Por Mario Muñoz Lozano
Jefe de la redacción de Cultura
Para no pocos críticos, el primero es uno de los cineastas más influyentes y singulares de la cinematografía contemporánea, consideración que reafirmó con Frankenstein, su película más reciente, número uno en el ranking de mejores filmes de terror de los últimos cinco años.

La cinta alcanzó nueve nominaciones a la estatuilla de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos en las categorías de Mejor Película, Fotografía, Sonido, Diseño de Producción, Diseño de Vestuario, Actor de Reparto, Guión Adaptado, Música Original y Mejor maquillaje y peluquería.
Antes se llevó los títulos de Mejor Actor de Reparto, Dirección Artística, Vestuario, y Mejor Maquillaje y Peluquería en la edición 31 de los Premios de la Crítica y cargó con importantes nominaciones en el Festival de Cine de Venecia y más recientemente en los Globos de Oro.
Con Frankenstein, Guillermo del Toro reinterpretó el mito clásico desde una mirada profundamente humanista, al transformar al monstruo en un espejo emocional del abandono y la diferencia.
La puesta en escena destaca por su atmósfera gótica y una dirección artística minuciosa. Del Toro privilegia la melancolía sobre el terror explícito. La criatura no inspira miedo, sino compasión y empatía.
En esa joya del cine de terror, la obsesión por la creación y la responsabilidad moral atraviesan toda la narración. Frankenstein se consolida como una fábula oscura sobre la humanidad y sus límites.
EL NARRADOR DE FÁBULAS PARA ADULTOS
Nacido en Guadalajara, México, en 1964, el destacado cineasta ha construido una filmografía marcada por la fantasía, el horror y la poesía visual. Su obra se distingue por una profunda sensibilidad hacia los personajes marginados y los mundos ocultos.

Desde sus inicios, del Toro mostró una fascinación por los monstruos, no como villanos, sino como reflejos de la condición humana. Esta visión ha redefinido el cine fantástico en el siglo XXI. Su debut con Cronos (1993) lo posicionó rápidamente en el panorama internacional. La película fue aclamada por la crítica y obtuvo múltiples premios.
Con posterioridad, el director realizó una incursión en Hollywood con títulos como Mimic y enfrentó tensiones entre autoría y sistema industrial. Pero lejos de limitarlo, esas experiencias fortalecieron su voz creativa.
El artista alcanzó reconocimiento mundial con El espinazo del diablo y El laberinto del fauno. Ambas obras fusionan el horror sobrenatural con la memoria histórica y la violencia política.
La cinta El laberinto del fauno es considerada una obra maestra del cine moderno. La película obtuvo tres premios Oscar y un amplio reconocimiento internacional.
En su filmografía destacan también Hellboy, La cumbre escarlata y Pacific Rim. En ellas, el director combina espectáculo visual con un diseño artístico minucioso. Cada encuadre revela su obsesión por el detalle, el color y la textura.
En 2018, La forma del agua consolidó su prestigio definitivo. La cinta ganó el Oscar a Mejor Película y Mejor Director. Se trató de un triunfo histórico para el cine mexicano. La historia reafirma su constante: el amor como fuerza transformadora.
Más allá del cine, del Toro es un ferviente defensor de la animación y la cultura fantástica. Su trabajo en Pinocho demuestra su compromiso con narrativas oscuras y emotivas.
El cineasta es, ante todo, un narrador de fábulas para adultos. Un creador que invita a mirar al monstruo y reconocerse en él.
BENICIO EN UNA BATALLA TRAS OTRA

Benicio del Toro, por su parte, es uno de los actores más sólidos y enigmáticos del cine actual, según los especialistas, condición que demostró en su “pequeño” papel en Una batalla tras otra.
El espectacular filme de Paul Thomas Anderson le valió la nominación a los premios Globos de Oro, primero, y a los Oscar en su próxima 98 edición, ambas en la categoría de Mejor Actor de Reparto. En declaraciones a la prensa, Del Toro recordó que cuando leyó el guión de la película fue muy emotivo. “Te hacía pensar y te hacía reír. Espero que la gente lo vea y vea el sentido del humor, pero también la realidad de todo ello”, comentó.
Su actuación se erige como uno de los pilares dramáticos del filme. El actor compone un personaje atravesado por la fatiga moral y la violencia interior, recurriendo a una interpretación contenida que evita cualquier subrayado innecesario.
Su trabajo se apoya en los silencios, en la mirada y en una corporalidad tensa que expresa más que los diálogos. Del Toro logra transmitir la sensación de un hombre marcado por conflictos pasados que siguen resonando en el presente.
Lejos de la grandilocuencia, su actuación apuesta por la ambigüedad emocional, y permite al espectador completar los vacíos del personaje.
Esta elección refuerza el tono áspero y reflexivo de la película, aunque en algunos momentos puede resultar deliberadamente opaca. Sin embargo, esa misma opacidad es coherente con la propuesta narrativa del filme.
Benicio del Toro demuestra una vez más su capacidad para habitar personajes complejos y moralmente erosionados, ofreciendo una interpretación sólida, inquietante y profundamente humana.
El TORO ENIGMÁTICO
Nacido en San Germán, Puerto Rico, en 1967, ha construido una carrera marcada por la intensidad y el riesgo interpretativo. Su presencia en pantalla se caracteriza por una fuerza silenciosa y una profunda carga emocional.

Del Toro ha sabido alejarse del estrellato convencional para privilegiar personajes complejos. A lo largo de su trayectoria, ha encarnado figuras atormentadas, ambiguas y moralmente contradictorias.
Inició su carrera en televisión antes de dar el salto al cine internacional. Su primer gran reconocimiento llegó con The Usual Suspects (1995), cuya actuación se convirtió en uno de los elementos más memorables del filme, y reveló su capacidad para destacarse, incluso en roles secundarios.
La consagración definitiva llegó con Traffic (2000), de Steven Soderbergh, interpretación de un policía mexicano por la que obtuvo el Óscar a Mejor Actor de Reparto. Su papel fue elogiado por su naturalidad y profundidad humana.
El actor ha trabajado con algunos de los directores más influyentes del cine actual, entre ellos destacan Alejandro González Iñárritu, Denis Villeneuve y Wes Anderson.
En 21 gramos y en Sicario, reafirmó su dominio del drama psicológico. Sus personajes suelen moverse en territorios de violencia, culpa y redención.
Más allá de Hollywood, el actor ha participado en proyectos independientes y de autor. Su interpretación de Ernesto Che Guevara en la película Che, de Soderbergh, fue uno de los retos más exigentes de su carrera.
El papel le valió el premio a Mejor Actor en el Festival de Cannes y de esa actuación la crítica destacó su entrega física y emocional.
El artista es reconocido por su meticulosidad y compromiso con cada papel. Su carrera refleja coherencia, rigor y una búsqueda constante de autenticidad.
Benicio del Toro se ha consolidado como un actor esencial del cine moderno. Una figura que encarna la complejidad del ser humano en la gran pantalla.
Aunque no son familia, es evidente que ambos artistas tienen agarrado a Hollywood por los cuernos. Esperemos a ver qué dice la Academia en la ceremonia del próximo 15 de marzo, en el Dolby Theatre de Los Ángeles, California, cuando se den a conocer los premios de los Oscar.
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