viernes 4 de septiembre de 2026

Meloni y las paradojas de su récord de estabilidad en el Gobierno

Roma (Prensa Latina) Criticada y defendida por los italianos durante sus mil 413 días en el poder, la primera ministra Giorgia Meloni hace historia al convertir su Gobierno en el ejecutivo de mayor duración ininterrumpida de la República.

Por Mario Muñoz Lozano

Corresponsal jefe en Italia

Además de superar por un día -y serán más por lo que se vislumbra- el segundo gabinete de Silvio Berlusconi, en funciones durante mil 412 días entre 2001 y 2005, la rubia elegante de 49 años celebra también este 4 de septiembre el haber sido la única mujer en lograrlo.

En un país que desde 1946 ha conocido 68 gobiernos y 31 primeros ministros, la longevidad del Ejecutivo encabezado por Meloni constituye, sin duda, un hecho político de primera magnitud. La pregunta, sin embargo, es si esa estabilidad puede traducirse también en un balance histórico de transformaciones positivas.

Meloni demuestra que la derecha italiana es capaz de gobernar durante un período prolongado, pero todavía debe convencer a buena parte de la sociedad de que casi cuatro años de estabilidad generaron cambios equivalentes en la economía, los servicios públicos y las condiciones de vida.

Cuando llegó al Palacio Chigi en octubre de 2022, encabezando una coalición integrada por Hermanos de Italia, Liga y Forza Italia, muchos observadores se preguntaron cuánto duraría un Gobierno de derecha radical en un sistema político históricamente marcado por las crisis de coalición.

Y la respuesta está a la vista: la jefa del Ejecutivo italiano sobrevivió a disputas internas, cambios de ministros, tensiones con la jefatura de la Unión Europea, conflictos sobre migración y profundas turbulencias internacionales, sin perder la mayoría parlamentaria.

Italia ha tenido una media de aproximadamente 14 meses por gobierno desde el nacimiento de la República, por lo que la continuidad del Ejecutivo es, por sí misma, un activo relevante, más allá de la opinión de los detractores, de las más diversas posiciones dentro del espectro político nacional.

El analista político Lorenzo Pregliasco reconoce la estabilidad y duración extraordinarias del Gobierno de Meloni, pero considera que los resultados en materia de reformas estructurales han sido limitados, por lo que ese contraste entre duración y transformación puede ser uno de los ejes del debate cuando los italianos acudan a las urnas en 2027.

Con una Italia que ha superado los 24 millones de personas empleadas y con la tasa de desempleo por debajo del seis por ciento, el Gobierno destaca la creación de más de un millón de puestos de trabajo desde su llegada al poder, como parte de sus indicadores favorables en materia laboral.

Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (Istat) confirman una evolución positiva del empleo, con un crecimiento del número de ocupados en 2025 y para 2026 prevé un nuevo descenso del desempleo, hasta alrededor del 5,5 por ciento.

Los analistas le reconocen también a Meloni una mayor atención concedida a la disciplina presupuestaria, reduciendo determinadas cargas fiscales y tratando de mantener la confianza de los mercados y de los socios europeos.

El problema está en que una economía puede mejorar sus indicadores coyunturales sin resolver sus males estructurales. Italia continúa enfrentando una productividad débil, una deuda pública elevada, una población envejecida, un escaso crecimiento potencial y profundas diferencias territoriales.

Los reportes del Istat advierten que el crecimiento económico para 2026 proyecta una expansión del empleo, pero también una desaceleración de la actividad económica y un repunte de la inflación.

En el plano político, si existe un terreno donde Meloni ha mantenido una identidad inequívoca ha sido el migratorio. Desde su compromiso con la derecha, la primera ministra convirtió la lucha contra la inmigración irregular en una de sus principales banderas electorales.

Su Gobierno endureció las normas sobre asilo y tráfico de personas, impulsó acuerdos con países del norte de África y promovió el polémico mecanismo para trasladar a Albania determinados procedimientos migratorios.

El descenso de las llegadas irregulares constituye, sin duda, un argumento importante para su electorado conservador, pero, más allá de las críticas de la centroizquierda, el balance es más complejo de lo que sugiere el discurso político.

Los datos demográficos de Istat muestran una realidad incómoda para cualquier Gobierno: en 2025 nacieron apenas 355 mil niños, frente a 652 mil fallecimientos, mientras la fecundidad cayó a 1,14 hijos por mujer.

Es decir, la población se mantiene prácticamente estable gracias al saldo migratorio positivo, de ahí que el mismo país que políticamente debate cómo reducir la inmigración necesita trabajadores extranjeros para compensar su déficit demográfico.

La paradoja es evidente: un Gobierno que ha tenido una mayoría parlamentaria relativamente cómoda durante casi cuatro años no consiguió concretar varias de las grandes reformas institucionales con las que llegó al poder.

Entre sus adversarios, la crítica ha estado dirigida a que su energía reformadora se concentró más en seguridad, inmigración e identidad que en productividad, educación, sanidad y modernización administrativa, lo que podría poner en riesgo el récord de permanencia.

La estabilidad ya no puede ser presentada como promesa, es un hecho, y una vez conseguido el récord, el Gobierno queda obligado a responder una pregunta mucho más difícil: ¿para qué sirvieron esos mil 413 días?

Según el politólogo Giovanni Orsina, de la Universidad LUISS, se observa un creciente desencanto ciudadano ante problemas que parecen no tener solución, mientras una parte importante del electorado sostiene, según encuestas, que está decepcionada y enfadada.

Mientras los indicadores macroeconómicos permiten al Gobierno defender una evolución positiva del empleo y las cuentas públicas, muchas familias siguen percibiendo una pérdida de poder adquisitivo y dificultades para acceder a servicios esenciales.

La sanidad pública, la educación, la vivienda, los salarios, la productividad y el envejecimiento demográfico constituyen problemas menos espectaculares que una crisis migratoria o una disputa institucional, pero mucho más determinantes para el futuro del país.

Y ahí aparece la gran asignatura pendiente de Meloni: convertir la estabilidad política en transformación social.

Este 4 de septiembre Meloni tiene motivos para celebrar, entre ellos ser la primera mujer en la historia de Italia en alcanzar semejante longevidad al frente de un mismo Gobierno y que demostró una extraordinaria capacidad para preservar una coalición que muchos consideraban vulnerable.

Su Gobierno puede presentar éxitos concretos con más empleo, menor desempleo, mayor disciplina fiscal, reducción de los flujos migratorios irregulares, una posición internacional más sólida y una considerable capacidad de supervivencia política.

Pero también acumula cuentas pendientes como la baja productividad, el envejecimiento poblacional, los servicios públicos bajo presión, las desigualdades territoriales, las dificultades para elevar los salarios reales y reformas constitucionales que no llegaron a puerto.

Como advirtió Pregliasco, la estabilidad no equivale necesariamente a resultados. Meloni ya conquistó el récord de duración. Le queda demostrar que no fue solamente capaz de permanecer en el poder, sino de utilizar esa excepcional continuidad para cambiar Italia.

arb/mml

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