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sábado 18 de mayo de 2024
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Leandro Peñalver, joya de Centroamérica y el Caribe

La Habana (Prensa Latina) La Confederación de Centroamérica y el Caribe de atletismo saldó una inconmensurable deuda, cuando incluyó al exvelocista cubano Leandro Peñalver en su Salón de la Fama.

Por Julio César Mejías Cárdenas

Jefe de la redacciòn de Deportes

Peñalver, medallista de bronce en el Mundial de Roma 1987 como integrante del relevo de 4×400 m, sobresale además por ser el máximo ganador histórico de preseas de oro en Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Nacido en 1961 en Jovellanos, en la occidental provincia cubana de Matanzas, Peñalver se vio impedido de disputar preseas olímpicas, al ausentarse Cuba de los Juegos de Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, ciclos en los cuales obtuvo sus mejores resultados.

En particular sobresalió por su versatilidad en las pruebas de velocidad, que le permitió ganar medallas en los relevos 4×100 m y 4×400 m, así como en 200 m, en un mismo evento de alto nivel en dos temporadas consecutivas.

Ello ocurrió en la Universiada de Kobe 1985 y los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santiago de los Caballeros 1986.

DE PELOTERO A CORREDOR: FELIZ CAMBIO

Peñalver inició su carrera deportiva en el béisbol como la inmensa mayoría de los niños y adolescentes cubanos e incluso llegò a competir en torneos nacionales de categorías infantiles y juveniles.

El propio atleta recuerda aun el tiempo en que se mantuvo aferrado al deporte de las bolas y los strikes, hasta que casi al umbral de sus 20 años decidió probar su talento en las pistas.

Y el cambio no pudo ser mejor: su irrupción en las pruebas de 100 y 200 m en campeonatos cubanos no pudo llegar en mejor momento, pues comenzaba el declive de la carrera de Silvio Leonard, subtitular olímpico en el hectómetro en Moscú 1980.

En 1982, La Habana acogió los XIV Juegos Centroamericanos y del Caribe —Santiago de Cuba y Cienfuegos fueron subsedes— y la ocasión propicia para que Peñalver se erigiera en la gran estrella de la velocidad en la cita multideportiva.

La lid de campo y pista tuvo como sede al vetusto estadio Pedro Marrero, el mismo que, llamado entonces La Tropical, sirvió también de escenario a la segunda edición de esos juegos regionales en 1930.

Allí en la pista de la casi añeja instalación, Peñalver logró el triplete dorado, al integrar el relevo corto y dominar tanto en 100 como en 200 m, en ambos casos escoltado por su compatriota Osvaldo Lara -recientemente fallecido- y el dominicano Juan Núñez.

La prueba más corta la ganó con 10.16 segundos, mientras que en el doble hectómetro marcó 20.42 segundos, registro que aún constituye récord para esa competencia, pues no ha podido ser mejorado en las seis ediciones siguientes.

En el relevo le acompañaron Lara, Alejandro Casañas y Juan Saborit.

Peñalver acumuló en total ocho preseas en estas citas multideportivas, de ellas siete de oro y de plata, por lo cual es el máximo ganador de doradas en estas lides.

En el total de metales alcanzados sólo le supera el jamaicano George Rhoden con 10 (4-4-2) e igualado con el también cubano Rafael Fortún (5-3-0), el guatemalteco Doroteo Flores (4-3-1) y otro jamaicano, Herbert Mckenley (3-4-1).

En 1983, acude a los Juegos Panamericanos de Caracas, donde alcanza oro en los 100 m con magnífico crono de 10.06 segundos, y sendos metales plateados en el relevo y 200 m, detrás del estadounidense Elliot Quow, subtitular mundial semanas después en Helsinki.

Precisamente en la capital finlandesa, Peñalver venció en su heat eliminatorio con el mejor tiempo esa ronda: 10.24 segundos, que sólo superarían después Carl Lewis (10.07) y Calvin Smith (10.21), campeón y subcampeón, respectivamente.

Pero su inexperiencia le hizo caer en semifinales y perderse la discusión de las medallas, en la cual el también estadounidense Emmit King obtuvo el bronce con el mismo tiempo de Peñalver en la ronda inicial (10.24).

En total, ganó cinco en Panamericanos, sumadas otras dos de plata en Indianápolis 1987 y el oro en el relevo de 4×100 en La Habana 1991, esa vez en el nuevo estadio del este capitalino.

Le supera el argentino Osvaldo Suárez, un corredor de 5 y 10 mil metros, que acumuló seis medallas (4-2-0) e iguala en la segunda posición con Leonard (3-2-0).

1985-1987: PERIODO DORADO

Peñalver vivió sin dudas su más brillante etapa deportiva de 1985 a 1987.

La abrió con tres medallas doradas en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Nassau 1985, donde ganó los 200 m y como integrante de los relevos corto y largo.

Fue precisamente en la capital bahamesa donde demostró por primera vez sus cualidades tanto para la velocidad corta, como para la vuelta al óvalo.

En esas mismas tres pruebas se coronó en la Universiada de Kobe en ese propio año, antes de repetir la hazaña en la temporada siguiente en la cita multideportiva regional de Santiago de los Caballeros 1986.

Pero lo mejor quedaría para 1987, cuando nuevamente integró ambos relevos en los Juegos Panamericanos de Indianápolis (plata en los dos casos) y semanas después abre la estafeta larga que le dio a Cuba medalla de bronce en el Mundial de Roma.

Cierto es que no ganó oro en ninguno de esos dos eventos, pero en todos los casos integró relevos que solamente fueron superados por las cuartetas de Estados Unidos, además de Gran Bretaña en el campeonato del orbe.

En la capital italiana él y sus compañeros —Agustín Pavó, Lázaro Martínez y Roberto Hernández— marcaron tiempo de 2:59.16 minutos, tiempo que perduró durante cinco años, hasta que otra cuarteta —Hernández y Martínez junto con Norberto Téllez y Héctor Herrera— estampó 2:59.13 y logró el metal plateado en la final de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Todo este palmarés, incluidos otros resultados no menos valiosos, pero imposibles de reseñar en un solo artículo, validaron la inclusión de Leandro Peñalver en el Salón de la Fama del atletismo centroamericano y caribeño.

arc/jcm

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