viernes 27 de marzo de 2026

Fidel Castro y Benedicto XVI: Un encuentro histórico en La Habana

La Habana (Prensa Latina) El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y el papa Benedicto XVI protagonizaron en marzo de 2012 un profundo diálogo sobre temas globales en esta capital, en un clima de cordialidad y simpatía.

Por Enrique González

Colaborador de Prensa Latina

La cita tuvo lugar el 28 de marzo de 2012 en la sede de la Nunciatura Apostólica de La Habana, poco tiempo después de que concluyera la misa oficiada por el Pontífice en la Plaza de la Revolución ante cientos de miles de fieles.

Fidel, ya retirado de sus cargos pero bien activo intelectualmente, conoció que a Benedicto XVI le agradaría un contacto con él, solicitando así el encuentro, según refiriera el entonces portavoz vaticano, el padre Federico Lombardi, quien siempre mantuvo una estrecha relación con Joseph Ratzinger.

En un contexto totalmente diferente, con un Fidel Castro que ya no era presidente, la cita evocaba el encuentro que el Comandante en Jefe había tenido en 1998 con Juan Pablo II.

Así las cosas, durante una media hora, ambos intercambiaron ideas sobre el escenario mundial, la diversidad religiosa, la ciencia, sus límites para la solución de problemas humanos, así como la ecología y la cultura.

Fidel se mostró interesado por lo que hace un papa y su misión, a lo que Benedicto XVI respondió con una explicación de sus viajes en función de confirmar la fe cristiana y el servicio de la iglesia a los pueblos.

El Comandante también se mostró interesado por la opinión de Ratzinger respecto a las dificultades que enfrentaba el mundo, la diversidad de religiones, así como los cambios en la liturgia católica.

Por su parte, el papa habló de la dificultad que encuentran los seres humanos en las sociedades en las que Dios está ausente, así como de la relación entre fe y razón, y libertad y responsabilidad.

Todo ello siempre en un contexto jovial y durante un intercambio bien distendido, donde incluso el líder histórico pidió al papa que le enviara algunos libros sobre temas de interés.

El papa refirió a Fidel que estaba muy contento por cómo había sido recibido en Cuba, expresando su gratitud por la acogida.

Según contó el padre Federico Lombardi, destacando la cordialidad de la cita, en un momento del coloquio se produjo una broma y ello ocurrió cuando Fidel habló sobre las edades de ambos al aludir cómo el papa tenía casi 85 años y él era solo un año mayor. El papa sonriendo, le dijo: “Sí, soy un anciano, pero todavía sigo haciendo mi deber”.

Esta referencia a la edad mostró un ambiente humano en la reunión, denotando que Fidel no solo miraba a Benedicto XVI como jefe de Estado y líder religioso, sino también como un contemporáneo superviviente de las batallas ideológicas del siglo XX. Fidel ya había mostrado cierta simpatía por Ratzinger, lo había descrito como “una buena persona” con la “cara de un ángel” en el contexto de una visita previa a Cuba por parte del entonces secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone.

El 27 de marzo de 2012, un día antes del encuentro, el líder histórico publicó en Granma y Cubadebate una reflexión donde anunciaba explícitamente su interés por reunirse con el papa, citando, entre otras, las siguientes ideas:

“El mundo está cada vez más desinformado en el caos de acontecimientos que se suceden a ritmos jamás sospechados. (…)

“Fueron las experiencias vividas durante más de 15 años desde el triunfo de la Revolución cubana (….) cuando llegué a la convicción de que marxistas y cristianos sinceros (…) debían y podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos. Así lo proclamé y así lo sostengo sin vacilación alguna.

“(….) Gustosamente saludaré mañana miércoles a Su Excelencia el Papa Benedicto XVI, como lo hice con Juan Pablo II”.

Se trató de un contacto puntual, pero de alto valor simbólico, marcado por la cortesía, el interés intelectual de Fidel y el enfoque de Benedicto XVI en la dimensión espiritual, ética y racional de los problemas contemporáneos.

Fidel Castro vio en Benedicto XVI a un intelectual con el que valía la pena dialogar sobre el destino del mundo y la relación entre fe, razón, ciencia y ética.

Constituyó un diálogo entre “dos sabios ancianos del siglo XX”, Fidel se vio a sí mismo como un testigo del siglo que hablaba de igual a igual con otro testigo: el papa alemán.

arb/EG

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