lunes 6 de julio de 2026

Es la hora de la solidaridad y el amor hacia Venezuela, no del odio

Buenos Aires (Prensa Latina) Venezuela es hoy un dolor muy profundo para la humanidad, un dolor que son muchos dolores que precedieron a esta catástrofe de inconmensurables dimensiones, donde la cantidad de edificios-torres derrumbadas con familias enteras produjeron miles y miles de víctimas fatales y desaparecidos, y de aquellos damnificados que sobreviven pero sin poder volver a sus hogares dañados.

Por Stella Calloni*

Colaboradora de Prensa Latina

Esa tragedia humana requiere la solidaridad urgente del mundo ya que la diferencia entre ambos sismos de 7.2 y de 7.5 grados fue sólo de minutos y el segundo tres veces mayor, impidiendo el escape, como señalan los testimonios, a lo que se añaden las más de 300 réplicas de menor intensidad, algunas de hasta más de 5 grados.

Mientras la solidaridad de los pueblos del mundo se vuelca sobre Venezuela, es necesario considerar que no existe país en el mundo que pueda afrontar sólo, sin ayuda, el mayor desastre registrado en lo que va de un siglo en la historia sismológica del lugar, por la escasa diferencia de ambos terremotos, algo nunca registrado en el mundo.

En estas condiciones se modifican las cifras de muertos registrados oficialmente día a día y la de los desaparecidos obedece a cálculos, que en el caso venezolano es un tema dramático, porque cada edificio derrumbado tiene una cantidad de departamentos, lo que obliga a que se inscriban todos los familiares de los que hasta ahora no se encuentran para lo cual se conformaron centros especiales.

También hay que considerar que han quedado inutilizados edificios donde por sus características se podían refugiar quienes están en las calles y la población se va agrupando en grandes y pequeñas carpas, y hay que alimentarlos, proveerlos de ropas y medicamentos y lo más necesario, lo que depende de la solidaridad teniendo en cuenta que son varios estados afectados con menor o mayor intensidad. A esto se añade el terror que se apodera de la población ante las continuas réplicas.

Todas consideraciones que la prensa debe conocer, especialmente para quienes transmiten las noticias al mundo. Los más afectados son Caracas y la zona turística de La Guaira, y allí al municipio de Vargas, donde hay barrios enteros desaparecidos y donde se ha concentrado la tarea prioritaria que es el rescate de miles de personas atrapadas bajo los escombros.

Este es el mayor desastre natural en ese país desde hace un siglo atrás, con las gravísimas consecuencias en pérdidas de vida, dadas las características de estos terremotos, un “doblete de sismos”, como son denominados, de enorme y extraña magnitud, lo que no tiene anteriores registros en el mundo.

Ante este desgarrador panorama, la respuesta debe ser masiva y desinteresada, y mientras el pueblo venezolano sigue demostrando su espíritu de solidaridad, una buena parte de la prensa que ha llegado a Venezuela actúa como buitre.

Nunca menciona que hay otra tragedia que afecta a ese país, que es el bloqueo criminal que soporta desde hace más de una década, interrumpiendo un proceso que por primera vez logró detener en 1999 otro bloqueo como es el interno, que sufría casi el 80 por ciento de una población condenada a la pobreza y el olvido, en una desigualdad lacerante.

Durante ese período de evidente recuperación y mayor justicia social, la solidaridad de Venezuela no se detuvo nunca ante cualquier necesidad de los pueblos del mundo, sin especulación alguna.

Hoy es el tiempo de devolver el amor a la humanidad que significa la solidaridad cuando hay que cubrir tantos frentes a la vez, dando prioridad a la búsqueda de las víctimas, cuando ya han pasado tantos días y se hace cada vez difícil encontrar sobrevivientes. La cantidad de rescatistas que han llegado al país no alcanza.

Otro de los temas a considerar es la invasión “quirúrgica” del pasado 3 de enero cuando cumpliendo la operación “Resolución Absoluta”, aviones y helicópteros de Estados Unidos aparecieron en la madrugada de ese día sobre Caracas, en medio de un apagón, después de paralizar, mediante nuevas y siniestras tecnologías, todas las defensas venezolanas.

¿El objetivo? Secuestrar al presidente de ese país y su esposa, violando todas las normas internacionales y las constituciones de ambos países dejando en pocas horas muerte, destrucción, incertidumbre y miedo, aunque el pueblo no se amilanó. Pero no es un antecedente menor.

Hay que destacar que en el mar Caribe siguen buques de la Cuarta Flota desde agosto de 2025 y desde allí se montó ese operativo, que en escaso tiempo causó tanto daño.

Pero lo hizo además en un plan muy bien diseñado para apropiarse virtualmente del país, en un nuevo “modelo” de intervención, que se debe analizar debidamente como una amenaza para toda la región.

Esto debe analizarse en los momentos actuales para que se entienda que esta tragedia tiene detrás otras que no se pueden y ni se deben ignorar.

Asimismo no es el momento de centrarse en el análisis sobre la política de estos meses transcurridos desde el 3 de enero, bajo un gobierno que dejaron acéfalo por varias horas reemplazado con la urgencia requerida, ni toda consideración sobre las consecuencias porque esto sería indigno y no es el criterio de esta reflexión, que sólo intenta la verdad, como solidaridad ante muchas narraciones periodísticas, que cada vez se ajustan más a una agenda instalada en un conjunto de medios hegemónicos que manejan la desinformación, la mentira y la manipulación social.

Lo cierto es que es imposible imaginar que en un minuto se haya perdido tanto, y hay que destacar la improvisación solidaria a la que recurrieron los habitantes de La Guaira, y la presencia de médicos venezolanos y de la Misión de Cuba en las zona más carenciada que en esas primeras horas desesperadas y confusas atendieron centenares de heridos, con los escasos elementos, ante la magnitud del suceso.

Se dedicaron entre noche y día, trabajando en la oscuridad con iluminaciones también improvisadas ya que entre los edificios derrumbados sucumbieron hospitales, farmacias, escuelas, mientras debajo de los escombros se escuchaban gritos y llantos.

El pueblo venezolano reaccionó con la solidaridad que lo caracteriza y no se dio tregua, cuando nadie podía llegar para rescatar personas con vidas en una circunstancia muy difícil.

Los testimonios son desgarradores y hay crónicas que permanecerán en las mejores historias de los pueblos y un relato respetuoso que aliente la solidaridad y no miserables e indignos porque estamos ante una de las tragedias más devastadoras en un mundo en guerra, que en este siglo afrenta y amenaza a la humanidad, y en el que hay que recuperar la dignidad y la esperanza.

arb/mh/sc

*Periodista, ensayista, poeta e investigadora argentina, miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

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