martes 20 de enero de 2026

En América Latina, la rebelión se justicia

Lima (Prensa Latina) Hoy por cierto en América Latina, la rebelión se justifica, tras dos semanas del secuestro -y no “captura”- del presidente de un país soberano, la República Bolivariana de Venezuela, por parte de uno de los Estados más poderosos y canallescos de nuestro tiempo.

Por Gustavo Espinoza M.*

Colaborador de Prensa Latina

Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores -cuando la noche oscura pase- podrán contar al mundo que conocieron al monstruo por dentro, y le recorrieron las entrañas. Ya antes lo hizo a su manera José Martí y por eso combatió hasta el fin poniéndolo en evidencia, y denunciándolo.

Esa experiencia, sin embargo, quedará siempre en el recuerdo y en la historia de los pueblos de nuestro continente. Y es que será visto con los años, como el momento en el que la barbarie tocó las puertas de América galopando en uno de los siete caballos del Apocalipsis.

El rostro macabro de Donald Trump asomará entonces empapado en sangre y en muerte. Y será posible reconstruir la historia, y hablar del nacimiento y del renacimiento del fascismo como las dos caras de un mismo sello: el Imperio en decadencia.

Algunos analistas sostienen que la acción dispuesta por el inquilino de la Casa Blanca en la madrugada del sábado 3 de enero refleja la fuerza del gobierno de los Estados Unidos. Craso error.

Refleja más bien la desesperación de los jerarcas de Washington al comprobar que el Imperio colapsa y que su fin está próximo. Pero, sobre todo, que ellos no podrán hacer nada, salvo jugar con fuego, con la esperanza que quienes los enfrentan caigan en el juego, y entonces se incendie todo.

Su crisis es tan seria, que tienen que asaltar barcos petroleros en el Caribe para robarles, y secuestrar mandatarios para extorsionar a sus gobiernos.

Donald Trump no necesariamente es un piro maniático, pero sí le gusta encender la pradera. Sobre todo, cuando sabe que sus días en la cumbre del Poder podrían estar contados. Por lo pronto, tiene abiertos 34 procesos judiciales y tendrá que marchar a ellos de manera inexorable porque sus posibilidades de comprar la justicia también tienen un límite. Y es que uno de los que continúa pendiente es precisamente por el delito de estafa.

Ese delito lo ha llevado ahora ante los tribunales que le han interpuesto demandas coactivas: debe pagar 500 millones de dólares por haberse enriquecido ilegalmente y montado un castillo no de naipes, sino de billetes mal habidos. Si no lo hace, su patrimonio empresarial y sus bienes personales quedarán embargados.

Y es que en Estados Unidos los ricos aceptan que mates a alguien a balazos, aunque sea un niño en una escuela o en una iglesia, pero no admiten que les robes un centavo. Eso les resulta intolerable.

Pero Trump tiene aún mayores cuentas con la justicia. Su socio y cómplice de trapacerías de alto vuelo -Jeffer Epstein- no se fue de este mundo sin dejar pruebas fehacientes que comprometen al tocayo del personaje de Disney en delitos de mayor cuantía, pederastia incluida. También por eso, las penas son bien altas.

Porque quiere evitar todo eso, busca tender una cortina que cubra latrocinios mayores y menores. Entonces se ha convertido en uno de los Señores de la Guerra, el más audaz y el más agresivo. Y ahora tiene en su mira telescópica a todo aquel que disienta de sus propósitos perversos.

Por lo pronto, le ha declarado la guerra a su propio país. Ha enviado Infantes de Marina a California y a otros Estados, y ha puesto en su línea de ataque a los migrantes a los que detesta y a los que busca matar, como lo ha demostrado el caso de Renée Nicole Good, en Mineápolis.

También ha apuntado a Cuba, país al que quiere “destrozar”. No se ha dado cuenta, sin embargo, que para lograr ese propósito tendrá que matar 11 millones de héroes en la mayor de las Antillas, pero a muchos otros combatientes en el resto del mundo.

Si toca a Cuba, en todos los países de la tierra las empresas, propiedades y hasta embajadas de los Estados Unidos asomarán en la ira de los pueblos. No hay lugar en el mundo donde Cuba no tenga amigos. Los tiene por millones en cada continente y en ellos está encendida la luz de la rebeldía en defensa de la Isla de la Dignidad.

Igualmente Colombia, Nicaragua y México, sin duda, están en la mira del Imperio. Y además Brasil; porque Trump no oculta la intención de aplastar a todo aquel que piense diferente. Y como rememora a James Monroe, pretende también a Canadá, a la que busca anexar a la fuerza.

Y si lo dejan suelto, devorará también Groenlandia, arrebatándole ese casco de hielo que tiene la Unión Europea.

Lo trágico es que a todo esto se suman gobiernos latinoamericanos genuflexos y serviles, que admiten que lo hecho contra Venezuela constituye una grosera violación pero -como lo ha sostenido el encargado de la presidencia del Perú, José Jerí, un hombre con experiencia en la materia-, hay casos en los que “se puede violar”.

Ante tanto abuso y tanta infamia, crece el descontento ciudadano, arrecia la ira de los pueblos, se incrementa la voluntad de lucha de millones. Es decir, en el marco de este aquelarre, la rebelión se justifica.

arb/gem

*Periodista y profesor peruano. Presidente de la Asociación de Amigos de Mariátegui y director colegiado de Nuestra Bandera. Excongresista y exsecretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú.

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