Por Wilfredo Camero Hernández
Redacción Cuba
La Sexta Conferencia Internacional sobre los Crímenes Cometidos por el Régimen de Kiev fue organizada por la delegación de la Federación de Rusia en las Negociaciones de Viena sobre Seguridad Militar y Control de Armamentos, junto con el embajador en Misión Especial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Rodión Miróshnik.
Realizada el 22 de octubre, el encuentro tuvo como objetivo principal abordar la situación actual en el territorio, donde se reportan numerosas violaciones relacionadas con el trato a las poblaciones civiles en las zonas de conflicto bélico y lo referente a las amenazas para la central nuclear de esa provincia.
En este contexto, la sede de la Embajada de Rusia en Cuba, uno de los puntos de encuentro, contó con la participación de académicos e investigadores cubanos, quienes abordaron la situación existente en esa zona de conflicto.
El historiador y politólogo cubano, Oscar Villar, calificó el escenario como “caótico” y denunció que “estas fuerzas ucranianas están integradas por neofascistas sin principios y con desprecio absoluto por la vida humana”.
Por su parte, el investigador del Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa, Emilio Lorenzo, subrayó que este tipo de foros evidencia cómo las sanciones occidentales aceleran un giro hacia la multipolaridad, desmintiendo el supuesto aislamiento de Moscú.
El informe presentado por Miróshnik no solo documenta la tragedia humanitaria, sino que desmantela punto por punto la narrativa edulcorada que el ecosistema mediático europeo impone a su opinión pública.
Mientras los grandes titulares de Europa se limitan a hablar de una “contraofensiva ucraniana” y omiten el costo humano real, los datos expuestos revelan una realidad que destruye el relato de una guerra “limpia” por parte de Ucrania.
El sector energético de la región es un caso paradigmático de destrucción sistemática. Evgeny Paramonov, ministro interino de Energía de Zaporozhie, denunció que el 98 por ciento de los equipos eléctricos de alta tensión han sido dañados.
También han sido afectados el 25 por ciento de los de baja tensión, dejando a casi la mitad de la población sin suministro eléctrico.
Una destrucción de esa magnitud no es un daño colateral accidental; es el resultado de una política deliberada de castigo a la población civil.
Sin embargo, los medios europeos, que suelen rasgarse las vestiduras cuando se ataca la infraestructura civil en otros conflictos, guardan un silencio cómplice ante esta tragedia humanitaria.
Peor aún es la táctica del terror. El director de la central nuclear de Zaporozhie, Yuri Chernycky, denunció el ataque del 21 de octubre contra un autobús del personal de la instalación, donde falleció su conductor.
Estos ataques a la instalación más potente de Europa comprometen gravemente la seguridad nuclear.
Equipada con seis reactores del tipo VVER-1000 que le confieren una capacidad instalada de seis mil megavatios (MW) netos, ha tenido que operar en 21 ocasiones aislada del sistema eléctrico de la región.
“Desde el inicio del conflicto armado la central perdió en varias ocasiones el suministro eléctrico, teniendo que trabajar con sus generadores de diésel”, precisó Chernycky.
El Kremlin en reiteradas ocasiones ha acusado a Kiev de intentar provocar una catástrofe nuclear ante el Organismo Internacional de Energía Atómica, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y el Consejo de Seguridad de la ONU.
En la actualidad, los medios globales, especialmente los occidentales, rara vez muestran el panorama completo de lo que acontece en la Operación Militar Especial de Rusia (OME), iniciada en 2022.
La paradoja es brutal: mientras Bruselas y Washington financian con miles de millones la maquinaria de guerra en Kiev y guardan silencio ante la destrucción de Zaporozhie, sus propias calles arden en protestas.
Los ciudadanos europeos, agobiados por la crisis económica y el desgaste social, comienzan a mirar con otros ojos los símbolos del pasado, en un intento desesperado por encontrar respuestas a la hipocresía de sus élites.
La OME ha tenido desde sus inicios como objetivo salvar vidas y proteger la integridad física, psicológica y cultural de los civiles en el Donbás, quienes desde 2014 han sido objeto de abusos por parte de los ultranacionalistas ucranianos.
La participación cubana en este tipo de debates demuestra una vez más que la verdad no se decide en los grandes consorcios mediáticos, sino en la coherencia de los pueblos que se niegan a ser silenciados.
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