martes 20 de octubre de 2026

Yasiel Elizagaray: Arte cubano para reflexionar desde el Vaticano

Roma (Prensa Latina) El artista visual cubano Yasiel Elizagaray afirmó que con su exposición personal Alientos de Espíritu, inaugurada en la Santa Sede, busca provocar preguntas sobre la espiritualidad, la condición humana y la relación entre las personas y los animales.

Por Mario Muñoz Lozano

Corresponsal jefe en Italia

Abierta al público en la Sala Vasari del Palacio de la Cancillería Apostólica del Vaticano, la muestra reúne 18 piezas en las que aborda conflictos interiores, dilemas morales y sentimientos que acompañan al ser humano en una sociedad marcada por la rapidez de los acontecimientos y la dificultad para detenerse a reflexionar.

“Siempre he tenido cierta inquietud con el tema aliento, la respiración, el cómo uno pudiera llegar a captar sensaciones dentro de la misma palabra”, expresó Elizagaray en entrevista exclusiva con Prensa Latina, al explicar el significado del título, que también remite a una búsqueda espiritual y a la necesidad de encontrar momentos de introspección.

Para el artista, ese proceso implica examinarse a uno mismo, especialmente en circunstancias de soledad, cuando resulta necesario profundizar en los propios pensamientos y encontrar fuerzas para afrontar las contradicciones de la vida.

“Mi obra siempre va muy en lo profundo de la búsqueda del ser humano”, señaló al referirse a una propuesta pictórica que, aunque parte de sus vivencias y preocupaciones personales, aspira a establecer una relación directa con las inquietudes del espectador.

La serie Persecución del Espíritu, que le dio origen a esta muestra, surgió hace aproximadamente un año y fue desarrollada hasta adquirir su forma actual mediante un proyecto curatorial realizado en colaboración con la colección Bettini Gallery.

 

Elizagaray explicó que la exposición permitió incorporar nuevas piezas y dar continuidad a una investigación artística centrada en las tensiones espirituales que atraviesan la experiencia humana.

“En mi caso, he sentido esa persecución espiritual que podemos tener en algún momento de nuestra vida, cuando quizás queramos actuar de una manera determinada y el contexto no nos lo permite”, comentó.

A su juicio, la velocidad de la vida contemporánea dificulta en ocasiones la reflexión sobre las decisiones y sus consecuencias.

“

Hoy, en pleno siglo XXI, la vida va muy rápido, hay acciones que se toman muchas veces a la ligera, sin detenernos en pensar, en reflexionar que hay una persecución interna de cómo hacer el bien, cómo hacer el mal, cómo comportarme ante una sociedad”, manifestó.

El artista considera que la creación constituye también un proceso de búsqueda personal, condicionado por las vivencias cotidianas y por la complejidad de traducir las ideas en imágenes. En ese sentido, entiende que Alientos de Espíritu ofrece una posibilidad de descanso después de las inquietudes que dieron origen a la serie.

 

“Muchas cosas nos vienen a la mente como creador, y tenemos que contextualizarlas. La vida cotidiana también nos deja otros pensamientos, es muy convulsa”, afirmó.

EL ARTE CUBANO EN UN ESCENARIO INTERNACIONAL

El artista calificó de significativo poder presentar su trabajo en la Sala Vasari, un espacio situado en un edificio histórico que describió como majestuoso y rodeado de expresiones artísticas.

Para un creador joven, añadió, exponer en ese entorno representa una oportunidad de mostrar su producción en un país con una sólida tradición cultural y artística.

“Poder estar dentro de este edificio, poder mostrar la obra en una sala tan importante, me llena de orgullo”, significó.

Elizagaray subrayó que considera necesario distinguir entre la obra y la persona que la realiza, pues entiende que la creación adquiere una identidad propia una vez concluido el proceso artístico.

“Yo considero que mi obra es un ente aparte, es una obra que tiene su característica, su personalidad”, señaló al expresar la emoción que le produce la presentación de sus pinturas en ese espacio de la Santa Sede.

La apertura de Alientos de Espíritu coincide con las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana, este 20 de octubre, una circunstancia que el creador consideró especialmente significativa, aunque no formara parte de una planificación inicial del proyecto.

“Que uno pueda celebrar cultura cubana desde Roma, desde este Palacio de la Cancillería Apostólica, es importantísimo, porque no solo mi obra se está mostrando en Cuba o se está exponiendo en Cuba, de alguna manera se está trayendo un pedazo de Cuba acá, al centro de Roma”, subrayó.

El artista reconoció la influencia del arte europeo en su formación y lenguaje visual, pero destacó que sus pinturas mantienen una relación estrecha con el contexto cubano, perceptible en los conceptos que desarrolla y en la energía que transmite su trabajo.

“El contexto cubano para un artista cubano lo marca mucho”, afirmó.

En su caso, explicó, las experiencias de trabajo fuera de la isla le han permitido advertir cambios en su pintura, lo que refuerza la importancia del entorno en el que desarrolla su actividad creativa.

Actualmente trabaja en La Habana y cuenta también con un estudio en Trinidad, ciudad del centro de Cuba, donde pasó una parte importante de su vida dedicado a la pintura.

Elizagaray aclaró que la identidad cubana presente en su obra no se expresa mediante elementos folclóricos o tradicionales, sino a través de una sensibilidad y unos planteamientos conceptuales vinculados con sus vivencias.

“No es el folclore cubano, de lo tradicional cubano, sino más bien la energía y los conceptos que trabajo también”, precisó.

EL SER HUMANO Y LA SENSIBILIDAD ANIMAL

Uno de los elementos distintivos de la exposición es la presencia conjunta de figuras humanas y animales, una decisión que amplía el lenguaje pictórico del creador, quien anteriormente concentraba su trabajo en el retrato y la representación del cuerpo humano.

Elizagaray explicó que la incorporación de animales responde a su interés por promover una relación más sensible con ellos, alejándose de las representaciones que los muestran únicamente como criaturas feroces o amenazantes.

“Aquí he decidido traer la figura del animal porque de alguna manera estoy queriendo tener un acercamiento mayor a ellos y también es un poco exhortando a la sociedad a tener un acercamiento más puro con lo que es el animal”, indicó.

 

En las obras, los animales aparecen como seres capaces de sentir, proteger y establecer vínculos con las figuras humanas, incluidos los niños representados en algunas composiciones.

“No represento al animal como la fiera temida, sino el animal sensible, el animal que también siente, el animal que protege”, precisó.

Esta aproximación le permite plantear una interrogante que atraviesa el conjunto de la serie: dónde reside la verdadera pureza y sinceridad, en el comportamiento humano o en el animal.

“¿Dónde está el alma real pura? ¿En el ser humano o en el animal? Es la pregunta que yo me hago y es una de las inquietudes que yo he desarrollado y que he tenido en esta serie”, explicó.

El artista considera que el razonamiento humano, aunque permite comprender la realidad y orientar las decisiones, también puede conducir a comportamientos contradictorios y alejar a las personas de formas más espontáneas de relacionarse con los demás.

“A veces queremos razonar e intentamos manejar las cosas de otras formas y que lo que hacemos es más bien caer en aberraciones, en comportamientos que no son los más adecuados”, sostuvo.

Frente a esas contradicciones, su pintura explora los límites entre el pensamiento racional y el instinto, así como las formas en que las normas sociales condicionan las emociones y la conducta.

“Esta serie es muy personal, hurga mucho dentro de la psicología del ser humano, pero también dentro de la parte animal que pudiéramos tener como seres humanos”, señaló.

Elizagaray defendió la necesidad de reconocer esa dimensión sensible que persiste en las personas, incluso cuando las convenciones sociales o el afán de racionalizar cada comportamiento parecen relegarla.

UNA PINTURA PARA REFLEXIONAR

Preguntado sobre si considera tristes sus obras, el artista rechazó esa definición como la más adecuada para caracterizar su lenguaje pictórico.

“La palabra triste no sería la que caracterizaría esta serie o mi obra, porque en general es una obra densa, es una obra problemática”, manifestó.

A su juicio, la melancolía y la reflexión describen mejor las atmósferas que construye mediante metáforas y situaciones de gran intensidad psicológica, capaces de suscitar sentimientos diferentes según la experiencia de cada visitante.

Elizagaray explicó que su prioridad no es responder a las demandas del mercado ni hacer de la pintura un producto concebido exclusivamente para su comercialización, sino generar interrogantes y propiciar una experiencia de reflexión.

“Yo estoy tratando de que mi obra lo primero que haga sea reflexionar, hacerme reflexionar a mí y a las personas que la ven, que la consumen, que la miran, que también reflexionen y que busquen dentro de ella”, comentó.

El creador vinculó esa intención con la necesidad de reconocer las dificultades de la existencia y las preocupaciones que suscitan los acontecimientos personales y mundiales.

“No todo en la vida es colorido, no todo está bien”, comentó al referirse a los sentimientos de melancolía que pueden surgir ante las aflicciones individuales y una realidad internacional marcada por numerosos conflictos.

NUEVAS PERSPECTIVAS PARA SU CARRERA

El creador considera que la exposición en la Sala Vasari representa un punto de inflexión en su trayectoria y puede contribuir a ampliar la presencia internacional de su obra.

Recordó que un año antes había participado en una muestra colectiva en Italia, junto a reconocidos maestros del arte cubano, mientras que la actual presentación le permite desarrollar un proyecto personal distribuido en cuatro salas.

“Poder ahora mismo hacer una exposición personal en la Sala Vasari, dedicando cuatro salas para mi obra, es de alguna manera una proyección para mí como artista cubano con un carácter ya mucho más internacional”, señaló.

En su opinión, esta experiencia abre posibilidades de colaboración con instituciones y espacios especializados en la difusión artística, además de propiciar nuevas propuestas de trabajo.

Sin embargo, más allá de las oportunidades profesionales, Elizagaray mantiene como propósito central que sus pinturas generen una experiencia individual de cuestionamiento y descubrimiento. “Mi idea es que se vayan con más preguntas que respuestas”, dijo, al resumir lo que espera del público que visite la muestra.

El artista aclaró que no pretende imponer una interpretación ni obligar a los espectadores a compartir sus ideas personales, sino ofrecerles imágenes que estimulen sus propias búsquedas.

“Yo trato de que mi obra, lo que haga sea cuestionarte y hacer que te preguntes muchas cosas, no trato de resumir mi pensamiento ni tampoco trato de obligar a que haya un pensamiento en función de mis ideas personales”, declaró.

Que los visitantes abandonen la exposición con inquietudes y nuevas interrogantes constituye, para el creador cubano, una de las aspiraciones más importantes de su propuesta, concebida como una invitación a explorar la espiritualidad, la sensibilidad y las contradicciones que forman parte de la experiencia humana.

arb/mml

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