viernes 9 de octubre de 2026

Por qué Lula todavía puede ganar

Sao Paulo, Brasil (Prensa Latina) Existe una diferencia entre ir por delante y tener la elección ganada. Lula lo sabe. Sus adversarios también. Y las encuestas, en la recta final de la elección, confirman que la disputa sigue abierta.

Frei Betto*, colaborador de Prensa Latina

El dato más elocuente es el equilibrio en el enfrentamiento directo con Flávio Bolsonaro. La encuesta Datafolha del 2 de octubre situó a Lula con un 48 por ciento frente al 45 por ciento de Flávio en una eventual segunda vuelta. El sondeo Atlas/Bloomberg, divulgado días antes, registró prácticamente un empate: 47,6 por ciento para Lula y 47,7 por ciento para Flávio. Por su parte, la encuesta CNT/MDA señaló un 47,3 por ciento para Lula frente al 43,1 por ciento de su adversario.

Por lo tanto, decir que Lula no tiene posibilidades sería tan erróneo como afirmar que su victoria está asegurada. Lo que hay es una elección extraordinariamente competitiva, en la que algunos factores aún pueden favorecer al presidente.

El primero es el tamaño de su base electoral. Lula conserva una identificación política que ningún otro candidato de izquierda ha logrado construir a una escala similar. Cuenta con un electorado sólido entre los más pobres, en el Nordeste, entre los trabajadores de menores ingresos y entre sectores importantes del electorado católico. Datafolha muestra que la aprobación de la gestión presidencial es significativamente mayor entre los electores de bajos ingresos, los habitantes del Nordeste y los católicos.

Esto significa que Lula comienza la carrera hacia la segunda vuelta con un capital electoral difícil de erosionar. Su problema no es convencer a todos los brasileños, sino preservar su base y conquistar a una parte del electorado que no simpatiza con el PT, pero que podría preferirlo a él frente a su adversario.

El segundo factor es el rechazo que genera Flávio Bolsonaro. La elección no será solo un plebiscito sobre Lula; será también una elección sobre su adversario. Y, en una segunda vuelta, el elector que no desee votar por el presidente tendrá que decidir si traslada ese voto a Flávio.

Esta es una cuestión decisiva. El bolsonarismo sigue movilizando a un electorado fiel, pero también arrastra la herencia política de Jair Bolsonaro y un fuerte rechazo fuera de su propio campo. Flávio podría heredar el capital electoral de su padre, lo cual no excluye sus propias limitaciones.

Las elecciones brasileñas suelen decidirse menos por el entusiasmo de los militantes y más por la capacidad de un candidato para volverse aceptable ante quienes no lo consideran su primera opción.

El tercer factor es la economía. Aquí reside probablemente la mayor oportunidad, y también el mayor peligro, para Lula. El gobierno llega a las elecciones enfrentando críticas sobre el costo de vida, el precio de los alimentos, las tasas de interés y el endeudamiento. La encuesta de Datafolha de octubre registró una valoración negativa del gobierno del 41 por ciento, frente a una positiva del 35 por ciento.

Sin embargo, una elección no se decide únicamente por indicadores económicos, sino por la percepción que el elector tiene de su propia vida. Si en las últimas semanas prevalece la sensación de que el empleo, los ingresos y el consumo han mejorado, Lula podrá transformar la campaña en una comparación entre gobiernos. Si, por el contrario, predomina la sensación de estrechez económica, será el candidato de la oposición quien explote ese descontento.

El elector puede perdonar muchas cosas cuando siente que su vida ha mejorado, y rechazar casi todo cuando siente que ha empeorado.

¿Hacia dónde migrarán los votos de las candidaturas minoritarias? Lula podría atraer votos de electores que se identifican con la centroizquierda y con sectores democráticos del centro. Flávio, por su parte, intentará aglutinar a prácticamente todo el campo antipetista. Es ahí donde Lula necesita actuar más como candidato presidencial que como candidato del PT.

A sus 80 años, ya ha disputado y ganado elecciones en condiciones adversas. Posee una extraordinaria capacidad de comunicación popular, conoce el país y domina el lenguaje político como pocos. Su experiencia le permite transformar una elección aparentemente desfavorable en una disputa entre proyectos.

Su desafío, no obstante, consiste en no creer que el recuerdo de sus dos primeros gobiernos basta para garantizar el futuro. Una parte significativa del electorado joven no vivió aquel periodo como adulto. Para ese sector, Lula es una figura histórica. Es necesario, por tanto, ofrecer una razón actual para convencer al elector de que vote por él. Podría tratarse de la estabilidad frente a la aventura, la democracia frente a la radicalización, la protección social frente al retroceso y, sobre todo, de la comparación entre lo que el gobierno ofrece y lo que la oposición promete.

Lula todavía puede ganar porque la elección sigue abierta. Las encuestas muestran una contienda al límite del margen de error y la segunda vuelta tiende a reorganizar el escenario político. Hay electores que aún pueden cambiar el sentido de su voto.

La cuestión, por tanto, no es saber si Lula tiene posibilidades matemáticas de ganar. Las tiene. La cuestión política es si logrará transformar a su electorado fiel en una mayoría nacional. Si lo consigue, ganará una elección presidencial por cuarta vez.

En 2026, Lula se enfrentará al desgaste del poder, a la inflación percibida en los mercados y supermercados, al rechazo hacia el PT y al cansancio de una parte del electorado.

Y escribirá un nuevo capítulo de su historia que incluye una base social aún sólida y la posibilidad de que, en el momento decisivo, la mayoría prefiera la continuidad democrática a la aventura de un nuevo ciclo bolsonarista. Es por eso que Lula todavía puede ganar.

rmh/fb

* Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Leer más… Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.

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