lunes 6 de julio de 2026

JCC: 100 años de historia, gloria y evolución

Santo Domingo (Prensa Latina) Hace un siglo, cuando el deporte en América Latina daba sus primeros pasos organizativos y soñó con escenarios propios, surgió una idea sencilla pero ambiciosa: reunir a los países de Centroamérica y el Caribe en una competencia que trascendiera la disputa por las medallas.

Por Mariela Pérez Valenzuela

Corresponsal jefa en República Dominicana

De ese impulso surgirían los Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC), la tradición deportiva más antigua de la región.

Lo que hoy convoca a miles de atletas, decenas de disciplinas y millones de aficionados comenzó casi en silencio, como un experimento impulsado por dirigentes mexicanos que intuían que el deporte podía ser un puente de desarrollo y unión.

Todo se remonta al 4 de julio de 1924, en medio de los Juegos Olímpicos de París. Allí se firmó la Carta Fundamental que dio origen a la idea de una competición de Centroamérica y el Caribe.

La motivación era clara: la discreta participación de México en aquellas olimpiadas encendió la necesidad de crear un espacio propio para fortalecer el nivel competitivo de la zona. Cuba y Guatemala se sumaron pronto a la iniciativa.

Dos años después, el 12 de octubre de 1926, esa idea tomó forma en Ciudad de México. Apenas tres naciones -Cuba, Guatemala y el país anfitrión- y 269 atletas, todos hombres, participaron en aquella primera edición. Era un evento modesto, pero destinado a ascender mucho más allá de lo imaginado.

Aquella competencia sembró una semilla que resistiría el paso del tiempo, las crisis políticas, la Segunda Guerra Mundial y los profundos cambios sociales del continente.

Con el tiempo, la justa se transformó en un símbolo de integración y en una plataforma donde comenzaron a escribirse algunas de las grandes historias del deporte.

CIUDADES QUE MARCARON UNA ÉPOCA

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe han dejado huellas en cada ciudad que los acogió hasta hoy, pues cada sede no solo fue responsable de su organización, sino que aportó un capítulo a la historia colectiva.

Tras su nacimiento en Ciudad de México (1926), La Habana los recibió cuatro años después y les dio un aire más caribeño. Luego San Salvador (1935) y Ciudad de Panamá (1938) ayudaron a consolidar la competencia en sus primeros años.

La historia, sin embargo, no fue lineal. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) obligó a suspender la edición de 1942, y muchos pensaron que el proyecto no volvería a levantarse. Pero en 1946, Barranquilla devolvió los Juegos a la vida. Desde entonces, el crecimiento fue constante. Ciudad de Guatemala (1950), nuevamente México (1954), Caracas (1959), Kingston (1962) y San Juan (1966) fueron elevando el nivel organizativo y deportivo. Cada ciudad aportó algo distinto: modernización, infraestructura, identidad caribeña…

Ciudad de Panamá volvió a recibirlos en 1970 y, cuatro años después, Santo Domingo dejó un legado que trascendió la competición, al impulsar el desarrollo de la infraestructura deportiva y abrir un nuevo capítulo para el deporte dominicano. Ese impulso continuó con Medellín (1978) y La Habana (1982).

En 1986, el relevo llegó a la provincia dominicana Santiago de los Caballeros, que escribió una página singular al convertirse en una de las pocas ciudades fuera de una capital en acoger la cita multideportiva.

A partir de entonces, la justa inició un nuevo recorrido: Ciudad de México (1990), Ponce (1993) y Maracaibo (1998) acogieron una competencia que crecía en prestigio y ampliaba su alcance mediático.

Con el cambio de siglo también comenzó una nueva etapa. San Salvador volvió a abrir sus puertas en 2002; Cartagena de Indias, cuatro años después, mostró una imagen moderna y de proyección internacional; y Mayagüez (Puerto Rico), en 2010, le imprimió el sello alegre y vibrante del Caribe.

El recorrido continuó con Veracruz (2014), Barranquilla (2018) y, nuevamente, San Salvador (2023), sedes que demostraron la capacidad del encuentro para renovarse sin perder la esencia que lo ha distinguido durante un siglo.

Ahora, 100 años después de aquella primera edición, la cita multideportiva regresa a la República Dominicana.

Santo Domingo recibe este julio el centenario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, una celebración concebida para enlazar el legado de varias generaciones con el futuro del torneo más antiguo del continente.

MOMENTOS QUE CAMBIARON SU HISTORIA

A lo largo de un siglo el certamen no solo sobrevivió: también creció.

Uno de los hechos más trascendentes fue la suspensión de la edición de 1942 debido a la Segunda Guerra Mundial, en solidaridad con el movimiento olímpico.

Algunos creyeron que el evento desaparecería, pero su regreso en 1946 a Barranquilla no solo salvó la competencia, sino que la convirtió en un símbolo de resiliencia regional.

Otro de los cambios más profundos llegó con la incorporación gradual de las mujeres.

Durante las primeras ediciones, la competencia estuvo reservada a los hombres. Con el paso del tiempo, el deporte femenino conquistó su espacio y dio al certamen un nuevo rostro, más representativo de una sociedad diversa e inclusiva.

Desde entonces, la justa no solo amplió su programa deportivo, sino también su alcance y significado.

Su evolución sumó otro hito en 2020, cuando la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe), responsable de la preparación, dejó atrás su histórica denominación para convertirse en Centro Caribe Sports.

El cambio fue mucho más que una nueva identidad: simbolizó la apuesta por un organismo moderno, con mayor proyección internacional y una visión más integradora del movimiento deportivo de la región.

Con el paso del tiempo, la adición de disciplinas y el crecimiento del nivel competitivo terminaron de consolidar a los JCC como una plataforma clave hacia el ciclo olímpico.

UN MAPA DEPORTIVO EN TRANSFORMACIÓN

Si algo refleja la evolución de los Juegos es el programa deportivo. De siete disciplinas en 1926 -atletismo, baloncesto, béisbol, esgrima, natación, tenis y tiro- se pasó a un abanico más amplio que hoy incluye decenas de modalidades.

El béisbol, en particular, se convirtió en el gran símbolo del Caribe, con Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela como protagonistas constantes.

Con los años llegaron nuevas disciplinas como voleibol, fútbol y balonmano, ampliando el interés popular. Más tarde se sumaron deportes olímpicos como judo, taekwondo, ciclismo, gimnasia, remo y triatlón.

Hoy, los JCC son también un espacio de alta tecnología deportiva, preparación científica y desarrollo profesional. Para muchos atletas, representa el primer gran paso hacia escenarios panamericanos, mundiales y olímpicos.

FIGURAS QUE HICIERON HISTORIA

A lo largo de un siglo, la cita multideportiva ha sido cuna de talentos que trascendieron la región y se convirtieron en leyendas.

Entre sus primeros grandes protagonistas estuvo el cubano Ramón Fonst. Campeón olímpico de esgrima en 1900, en París, participó en la edición inaugural de 1926 y, a los 43 años conquistó tres medallas de oro. Su actuación contribuyó a dar prestigio a unos Juegos que apenas comenzaban su historia.

Cuba también dejó una huella imborrable con figuras como el boxeador Teófilo Stevenson, triple campeón olímpico, Mijaín López, leyenda mundial en lucha grecorromana, Javier Sotomayor, récord mundial de salto alto (2.45 metros) desde 1993, y Ana Fidelia Quirot, campeona mundial de 800 metros.

El Caribe angloparlante aportó velocidad pura con nombres como Merlene Ottey y Don Quarrie.

Mientras, Costa Rica celebró a Claudia Poll, campeona olímpica en natación en Atlanta 1996, y México escribió su propia historia con la pesista Soraya Jiménez, la primera mujer de su país campeona olímpica, y Ana Gabriela Guevara, quien dominó la velocidad regional antes de convertirse en medallista olímpica en los 400 metros.

Puerto Rico tuvo referentes inolvidables como Roberto Clemente (béisbol) y Mónica Puig (campeona olímpica en tenis), en tanto Venezuela, por su parte, ha celebrado los logros de Yulimar Rojas (triple salto), entre otros atletas.

En República Dominicana, el legado de Félix Sánchez abrió una nueva era dorada que hoy continúan Luguelín Santos y Marileidy Paulino. En el voleibol, Las Reinas del Caribe se convirtieron en símbolo del área.

Los JCC han sido el punto de partida de la proyección internacional de numerosos atletas que con posterioridad conquistaron títulos olímpicos y mundiales.

Más allá de las medallas y récord, todos ellos han contribuido a algo mayor: construir la identidad de unos Juegos que siguen siendo mucho más que una competencia. Son memoria, historia viva y promesa de futuro.

arb/yma/mpv

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