Por Pedro Rioseco*
Colaborador de Prensa Latina
Con ese decreto, firmado por el presidente John F. Kennedy el 31 de marzo de 1961, hace ya 65 años, se pretendía asestar un golpe demoledor a la naciente Revolución en la isla, cuya economía era dependiente totalmente del mercado norteamericano, tanto para sus exportaciones como para las importaciones.
La cuota azucarera de Estados Unidos era entonces el principal y casi el único soporte de la economía y finanzas de Cuba, a cuya supresión se unió la decisión de Washington de negar el suministro y refinación de petróleo por parte de empresas del ramo de ese país, que monopolizaban la actividad energética nacional, y el boicot a cualquier compra de piezas de repuesto para la industria cubana, toda ella entonces de tecnología norteamericana. El propósito inmediato de esas medidas era paralizar la economía cubana, y crear un clima de descontento popular que serviría para crear un supuesto apoyo a la invasión mercenaria que ya estaban preparando, la cual se produciría finalmente el 17 de abril de ese mismo año por Playa Girón.
Ese objetivo fracasó, como mismo ocurrió con la invasión que terminó en la primera gran derrota del imperialismo norteamericano en América, donde mil 181 de sus bien entrenados mercenarios fueron hechos prisioneros, juzgados y cambiados por compotas para los niños cubanos.
Pero la agresión siguió y, finalmente, el propio presidente Kennedy implantaría el genocida bloqueo total contra Cuba el 7 de febrero de 1962, el cual a lo largo de las más de seis décadas transcurridas se iría reforzando con un entramado de leyes y decretos concebidos para incrementarlo y obstaculizar su flexibilización por los gobiernos posteriores que ocuparon la Casa Blanca.
Todas las acciones que aplicó Estados Unidos desde febrero de 1962 hasta febrero de 2025 para socavar puntos vitales de la economía, han ocasionado pérdidas a Cuba por más de 170 mil 677 millones de dólares, a precios corrientes.
Si tomamos en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables a la isla por más de 2,1 mil millones de dólares. Agresión y daños económicos que ningún otro país del mundo ha tenido que enfrentar en la historia de la humanidad.
Denominada eufemísticamente como “embargo” para intentar encubrir su naturaleza extraterritorial y los propósitos que lo califican como genocidio contra un pueblo, en virtud de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948, el bloqueo a Cuba ha sido condenado por la casi totalidad de los países del mundo representados en Naciones Unidas en 33 votaciones anuales consecutivas desde 1992. La definición más exacta de los objetivos reales de la política hacia Cuba quedó claramente enunciada en el memorando del subsecretario de Estado, Lester D. Mallory, del 6 de abril de 1960:
“Provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) debilitar la vida económica negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Durante la pandemia de la Covid-19, y a lo largo de estos 64 años, el recrudecido bloqueo ha tenido un costo humano incalculable y varias generaciones de cubanos lo han sentido en carne propia, especialmente en las dificultades para importar medicamentos y equipos médicos vitales, materias primas, fertilizantes y pesticidas para producir alimentos, las persecuciones a quienes intentan negociar con Cuba u ofrecerle créditos, y tantas otras cosas.
El mundo ha dejado aislado a Estados Unidos en Naciones Unidas y condenado el férreo bloqueo contra un país pequeño por su decisión de ser libre, soberano, independiente y rechazar todo tipo de injerencia imperial de Washington.
Pese a los inhumanos sacrificios impuestos al pueblo cubano, éste ha resistido esas presiones y refuerza sus potencialidades internas para seguir venciendo y construir un país próspero y sostenible, con bloqueo o sin bloqueo.
arb/prl
*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Nicaragua y concurrente en El Salvador, Guatemala y Honduras durante 10 años; corresponsal jefe en República Dominicana, Ecuador y Bolivia. Creó y dirigió la Editorial Génesis Multimedia que hizo la Enciclopedia Todo de Cuba y 136 títulos más. Anteriormente, director del periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente, ayudante del ministro de Cultura Armando Hart; jefe de la Redacción Internacional de la revista Bohemia con coberturas internacionales en más de 30 países y es autor del libro Comercio Electrónico, la nueva conquista. Dirige la revista Visión de la UPEC y es presidente de su Grupo Asesor.





