sábado 4 de abril de 2026

Panorama electoral colombiano entre la especulación y las diferencias

Bogotá (Prensa Latina) Un total de 14 candidatos, posiciones al parecer irreconciliables entre cada una de las principales figuras en pugna y encuestas que no ayudan a dilucidar el desenlace, priman en Colombia a menos de nueve semanas de las elecciones presidenciales.

Por Ivette Fernández Sosa

Corresponsal jefa en Colombia

Los más recientes sondeos indican que Iván Cepeda, la apuesta del partido de izquierda Pacto Histórico, lidera la intención de voto al obtener entre un 35 y un 37 por ciento del apoyo ciudadano.

También las pesquisas muestran un crecimiento del respaldo a la candidata de derecha Paloma Valencia, en representación del Centro Democrático, es decir, del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), tras las consultas interpartidistas en las que obtuvo más de tres millones de votos.

De acuerdo con la encuesta en marzo de Guaramo y Ecoanalitica, financiada por diario El Tiempo, la aún senadora tiene ya un 19,9 por ciento de intención de voto (pasó de tener un 6,9 por ciento en enero a 10 por ciento en febrero), mientras que el candidato de ultraderecha, Abelardo De la Espriella, le saca un margen estrecho del 20,2 por ciento.

Si bien los sondeos daban desde hace tiempo a este último como uno de los favoritos, a juzgar por las entrevistas a la ciudadanía, ahora pierde terreno frente a Valencia. De la Espriella es una figura polémica aún para los sectores más conservadores de Colombia.

Sus comentarios de que sacará a la nación del sistema de Naciones Unidas, la negativa (hasta el momento) de asociarse con los partidos tradicionales para erigirse como una figura alejada de toda política convencional o el pronunciamiento de que militarizaría las ciudades, son vistos con recelo incluso por algunos de los más convencidos derechistas.

Quizás el suceso que más suspicacia arrojó sobre su transparencia fue que, de las más de cinco millones de firmas que aseguró haber recogido para avalar su campaña, solo pudieron ser confirmadas por la Registraduría poco menos de dos millones, y tuvieron que invalidar más de tres millones de esas rúbricas.

Aún así ganó el apoyo suficiente para inscribirse dentro de las candidaturas y ahora acusa a las encuestadoras, que revelan un estancamiento de su campaña, de estar políticamente motivadas y de favorecer de manera deliberada a otros aspirantes.

LA POSIBILIDAD DE UN BALOTAJE

Para ganar la presidencia de Colombia en primera vuelta el 31 de mayo, un candidato necesita obtener la mitad más uno de todos los votos válidos.

Al tratarse de 14, analistas advierten sobre grandes posibilidades de la necesidad de una segunda vuelta de los sufragios que se celebraría el 21 de junio, tres semanas después de la primera.

Algunos expertos dan por sentado que Cepeda sería uno de los dos que llegue a la celebración de un eventual balotaje.

Basan su hipótesis no solo en los sondeos que lo sitúan a la cabeza de la intención de voto, sino por el respaldo abrumador obtenido por el Pacto Histórico en los comicios legislativos, gracias a lo cual consiguió 40 curules a la Cámara de Representantes y 25 al Senado, y se erige como la fuerza política más numerosa en el Congreso para el periodo 2026-2030.

Por otra parte, al tener en este punto tanto Valencia como De Espriella cerca del 20 por ciento de respaldo, según encuestas, determinados politólogos vaticinan que en una segunda vuelta cualquiera de ellos estaría cerca o superaría el 40 por ciento del apoyo de la ciudadanía, lo que anticiparía una estrecha puja con Cepeda.

Lo cierto es que esas mediciones están lejos de ser lineales y las pesquisas han demostrado en ciertos casos ser tan fidedignas en sus pronósticos como los augurios de los astrólogos.

Sea como fuere, las campañas marchan actualmente a todo tren y algunos de los partidos tradicionales, dígase Conservador y el de derecha Cambio Radical, aseguran que harán públicas sus adhesiones tras la pausa de Semana Santa.

Es de suponer sin embargo que, frente a la negativa De la Espriella de contar con el apoyo de las organizaciones tradicionales, estas colectividades declaren su preferencia hacia Valencia quien, además, demuestra abiertamente su afán por ganar el afecto de sectores de centro.

Debido a la dispersión de los aspirantes y a las posiciones irreconciliables que parecen predominar entre ellos, todo sigue aún en el terreno de la especulación en Colombia.

No obstante, se cree que las alianzas y la capacidad de cada uno de los aspirantes de sumar adeptos más allá de los fieles, serán claves en la recta final de la contienda en la que se dirimirá si el país sigue la senda del progresismo que marcó la administración de Gustavo Petro u opta por regresar al carril de la derecha.

PROYECTOS DIFERENTES

Un repaso de las propuestas de cada uno de los hasta hoy principales contendientes revela grandes diferencias en cada uno de sus proyectos.

Iván Cepeda, por ejemplo, promete avanzar en la entrega de tierras a campesinos y comunidades rurales, asegura que tomará medidas que contribuyan a reducir la desigualdad y aboga por mejorar el acceso universal y gratuito a la educación y a la salud.

Según afirma, buscará convertir a Colombia en una potencia agroalimentaria y priorizará el desarrollo de un modelo productivo en el cual un pilar central sea una redistribución de la riqueza más equilibrada.

El candidato del Pacto Histórico sostiene que defenderá del legado del Acuerdo de Paz de 2016, insistirá en la búsqueda de una salida negociada a los conflictos actuales, a la par que apoyará las acciones de reparación integral de las víctimas del conflicto armado.

Valencia, por su parte, tiene entre sus ejes prioritarios fortalecer la cooperación en seguridad con Estados Unidos.

Entre sus ambiciones está la de integrar el llamado Escudo de las Américas, la estrategia que el gobierno de Washington asegura está diseñada para combatir el crimen trasnacional, pero a la que algunos politólogos califican como una nueva herramienta hegemónica cuyo fin sería supeditar a sus propios intereses a América Latina y el Caribe.

Propone sustituir la política de Paz Total, defendida por la actual administración, por una de confrontación con los grupos armados, y también buscará modificar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal de justicia transicional creado tras el Acuerdo de 2016 entre las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Gobierno.

Además, encuentra pertinente reducir el tamaño del Estado, así como rebajar impuestos al sector productivo para promover, según alega, un modelo sin “odio de clases”.

De la Espriella basa su campaña en lo que denomina como una “contrarrevolución” política, económica y social.

Pretende construir diez megacárceles ubicadas en lugares remotos para criminales de alta peligrosidad, bombardeará y fumigará con glifosato (una sustancia que según autoridades sanitarias del país es muy nociva para la salud y contaminante para el suelo) los campamentos de los grupos armados y eliminará la JEP.

El ultraderechista afirma que reducirá la burocracia estatal para priorizar la propiedad privada y eliminará el impuesto a la gasolina y el gravamen a los movimientos financieros.

Una de sus propuestas es la explotación intensiva del subsuelo (hidrocarburos y minería) como motor económico principal.

Presenta lo que denominó como un “Plan Patriota” en conjunto con Estados Unidos e Israel para obtener presupuesto, entrenamiento y tecnología de punta (como drones e inteligencia artificial) destinada a fortalecer a la Fuerza Pública colombiana, en tanto profesa su admiración por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio.

arb/ifs

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