Por Fady Marrouf
Corresponsal jefe en Siria
Entre estas potencias se encuentra Turkiye, que pretende aprovechar los cambios que se están produciendo para fortalecer allí su presencia militar, económica y política, y posteriormente integrar esta nación levantina a su esfera de influencia.
Esas intenciones colocan a Ankara en confrontación directa con Israel, porque este último ve tales políticas como una amenaza directa a su seguridad, sus intereses y sus planes hegemónicos y expansionistas en el sur de Siria.
Ambas potencias parecen incapaces de resolver sus problemas, dado que cada una ve a la otra como una amenaza a sus objetivos estratégicos. La escalada entre los dos aún está controlada por cálculos cuidadosos que impiden que derive confrontación directa.
Lo cierto es que las transformaciones políticas y militares en Siria, en particular la caída del gobierno de Bashar Al-Assad y la formación de un gobierno de transición, abrieron las puertas a una reestructuración de todo el panorama regional.
El papel de Türkiye destaca como uno de los actores más influyentes sobre el terreno, tanto por su apoyo a la actual autoridad siria como por su amplia presencia militar en el norte de Siria.
Israel sigue ese movimiento con gran preocupación, no sólo por la tradicional rivalidad regional con Ankara, sino también porque Tel Aviv cree que cualquier papel avanzado turco en la actual Siria podría tener implicaciones estratégicas que afectarían su seguridad nacional y el equilibrio de seguridad.
Aunque las tensiones entre Ankara y Tel Aviv no son nuevas, Israel ha comenzado a sospechar en lo que considera un intento turco de imponer un nuevo hecho político consumado en Siria.
De acuerdo con analistas, la preocupación israelí en esta etapa se deriva de dos temores básicos: Uno, Ankara se ha convertido en un garante político y de la seguridad en Siria, lo que limita en el futuro la capacidad de Israel de llevar a cabo operaciones en el interior de Siria.
Dos, la posibilidad de que esa influencia turca se acerque al sur de Siria y al Golán sirio ocupado, lo que reconfiguraría las sensibles ecuaciones de seguridad en la frontera.
En general, esos escenarios reflejan la complejidad del panorama sirio y la superposición de intereses regionales e internacionales.
A falta de un entendimiento claro turco-israelí, persiste el riesgo de una escalada, lo que exige una estrecha vigilancia de los acontecimientos y una evaluación continua de las políticas aplicadas por ambas partes.
Desde el derrocamiento de Al-Assad, el 8 de diciembre pasado, Israel ha llevado a cabo más de 80 incursiones terrestres en el suroeste de Siria y cientos de ataques aéreos contra los activos militares sirios restantes.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofreció tres justificaciones para esas medidas agresivas, la seguridad, el temor a los antecedentes yihadistas del presidente Ahmed Al-Shara y el Nuevo Proyecto para Oriente Medio que el mismo Netanyahu prometió implementar tras el estallido de la Guerra contra Gaza el 7 de octubre.
La percepción del Premier israelí de que la presencia turca en la nueva Siria plantea una importante amenaza geopolítica para Israel, recibe apoyo de sus círculos militares y de inteligencia.
Los recientes ataques israelíes contra Siria coincidieron con informes sobre el establecimiento de bases aéreas turcas en el centro de Siria, en particular en los aeropuertos militares de Palmira y T4 en el desierto, en el este de la provincia de Homs, y en el aeropuerto militar en la provincia de Hama.
Lo anterior fue confirmado por un funcionario del Ministerio israelí de Defensa, citado por el diario Jerusalem Post, el cual afirmó que las recientes incursiones tenían como objetivo impedir que Ankara establezca una base militar que podría amenazar las operaciones aéreas israelíes.
El mismo funcionario añadió que estos ataques “pretendían frustrar los planes turcos de transferir tropas y sistemas de defensa aérea a Siria y operar instalaciones militares, especialmente a la luz de informes de que Ankara quiere convertir aeropuertos en bases para drones y posiblemente desplegar temporalmente sistemas de defensa aérea S-400 “.
A su vez, la agencia Reuters reveló que Ankara está trabajando para posicionarse como un actor importante en la nueva Siria, un motivo de preocupación para Israel, ya que la presencia de bases turcas en Siria permite a Ankara proteger el espacio aéreo sirio en caso de futuros ataques sionistas.
La percepción mutua de Türkiye e Israel como una amenaza estratégica se refleja cada vez más en Siria. Esa visión se ve agravada por el enfoque regional expansionista israelí en la región, bajo el liderazgo de una extrema derecha que estima favorable el momento para cambiar el Medio Oriente.
Por otro lado, esa confrontación geopolítica entre los dos países plantea un desafío importante a los esfuerzos de la administración Trump por retirarse de Siria y presionar a sus aliados en la región para que cooperen para gestionar el Medio Oriente con menos participación estadounidense.
La perspectiva “positiva” de Trump sobre Ankara y su papel en Siria probablemente serviría como protección contra una posible salida de control del conflicto en esta nación levantina.
Sin embargo, el éxito de la nueva Siria parece ser tanto una cuestión de seguridad nacional para Türkiye como una amenaza geopolítica para Israel.
Para muchos analistas, el escenario sirio es sumamente complejo debido a la presencia de muchos actores externos, que la competencia y disputa entre ellos perjudica en primer lugar al pueblo que paga hasta ahora el precio de las injerencias extranjeras y de que su país se ha convertido en un escenario de influencia de numerosas potencias regionales e internacionales.
arc/fm