Por Stella Calloni*
Colaboradora de Prensa Latina
En momentos en que el gobierno norteamericano hace público el disparatado y denso documento preparado por el Departamento de Estado, como argumento del plan para apoderarse de Cuba y terminar con el “peligroso” ejemplo de la Revolución cubana, acusando a ésta de tratar de imponer un modelo de odio, irracionalidad y violencia terrorista, sólo ha logrado una reacción absolutamente contraria a ese objetivo, tanto dentro como fuera del país.
A pesar de las estrategias militares trazadas, utilizando tácticas de guerra por todos los medios durante más de medio siglo contra Cuba -que fracasaron-, el gobierno de Donald Trump logró incentivar en horas la solidaridad de gobiernos y pueblos con la isla caribeña y despertó un crecimiento del antimperialismo en el mundo, lo que le dificultará avanzar en otros escenarios de expansión y de guerra.
La figura de quien consideran su mayor enemigo y quien según Marco Rubio marcó “línea” a Rusia, China y otros, el comandante Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana, que no está físicamente, sigue ejerciendo un liderazgo intelectual y humanitario a nivel universal, como lo demostraron los gobiernos de 136 países del mundo durante la última Asamblea de Naciones Unidas (ONU) el pasado 7-8 de julio.
Convocada por Cuba ante las graves amenazas de Estados Unidos, los 136 países votaron poner fin al bloqueo impuesto desde 1962 hasta ahora, agravado por nuevas imposiciones que caracterizan las acciones letales de guerra, como anticipó la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la administración republicana de Donald Trump.
Impide la llegada de petróleo a la isla, paralizando la vida cotidiana en el pequeño país para obligarlo a rendirse por asfixia y desintegración social, en un lento genocidio con fines de exterminio.
Esta última resolución de la ONU continúa lo que han venido haciendo los países del mundo desde 1992 en las Asambleas Generales anuales de ese organismo internacional, exigiendo levantar el bloqueo.
Se destaca en el caso actual, porque fue un triunfo a pesar de una feroz campaña de presiones extorsivas y ofertas de corrupción, que desarrolló el secretario de Estado Marco Rubio para impedir su funcionamiento, lo que fracasó, ya que fueron 12 las abstenciones y sólo 7 en contra, encabezados por Estados Unidos e Israel, como siempre.
Además, se solicitó a Washington finalizar con la prohibición al gobierno de Cuba de comprar productos extranjeros con dólares y otras medidas que tienen que ver con la trasnacionalización del bloqueo que impide a países, bancos, empresas, negociar con la isla imponiendo multas y otras medidas coercitivas.
La realidad es que el titular del departamento de Estado Marco Rubio y el poderoso lobby cubanoamericano de Miami tienen intereses personales y obsesivos que coinciden en saltar sobre todas las barreras de leyes internacionales y humanitarias para apoderarse de Cuba, ante el fracaso de todos los intentos por lograrlo.
El último documento del Departamento de Estado coincide con todo lo planeado, colocando a Cuba como “capital mundial del comunismo del siglo XXI”, traducido en el lenguaje de Marco Rubio como “capital del terrorismo político de izquierda”, y con la fecha de la realización de la Cumbre del 17 y 18 de julio en Miami.
ANTECEDENTES CERCANOS
Sus antecedentes cercanos fueron el anuncio de la nueva Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos en diciembre de 2025 tomando, en forma resumida, lo que impacta directamente sobre América Latina al revivir la Doctrina Monroe, de 1823.
Lo que ya había citado el presidente Trump desde su primer mandato y, como se sabe, es el derecho de apropiación de nuestra región: América (del sur) para los americanos (del norte), hoy configurada como un Proyecto geoestratégico para la Recolonización desde el río Bravo (frontera con México) hasta el extremo sur del continente en la Antártida argentina.
El gobierno de Trump había advertido en el anuncio de su renovada Estrategia que “Estados Unidos debe tener una posición preeminente en el hemisferio occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad, una condición que nos permita afirmarnos con confianza donde y cuando sea necesario en la región”.
La estrategia sobre Europa implicaba una escalada “más drástica”, ya que según el presidente las naciones europeas se enfrentan a un “declive económico” que podría verse “eclipsado por la perspectiva real y más cruda de la desaparición de la civilización”.
El documento de 33 páginas continúa argumentando que “a largo plazo, es más que plausible que, a más tardar en unas décadas, la mayoría de los miembros de la OTAN sean no europeos”, lo que plantea como “una pregunta abierta” sobre si esos países seguirán considerando su alianza con Estados Unidos de la misma manera.
Pero los ejes claves están centrados en la hegemonía regional, las coaliciones militares, la seguridad y el comercio. Como ejes geopolíticos y de seguridad (Doctrina Monroe del siglo XXI) se ha establecido un enfoque hemisférico ofensivo priorizando el control de amenazas sobre nuestro continente. Además de frenar el avance de China, se trata de bloquear inversiones y la presencia de toda “infraestructura crítica” de Beijing en la región.
Es clave la coalición militar impulsando y demandando una mayor coordinación contra “el crimen organizado y el narcotráfico”, ligado directamente con el terrorismo, como lo concibe y utiliza Washington para invadir países por cuestiones de “lucha contra las drogas”, contando con aliados locales, asegurando la complicidad para controlar la migración masiva.
Para esto hay exigencias demandantes de colaboración de todos los países vecinos, que somos nosotros, para frenar los flujos migratorios, abriendo además oportunidades de alineación e inversión mediante cadenas de suministro cercanas “bajo la exigencia de subordinación estratégica a Washington”.
De la misma manera, además de redistribuir recursos militares y alertar ante el “auge de potencias adversarias en la región, asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo, cuando sea necesario, el uso de fuerza letal”.
Esto planteado en diciembre de 2025, después del envío de la IV Flota Naval del Comando Sur invadiendo ilegalmente desde el 25 de agosto de ese año el mar Caribe, que desarrolló acciones diversas como el ataque contra lanchas pequeñas de pescadores, sin comprobar si eran o no “narcotraficantes”, sin mediar palabras y sabiendo que trabajaban en la pesca en las costas caribeñas.
Seguramente, para “entretener” a las tropas estadounidenses y probar puntería con drones y misiles, volando en pedazos las lanchas y dejando casi un centenar de muertos.
Resultó ser ese crimen de guerra el anticipo de la invasión “quirúrgica” contra Venezuela el 3 de enero de 2026, para secuestrar violentamente al presidente elegido constitucionalmente y en funciones Nicolás Maduro Moros, y su esposa Cilia Flores, abogada y diputada de la Asamblea Nacional venezolana.
Sin duda una operación largamente preparada, calibrada punto por punto, con víctimas elegidas con precisión matemática, y utilizando los recursos de guerra más avanzados de los últimos tiempos: como Inteligencia Artificial, Ciberguerra, algoritmos y otros, lo que posibilitó la anulación de la red de radares de defensa que tenía instalada Venezuela.
Falta investigar aún una cantidad de detalles claves, ya que desde los gobiernos del líder venezolano Hugo Chávez Frías a partir de 1999, se fueron creando mecanismos de defensa modernos y posibles ante la serie de intentos de golpes de Estado, encabezados por Washington, utilizando “otros métodos” de la guerra contrainsurgente de Baja Intensidad (GBI).
Fue definida como tal por los “tanques pensantes” de Estados Unidos, las instituciones de seguridad, inteligencia, defensa y el Comando Sur, cuando investigaban a fines de los años 90 cuáles serían los Conflictos de Baja Intensidad (CBI) que enfrentarían en nuestra región en el siglo XXl, que sigue en pie, renovada y enriquecida en la actualidad.
Pocas horas duró el operativo central para secuestrar al mandatario, en la zona de la sede presidencial de Miraflores, único lugar donde descendieron a tierra desde helicópteros las Fuerzas Especiales del Comando Sur, mientras atacaban con drones y misiles contra bases militares venezolanas en poblaciones cercanas donde dejaron muerte y destrucción.
El enfrentamiento directo fue con quienes integraban la seguridad del mandatario, entre ellos, 32 militares y policías cubanos que habían sido solicitados a Cuba para esa misión, quienes se batieron heroicamente hasta la muerte con armas absolutamente menores a las de las Fuerzas Especiales (expertas en ilegalidades de todo tipo), logrando dañar un helicóptero de última generación y dejando algunas bajas al enemigo.
Los helicópteros despegaron desde la plataforma de un portaviones que estaba entre otros buques en el mar Caribe rodeando la zona de seguridad marítima venezolana, desde casi seis meses antes.
No es sorprendente nada de lo que nos sucede hoy, ya que todo esto se está aplicando en la guerra por otros medios, que al parecer pocos analistas pueden reconocer en la expansión y ocupación militar, económica, política, en todo lo actuado colonialmente en nuestra región en los últimos tiempos y que estamos enfrentando hoy.
Otro antecedente del último documento del Departamento de Estado fue la reunión regional convocada por el gobierno del presidente Trump para conformar el Escudo de las Américas, dentro del esquema de la Estrategia de Seguridad de diciembre de 2025.
Dicho encuentro se realizó en Miami el 7 de marzo de 2026 para reunir a “líderes latinoamericanos” y lanzar en forma conjunta esta iniciativa con vistas a combatir al narcotráfico utilizando las capacidades militares y policiales de la región en función de desmantelar carteles de la droga y redes de narcoterrorismo.
Para esto necesitaba la “cooperación”, para intercambio de inteligencia y coordinación de operaciones conjuntas en el hemisferio occidental, tratando de frenar la influencia de potencias extracontinentales como China e Irán.
Asistieron 17 países latinoamericanos que se comprometieron a conformar esta alianza, entre los cuales estaban los presidentes de Argentina, Ecuador, El Salvador, Paraguay: Javier Milei, Daniel Noboa, Nayib Bukele y Santiago Peña, entre otros.
Algunos medios lo llamaron equivocadamente un “Cóndor 2”, porque esto es una guerra (la estrategia) y Operación Cóndor fue una táctica (batalla) de esa, que tuvo una duración limitada y fue una entre tantas de las Dictaduras de la Seguridad Nacional de Estados Unidos.
También se puede citar la declaración sobre Cuba del presidente Trump a fines de enero de 2026, de que ese país era una amenaza “inusual y extraordinaria a la Seguridad Nacional” estadounidense, lo que es una argumentación imposible de sostener a simple vista.
Este argumento evidenció la profundidad de la decadencia del imperio y de un presidente que recurre al lenguaje burdamente totalitario, encubriendo la realidad de su ignorancia política para ocupar ese cargo, nada menos que en la mayor potencia imperial, por lo que debe recurrir constantemente a desdecir sus propias declaraciones, lo que se extiende a su gabinete y en especial al delicado equilibrio que debería mantener la cancillería en su relación con el mundo.
Recientemente, el pasado 16 de julio el secretario de Estado, Marco Rubio, recibió en la sede del Departamento de Estado a los representantes de 61 países invitados a la Reunión Ministerial para debatir y formar coaliciones destinadas a enfrentar el resurgimiento del “terrorismo político de izquierda extrema”, tal como lo planteó el documento conocido poco después y que se mencionó al comenzar este texto.
Participaron cancilleres y equipos especiales de América Latina, España (peninsular), países europeos y asiáticos. El discurso de bienvenida de Marco Rubio es una síntesis del Documento de unas 100 páginas elaborado en el Departamento de Estado, que podría haberse producido en cualquier reunión de los tiempos del apogeo de la Guerra Fría.
En referencia a la resucitada extrema izquierda, que en realidad acaba de enterarse que existe tal como se la presentó, como una “amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento”.
Algunos medios la mencionaron como la “Cumbre Antifa”, ya que se refiere a extraños grupos de activistas que no se sabe a qué o a quien responden, que nadie parece conocer mucho, pero que se ha convertido, como Cuba, en una obsesión para el gobierno de Trump.
“Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”, dijo Rubio atribuyendo a ese movimiento fantasmal duros ataques “terroristas”, “oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”.
Y por supuesto le atribuyó a Cuba cualquiera de las movilizaciones de movimientos estadounidenses tanto los que están desde antes en Estados Unidos como la lucha contra el racismo y derechos civiles, y a todos aquellos que surgieron a fines de los años 60 y a lo largo de 1970 en América Latina, incluyendo Montoneros en Argentina, Tupamaros en Uruguay, Brigadas Rojas italianas, y la lista es larga y variada.
“Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal”, sostuvo Rubio aludiendo a redes trasnacionales que preparan ataques en cualquier país, viajando por el mundo para “participar en ataques conjuntos, canalizar propaganda y material de captación, e intercambiar información sobre objetivos a través de canales encriptados compartidos. Se desplazan mediante redes clandestinas de pisos francos, pagan sus operaciones con fondos transnacionales y colaboran con Estados extranjeros hostiles”.
Las conspiraciones imperiales que sufre América Latina han infiltrado las estructuras judiciales del continente, manejan los medios de comunicación hegemónicos, los servicios de Inteligencia de cada uno de nuestros países, salvo de los pocos que se han protegido de ese flagelo y todo lo que permita colonizar a toda la región en este siglo XXI.
Por supuesto, el genocidio día a día en Gaza desde octubre de 2017 que continúa hasta hoy no es terrorismo ni lo es bloquear países, ni lo es implantar por los nuevos métodos de guerra contrainsurgente, presidentes en los países de América Latina, donde manejan tribunales electorales y como en todos los casos, empresas estadounidenses e israelíes son las que controlan los escrutinios finales y convierten en ganadores de los comicios a los que perdieron.
Casos concretos: Honduras, Perú, Colombia, Ecuador, tratan de hacerlo en Brasil ahora, como lo hicieron en Argentina donde nunca ganó Milei con 56.60 por ciento de votos en 2023, sino un 41 por ciento en el escrutinio final que ningún medio informó, entre otros.
Dentro del esquema contrainsurgente se debe considerar la Guerra Psicológica, de lo que Cuba puede dar cátedra desde los años 60 y que hoy llaman Lawfare (judicialización de la justicia, con lo que han llevado a prisión a presidentes, vicepresidentes y funcionarios de gobierno no sumisos a Estados Unidos).
Hoy están en prisión por causas falsas, sin prueba alguna, expresidentes como Cristina Fernández de Kirchner (dos mandatos) y proscripta de por vida, fue detenido en su momento su vicepresidente Amado Boudou y proscripto de por vida.
También el expresidente Pedro Castillo de Perú, el exvicepresidente de Ecuador Jorge Glass, el expresidente Rafael Correa, perseguido e imposibilitado de volver a su país. El actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, estuvo detenido también por una causa falsa, siendo expresidente.
Y un caso preponderante es el del presidente de Venezuela Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, secuestrados por Estados Unidos en enero pasado y mantenidos en detención, violando todas las normas internacionales.
La situación mundial, los cambios profundos que han comenzado, han llevado al eje imperial a un estado de ebullición permanente que ni siquiera con todos los recursos tecnológicos más avanzados pueden evitar las consecuencias de las contradicciones y disrupciones que provocan, por lo cual se desgastan a sí mismos.
La política internacional del imperio ha sido puesta en manos no de importantes políticos, académicos y otros, sino de un sistema financiero, mafioso y brutal que para dominar el mundo recurre al terrorismo en todas sus formas, como lo estamos viendo, en el retroceso al fascismo, al nazismo del siglo XX.
Pero, ¿podrá sobrevivir el imperio estadounidense en estas condiciones? ¿Surgirá en su reemplazo el sionismo fundamentalista de Israel hoy, cuando ya está detrás de Trump en Estados Unidos? Y detrás de todos los gobernantes lacayos de nuestros países.
arb/mh/sc
*Prestigiosa intelectual argentina, periodista y escritora, experta en política latinoamericana.





