales cubanos cuando estos concluyeran sus misiones. La propuesta tomó forma en una escuela que amplió su alcance a estudiantes de América Latina, el Caribe y otras regiones del mundo.

La decisión nació en un período de profundas dificultades económicas, tras la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista europeo. Pese a esas circunstancias, el Gobierno apostó por la formación de profesionales y la cooperación sanitaria como vías para contribuir al bienestar de otras sociedades.

Durante la primera graduación, Fidel Castro recordó que la escuela había sido un sueño apenas siete años antes y destacó la capacidad humana para alcanzar objetivos ambiciosos incluso en condiciones adversas.

Los mil 610 graduados de aquella promoción procedían de América del Sur, Centroamérica, el Caribe y Estados Unidos. Su diversidad reflejaba la vocación internacional de una institución que buscaba formar profesionales con preparación científica, sensibilidad social y disposición para atender las necesidades sanitarias de sus comunidades.

En su discurso, Fidel defendió una concepción de la medicina que no se limitara al tratamiento de las enfermedades, sino que prestara atención a la prevención. También subrayó la importancia de la ética, la conciencia social y la solidaridad en la preparación de quienes asumirían la responsabilidad de cuidar la salud humana.

La escuela se convirtió así en una expresión concreta de colaboración: jóvenes que no contaban con las mismas oportunidades de acceso a la carrera en sus países, pudieron estudiar medicina y prepararse para ejercer.

Más allá de los títulos entregados, aquella ceremonia simbolizó una apuesta por compartir saberes y capacidades profesionales frente a las desigualdades que limitan el acceso a la educación y la salud.

Obras como la ELAM, fruto de la fraternidad, son las que permiten comprender por qué Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos ni para ningún otro país y el mundo lo sabe.

Entre sus estudiantes también han figurado jóvenes estadounidenses, beneficiarios de un proyecto que concibe la educación médica como un puente entre pueblos, por encima de las diferencias políticas.

arb/mpv

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