Por Roberto F. Campos
De la redacción de Economía
Varadero, el segundo polo más importante del turismo en la nación antillana (el primero es La Habana), se extiende mucho más allá de sus 22 kilómetros de fina arena blanca y aguas turquesa. Su geografía y su historia están intrínsecamente ligadas.
Ubicado en la península de Hicacos, provincia de Matanzas, a unos 140 kilómetros al este de La Habana, su nombre, de origen geográfico, proviene de ser una costa arenosa de poco calado donde solían varar los barcos arrastrados por la marea.
La historia de Varadero comienza mucho antes del turismo. El primer europeo en avistar estas costas fue el navegante español Sebastián de Ocampo durante su bojeo al país en 1508.
Sin embargo, la huella humana más antigua se remonta a las tribus aborígenes de la zona, dedicadas a la pesca y la recolección, y cuyos vestigios pueden encontrarse en sitios arqueológicos como la Cueva de Ambrosio, en la costa sur de la península.
Dicha caverna es considerada la mayor pictografía del Caribe. Durante siglos, la actividad económica principal no fue el ocio, sino la explotación de salinas desde 1587 y, más tarde, de canteras, rubros que se mantuvieron vigentes hasta bien entrado el siglo XX.
El germen del balneario comenzó a gestarse a partir de 1840, cuando familias de la cercana ciudad de Cárdenas empezaron a frecuentar la playa en temporadas.
Pero el hito fundacional llegó el 1 de junio de 1883, cuando un grupo de nueve personas, lideradas por Joaquín de Rojas Cachurro, adquirieron dos caballerías de tierra en la hacienda Varadero para formar una sociedad comunal.
A ellos se unió Casimiro García Salva que completó el grupo de Los decenviros, las 10 familias consideradas los padres fundadores de la villa
La palabra como tal (decenviros) significa: Cada uno de los 10 magistrados superiores a quienes los antiguos romanos dieron el encargo de componer las leyes de las 12 tablas, y que también gobernaron durante algún tiempo la república en lugar de los cónsules.
Ese pequeño caserío de casas de madera y tejas criollas, construido sin mucho orden urbanístico, lo reconoció el ayuntamiento de Cárdenas el 15 de diciembre de 1887, fecha que se toma como la fundación oficial del poblado.
El primer impulso turístico fue modesto, pero visionario. En 1883, Mamerto Villar estableció una fonda y posada, mientras que Antonio Torres Armengol inauguró el quiosco Torres para vender refrescos y pescado frito; ese establecimiento lo estiman el embrión de la futura industria hotelera.
En 1888, Torres añadió habitaciones en alquiler, y su quiosco se convirtió en un foco cultural con glorietas y bailes.
Mamerto Villar, por su parte, fomentó la siembra de cocoteros, que se volverían emblemáticos del paisaje varaderense.
El primer hotel, llamado sencillamente Hotel Varadero, abrió sus puertas el 14 de diciembre de 1910 que marcó el inicio de una nueva era.
La geografía de la península comenzó a transformarse con la llegada de infraestructuras clave: La carretera desde Cárdenas, en 1911; el alumbrado público de carburo, en 1915; la electricidad en 1917 y el acueducto, en 1928, resultaron hitos que facilitaron el despegue definitivo.
El teléfono llegó en 1913 y para 1933 ya operaba el ferrocarril desde La Habana y en 1935, los primeros vuelos.
Sin embargo, el crecimiento no fue lineal; en 1919, la población fija era de unas 193 personas, pues la mayoría de las construcciones eran viviendas de veraneo.
La década de 1920 y 1930 marcó un punto de inflexión con la llegada del capital y la figura del magnate estadounidense Irenée Dupont de Nemours.
En 1926, Dupont adquirió extensas tierras en la mejor zona de la playa y construyó su lujosa mansión, Xanadú, hoy convertida en el centro de un campo de golf.
Su presencia impulsó un negocio inmobiliario y atrajo a la élite y la jet-set de la época.
En 1931, inauguró el hotel Kawama, y la leyenda urbana, nunca confirmada, señala que el mafioso Al Capone tuvo una propiedad en la zona, lo que alimenta el mito de un Varadero vinculado con la ley seca estadounidense. En 1933, funcionaban cinco hoteles en el balneario; en la década de 1940, el turismo desplazó definitivamente a la sal y las canteras como rubro económico principal.
La apertura del Hotel Internacional en 1950 (hoy con una nueva versión), a un costo de tres millones de dólares, simbolizó la madurez del destino.
Al triunfo de la Revolución en 1959, Varadero contaba con 23 hoteles, 18 casas de huéspedes y 30 centros nocturnos y se estimaba el balneario por excelencia de Cuba y en la actualidad hay 57 y más de 23 mil habitaciones.
La geografía humana y política de Varadero volvió a cambiar tras 1959. Con la creación del Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT), las instalaciones se nacionalizaron y el balneario se orientó fundamentalmente al turismo nacional durante las décadas de 1960 y 1970.
Se trató de un período de relativo estancamiento en la construcción de nuevas grandes infraestructuras. El gran resurgir llegó con la apertura de la economía cubana a la inversión extranjera en la década de 1990.
Desde entonces, la península experimentó una explosión constructiva sin precedentes, especialmente en su punta norte, con decenas de hoteles Todo incluido de cadenas internacionales.
En la actualidad, el suelo artificializado con fines turísticos representa casi la mitad de la superficie de la península, y Varadero acoge a más de 40 por ciento de los turistas en Cuba.
Ese desarrollo masivo contrasta con su pasado de salinas y pescadores, y plantea otros desafíos geográficos y ambientales, como la presión sobre el frágil ecosistema costero y la erosión de las playas.
Sin embargo, el alma de Varadero, anclada en más de 135 años de historia desde aquella primera sociedad de Los decenviros, perdura bajo el sol del trópico, haciendo de esta estrecha lengua de tierra un fascinante palimpsesto (conservar huellas anteriores) .
Lugar donde cada capa de arena guarda la memoria de su transformación y cada día se renueva como destino turístico.
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