Por Germán Ferrás Álvarez
Corresponsal jefe en Rusia
La Vostok, la primera nave espacial en llevar un ser humano al cosmos fue diseñada y desarrollada a partir de un cohete nuclear, y cumplió la encomienda de traer de vuelta a Yuri Gagarin con vida, a pesar de tres graves emergencias en pleno vuelo.
Lo primero que llama la atención al contemplar la emblemática Vostok es su tamaño increíblemente pequeño. Es una esfera con un diámetro de 2,3 metros, suficiente para un hombre alto, y en su interior se encuentran los instrumentos, el asiento eyectable y los tanques de aire. Yuri Gagarin, afortunadamente, medía 157 centímetros, pero aun así estaba en esa cápsula como una semilla de albaricoque.
El 12 de abril de 1961, esa pequeña nave transportó a un hombre a la órbita de la Tierra con una velocidad de casi 28 mil kilómetros por hora durante 108 (según otras fuentes, 106) minutos de vuelo, a partir de lo cual el mundo se convirtió en un lugar diferente.
COMO SE CONSTRUYÓ LA VOSTOK 1
Diseñada y construida por la corporación OKB-1 de Serguéi Korolev, la nave se montó en un misil balístico R-7 modificado que alcanzó una altitud máxima de 327 kilómétros.
La nave espacial Vostok emergió, en realidad, de la carrera armamentística. Su vehículo de lanzamiento, el cohete R-7, cuyo creador, Serguéi Korolev, lo diseñó para transportar ojivas nucleares. Ese mismo cohete R-7 lanzó el primer satélite, una esfera metálica con antenas, a la órbita en 1957.
Un vehículo de lanzamiento de tres etapas puso en órbita terrestre baja la nave espacial Vostok con Yuri Gagarin a bordo.
La lógica de Korolev era simple: si ya existía un cohete funcional y volador, ¿para qué construir uno nuevo? Bastaba con reemplazar la ojiva por una cabina de pilotaje tripulada. Suena aterrador, pero este enfoque ahorró años de trabajo y permitió a los científicos soviéticos adelantarse a los estadounidenses.
El camino para diseñar una nave espacial tripulada, comenzó tras la aprobación de la Resolución 569-264 del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y del Consejo de Ministros de la URSS el 22 de mayo de 1959 y, en 1960, la carrera, cuando el programa espacial estadounidense Mercury empezó a pisar los talones a los científicos soviéticos.
En 1958, Korolev aprueba el concepto: un módulo de descenso esférico, más un compartimento de instrumentos con un motor de frenado.
Un año después, el diseño preliminar estuvo listo. Al mismo tiempo, se inició la elección de los futuros cosmonautas entre tres mil pilotos, de los cuales solo quedaron 20.
Ya en mayo de 1960 ocurre el primer lanzamiento no tripulado del prototipo. La nave entró en órbita, pero por un fallo en el sistema de control de actitud, en lugar de frenar, aceleró y ascendió a una órbita superior. La recuperación fracasó.
De julio a diciembre de 1960: el lanzamiento de la nave espacial que transportaba a las perras Chaika y Lisichka, finalizó con la muerte de los animales.
Después llegó el exitoso vuelo de Belka y Strelka; el vuelo de semiemergencia con el exitoso regreso a la Tierra de Zhulka y Zhemchuzhina; el vuelo de Pchelka y Mushka, que otra vez terminón en muerte para los animales.
En marzo de 1961: dos lanzamientos consecutivos exitosos con maniquíes y perros. El último, el 25 de marzo, con el Zvezdochka, que entró en órbita y regresó sano y salvo. El propio Gagarin ideó su nombre.
Y EL 12 DE ABRIL DE 1961: EL VUELO DE GAGARIN
Transcurrió menos de un año entre el primer intento fallido de lanzamiento de animales y el primer vuelo tripulado. Durante ese tiempo, el equipo de Serguéi Korolev identificó y resolvió docenas de problemas, cualquiera de los cuales podría haber costado vidas.
La estructura de la Vostok constó de dos módulos unidos por correas metálicas; el superior, una esfera con un ser humano y el inferior, un cilindro que alberga motores e instrumentos.
Tras la desaceleración, los módulos se separan, el cilindro se quema en la atmósfera y la esfera cae a la Tierra.
El módulo de descenso, que transporta a un ser humano, estaba recubierto con una capa de material aislante térmico ablativo. Al reingresar a la atmósfera, la superficie se calienta hasta alcanzar varios miles de grados y se evapora deliberadamente y se disipa así el calor.
En su interior se encuentra una cabina presurizada con un asiento eyectable, la característica más singular de la cápsula Vostok. La nave espacial carecía de un sistema de aterrizaje suave y un impacto contra el suelo a una velocidad aproximada de 10 metros por segundo habría herido al cosmonauta.
Por lo tanto, a una altura de siete kilómetros, se activaba el sistema, se eyectaba la escotilla y, con ella, el asiento y el piloto. Posteriormente, se desplegaba el paracaídas que aterrizaba por separado de la cápsula. En aquel momento, esta era la opción más segura.
Además de la cabina presurizada, el módulo de descenso contenía dos paneles de instrumentos y un “Vzor” (objeto visible).
El “Vzor” era un instrumento óptico integrado en una de las tres escotillas. Mediante un sistema de espejos y lentes, el cosmonauta podía observar el horizonte terrestre y utilizarlo para determinar manualmente la orientación de la nave.
La purificación del aire dentro de la cabina corrió a cargo de cartuchos de peróxido de potasio (KO₂), que absorbían el dióxido de carbono, liberaban oxígeno y absorbían humedad. Para garantizar una respiración fluida, una bolsa de goma especial dentro de una carcasa de aluminio suavizaba los cambios de presión durante la inhalación y la exhalación, y evitaban que el cosmonauta se asfixiara por resistencia.
¿POR QUÉ USAR NITRÓGENO EN LA CABINA DE LA TRIPULACIÓN?
Los estadounidenses del programa Mercury llenaron la cápsula con oxígeno puro a presión reducida, lo cual era más sencillo desde el punto de vista de la ingeniería.
Sin embargo, una chispa bastaba para incendiar toda la cápsula en un segundo. En 1967, esto provocó la muerte de tres astronautas del Apolo 1 en la plataforma de lanzamiento, incluso antes de que se produjera el vuelo. Los ingenieros soviéticos no podían saber de ese incendio, pero decidieron no arriesgarse con oxígeno puro y llenaron la cabina con una mezcla de oxígeno y nitrógeno.
También había provisiones de agua y comida en tubos, como puré de carne y salsa de chocolate. Gagarin comió durante el vuelo, no porque tuviera hambre, sino para comprobar si una persona podía tragar en gravedad cero. Resultó que sí podía.
Debajo de la esfera había dos bloques cónicos que servían como compartimento de instrumentos. El sistema de retrocohetes TDU-1 era el único motor capaz de devolver la nave a la Tierra. Si no se hubiera encendido, Gagarin habría tenido que esperar a que la órbita se degradara naturalmente debido a la fricción con la atmósfera superior.
Para esa contingencia, los científicos previeron suministro de alimentos y aire para 10 días. Tras el encendido del TDU-1, el compartimento de instrumentos se convirtió en carga inservible. Se suponía que, por orden, se desprendería y se desintegraría en la atmósfera. Debería haberlo hecho, pero no fue así.
Transcurridos 65 años, hoy es posible ver la Vostok, pues el módulo de descenso se conserva en el Museo RSC Energía en la localidad de Korolev, cerca de Moscú, y aún se aprecian las marcas de quemaduras de la reentrada en su superficie.
Otras maquetas de tamaño real de la Vostok se exhiben en el Museo de Cosmonáutica de la VDNJ en Moscú y en varios otros museos regionales.
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