Por Teyuné Díaz Díaz
Corresponsal jefa en El Salvador
Helicópteros, vehículos blindados y un despliegue de más de dos mil efectivos en territorio haitiano forman parte de las tropas enviadas que, al decir del presidente Nayib Bukele, solo pretenden encontrar a los soldados desaparecidos y contribuir al combate de las bandas armadas que dominan a Haití desde hace años.
No obstante, condicionó la duración de las maniobras militares a la entrega de los cuatro aerotécnicos. Si son liberados con vida, dijo, los efectivos salvadoreños regresarán ese mismo día; de lo contrario, continuarán avanzando para cumplir la misión.
Para entender la magnitud del despliegue salvadoreño, vale recordar que la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) enviada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) a Haití solo tiene entre mil y mil 400 efectivos, pese al límite máximo de cinco mil 500 autorizado por el Consejo de Seguridad.
A su vez, una de las preguntas recurrentes es la legalidad de la presencia militar salvadoreña en ese país para no ser considerado una invasión; a ello el 3 de noviembre el portavoz del secretario general de la ONU, Stéphane Dujarric, respondió que la gran mayoría del personal adicional enviado por El Salvador no opera bajo la GSF.
Sin embargo, Dujarric reiteró que todas las operaciones de seguridad realizadas en Haití, en el marco de la GSF o por autoridades nacionales y sus socios deben ejecutarse en plena conformidad con el derecho internacional.
Coincidentemente con las declaraciones de la ONU, el primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, agradeció el respaldo del presidente Bukele y explicó que los combates contra las organizaciones criminales se desarrollan mediante la coordinación de la Policía Nacional de Haití, las Fuerzas Armadas Haitianas, la GFS y los elementos salvadoreños.
Sobre el tema, el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, sostuvo en la XXX Cumbre Iberoamericana, el 5 de noviembre, que el despliegue militar salvadoreño en Haití responde a un acuerdo con las autoridades de esa nación caribeña. Palabras que esclarecen algunas de las incógnitas, pero no todas.
Luego de casi dos semanas de escasa información oficial, también salió a la luz una carta enviada, supuestamente, por el líder de la pandilla 400 Mawozo, Wilson Joseph, quien aseguró a la agencia AP que solicitó al secretario general de la ONU, António Guterres, nombrar una delegación para el diálogo y la mediación, bajo el pretendido incremento de la violencia.
Estas declaraciones fueron acompañadas de denuncias a políticos haitianos por crear y mantener las pandillas, incluso la afirmación de que los soldados salvadoreños perecieron en un enfrentamiento de fuego cruzado, revelaciones sobre las cuales Joseph no mostró evidencia alguna, según manifestó AP.
Dujarric confirmó el recibo de la misiva por la ONU. Sin embargo, esclareció que la recepción de la carta no implica un reconocimiento de su autor, ni un respaldo al contenido.
También resulta llamativo que pese al impacto mediático del caso de los militares salvadoreños desaparecidos, ninguno de los tantos grupos armados que operan en Haití se atribuya la autoría del hecho, al menos públicamente.
SITUACION EN HAITÍ, SEGÚN ONU
Con fecha 3 de septiembre el Panel de Expertos sobre Haití establecido en virtud de la resolución 2653 (2022) del Consejo de Seguridad, advirtió que el mapa criminal haitiano cambia constantemente, las bandas crean y rompen alianzas.
Según el Panel, se trata de una red cambiante de organizaciones, coaliciones y facciones que compiten por el poder y los ingresos ilegales, sin que exista una división estable en los cinco territorios controlados por las cinco bandas armadas principales.
Todos son grupos criminales que controlan barrios, carreteras, localidades agrícolas y corredores utilizados para el comercio y el contrabando, con imposición de cobros ilegales, así como restricciones a la movilidad y sometimiento a la población a sus propias reglas.
IMPACTO DE MILITARES SALVADOREÑOS EN HAITÍ
El impacto de la llegada de las tropas salvadoreñas a ese territorio no se hizo esperar; en los últimos días Bukele compartió en la red social X desde amenazas a las pandillas, desmentidos sobre la aparición de los cuerpos de los soldados, videos de las tropas en operaciones, y varias cartas a la población haitiana en la cual explica sus razones para el despliegue.
Pero no todo se trata de recuperar a los salvadoreños desaparecidos; surgen cuestionamientos sobre por qué esos soldados estaban “comprando comida”, por qué rompieron los protocolos de seguridad, por qué la nación centroamericana aceptó participar en ese conflicto que inicialmente fue una misión humanitaria, pero extendida al área militar a finales septiembre por la Asamblea Legislativa.
Algunos mencionaban una posible cooperación con Estados Unidos, pero su presidente, Donald Trump, dijo a la prensa que tras conversar con Bukele “no necesita ayuda. Está en bastante buena forma”, respuestas bastantes vagas para la complejidad del conflicto.
Otros argumentan que Haití puede convertirse en el laboratorio para experimentar si el llamado modelo Bukele de combate a las pandillas puede funcionar fuera de tierras salvadoreñas.
Sin embargo, Bukele dijo que en El Salvador se adoptaron un conjunto de medidas que abarcaron reformas legales, equipamiento a la Policía y al Ejército, la intervención en comunidades, el desmantelamiento de las redes financieras, así como el empoderamiento a la población para denunciar a los extorsionistas sin que terminaran asesinados.
Algo que en Haití no existe, al menos hasta el momento.
Los criterios son diversos: unos analistas consideran que una operación de esta envergadura visibilizará al mandatario como un líder internacional en el combate contra el crimen, mientras otros mencionan el costo político, ya sea positivo o negativo, de cara a las elecciones presidenciales programadas para febrero de 2027.
A nivel doméstico, el dilema también es económico y político, pues El Salvador asume el 90 por ciento de los costos de la movilización, una decisión polémica para un país cuyo endeudamiento público ronda los 39 mil millones de dólares.
De ahí que algunos observadores aprecien en esta maniobra una estrategia destinada a desviar la atención de los problemas financieros internos y asegurar capital político de cara a los comicios.
Lo que comenzó como una respuesta de emergencia para rescatar a cuatro uniformados, se ha transformado en el desafío geopolítico más ambicioso e impredecible en la historia reciente de la diplomacia salvadoreña.
Sin lugar a dudas son muchas las interrogantes y la diversidad de aristas de un conflicto en pleno desarrollo, que comenzó como una misión de rescate a cuatro soldados salvadoreños desaparecidos, hoy cambió a una promesa del presidente Bukele de liberación de las pandillas en Haití, y mañana quién sabe.
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