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sábado 18 de mayo de 2024
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El pintor dominicano Oviedo y sus herencias de febrero

Mariela Pérez Valenzuela

Corresponsal jefe en República Dominicana

Oviedo vivió la mayor parte de su existencia en una vivienda situada en el sector Alma Rosa I, de esta capital, distinguida ahora por un mural que otros artistas plasmaron como recordatorio de vida del ilustre pintor.

Una calle dominicana ostenta su nombre, como si no hubiese jamás olvido para esa figura de las artes que sentó cátedra por su arte y su identificación con los sufrimientos de la nación quisqueyana.

Nacido en la provincia de Barahona, era aún un niño cuando comenzó su labor pictórica, aunque también sintió entonces una especial atracción hacia las formas arquitectónicas.

Quizás nació allí su amor por el muralismo en el que destacó por sus innovadoras creaciones y el rompimiento con esquemas implantados en las décadas de 1949 y 1950 por Vela Zanetti y luego Jaime Colson en años posteriores.

A Oviedo se le considera como el muralista más prolífico de República Dominicana. En sus obras plasmó la vida de las clases sociales más desposeídas y la rebeldía que desde el colonialismo español acompaña a los nacidos en esta tierra caribeña.

Con su pincel y sus creaciones el artista, junto a poetas e intelectuales, plasmó la lucha por la dignidad nacional y su apoyo a la Revolución de Abril, en 1965, cuando Estados Unidos invadió el país por órdenes del presidente Lyndon Jhonson.

El interés de Washington era derrotar el levantamiento cívico-militar iniciado el 24 de abril de ese año para reponer al gobierno constitucional del profesor Juan Bosh, depuesto en 1963 por elementos afines a la dictadura de Leónidas Trujillo con intervención de la embajada estadounidense.

La reacción popular ante la presencia de unos 42 mil marines, al contrario de lo que pensaba el gobierno de Washington, fue la de enfrentamiento –aun en gran desigualdad numérica y de equipamiento- en defensa de los valores democráticos bajo el liderazgo del heroico coronel Francisco Alberto Caamaño (1932-1973).

El levantamiento contra los ocupantes dejó un saldo de una cifra indeterminada de civiles muertos, aunque varios autores lo estiman de cuatro mil a cinco mil, un número desconocido de desaparecidos y unos siete mil heridos.

Para el pintor que marcó pauta en el arte hispanoamericano, la Revolución de 1965 y la participación popular en la defensa nacional – como ocurrió antes de 1916 a 1924 durante la primera ocupación estadounidense- constituyeron un motivo inspirador que lo acompañó hasta su fallecimiento en Santo Domingo, el 12 de julio de 2015 a los 91 años.

Tan poderoso como los enfrentamientos entre dominicanos e invasores fue la respuesta grupal de los artistas visuales –entre ellos Oviedo de manera muy destacada- que emergieron con un ímpetu modernizador y en respaldo a la soberanía nacional.

COMPROMISO CÍVICO CON SU PUEBLO

El pintor –al igual que otros representantes de las artes- asumió un compromiso cívico con su pueblo, de gran significado ético y un estilo de responsabilidad social.

Una representación de su pensamiento es el mural de gran formato (45 x 94 pulgadas) pintado en técnica mixta sobre lienzo, de 1965.

Críticos de arte dominicanos y extranjeros coinciden en que esta es una de las piezas más relevantes del arte de este país antillano.

La pintura recuerda el Guernica de Pablo Picasso, donde se muestra la tragedia de una localidad vasca (Gernika) destruida el 26 de abril de 1937 durante la Guerra Civil Española por aviones de la Legión Cóndor alemana.

Durante su vida, el maestro pintó una veintena de murales inspirados en su mayoría en hechos sociales plasmados en muros, paredes y telas.

Su reconocido talento y sensibilidad artística dejaron para la posteridad obras famosas, murales cósmicos y de evidente influencia picassiana, en especial aquellos que reproducen hechos trascendentales de la historia dominicana.

Era un hombre amoroso e identificado con las luchas de su país. Su pueblo se ve reflejado en su obra. De ahí que en el corriente febrero febrero Oviedo reciba un homenaje especial de aquellos que en sus espectaculares obras se encuentran a sí mismos envueltos en figuras y trazos, en colores y llantos.

arc/mpv

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