domingo 1 de febrero de 2026

La “cierta neutralidad” de Uruguay entre EEUU y Venezuela

Montevideo (Prensa Latina) Los aprestos de guerra de Estados Unidos hacia Venezuela provocaron reacciones de organizaciones políticas y sociales de Uruguay, cuyo gobierno fue cuestionado por guardar silencio en tales circunstancias.

Por Orlando Oramas León

Corresponsal jefe en Uruguay

El PIT-CNT rechazó las amenazas militares de Washington contra Caracas e instó a la administración del presidente Yamandú Orsi a tomar postura.

Una declaración de la central sindical rechaza la presencia de una fuerza naval de Estados Unidos cerca de las costas venezolanas.

También estima una violación a la soberanía la declaración del presidente Donald Trump, que considera cerrado el espacio aéreo venezolano cual preludio de ataques terrestres y agresiones navales.

“Ningún gobierno puede mantenerse en silencio ante tan brutal atropello”, dice el pronunciamiento. Por ello, subraya que “sería deseable que nuestro gobierno tuviera una posición clara al respecto y la expresara públicamente”.

No es para menos el señalamiento. El presidente Orsi ha evitado referirse a la flota de guerra desplegada por Trump en el Caribe, y los ataques contra una veintena de lanchas civiles con saldo de unos 80 muertos.

En reciente respuesta a un periodista, el mandatario uruguayo se limitó a opinar que lo preocupante fuera “el uso de armas atómicas”, lo que de hecho relativiza los peligros para la paz en la región y el derecho a la soberanía que asiste a Venezuela.

Al menos en esos términos lo plantea el movimiento obrero uruguayo, cuya declaración considera que Washington busca derrocar al presidente Nicolás Maduro bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.

Son afirmaciones que se repiten en otras declaraciones divulgadas aquí, que denuncian la pretensión estadounidense de convertir a Latinoamérica y el Caribe en escenario de guerra.

MAYOR DESPLIEGUE MILITAR

Así lo expresó la Internacional Antifascista capítulo uruguayo, que se declaró en alerta ante cualquier aventura bélica estadounidense en la región.

Sobre todo, dijo, cuando en las últimas semanas el Pentágono trasladó a aguas del Caribe el portaaviones Gerald Ford, barcos destructores, aviones de guerra, y más de 15 mil soldados.

Calificó esta demostración de fuerza como el mayor despliegue militar de Estados Unidos en Latinoamérica desde la invasión a Panamá en 1989.

El derecho internacional determina que el espacio aéreo de Estados soberanos está bajo control de ese propio país. Ningún país tiene la potestad de cerrar el espacio aéreo de otro, sostuvo la declaración.

Subrayó que las acciones estadounidenses atentan contra la Carta de la ONU, el Convenio de Chicago de 1944 sobre aviación civil internacional y las resoluciones de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Constituye una real y creciente amenaza de traer la guerra a nuestro continente, concluye.

Por su parte una declaración del Partido Comunista Uruguayo (PCU) recuerda que Trump también autorizó a la Agencia Central de Inteligencia a realizar acciones encubiertas dentro del territorio venezolano.

Añade que con la excusa de combatir el narcotráfico, Estados Unidos asesinó a decenas de personas, sin ninguna prueba, cerca de las costas de Venezuela en el Caribe y las de Colombia en el Pacífico.

El llamamiento del PCU recoge la denuncia de Cuba sobre afectaciones en la isla caribeña por “importantes interferencias electromagnéticas provenientes de la flota de guerra yanqui”.

LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE, ZONA DE PAZ

El PCU exige respeto al Tratado de Tlatelolco que, desde 1967, declaró América Latina y el Caribe como zona libre de armas nucleares y la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) del 2014, “ambas violadas por Estados Unidos hoy”.

El texto concluye con una convocatoria “a todas las organizaciones populares a estar alertas para desplegar las acciones de solidaridad necesarias en el momento que se requieran”.

Son estos pronunciamientos que el presidente de Uruguay evita, lo cual hace suponer que prioriza cuidar las relaciones con Washington. Pero también hace pensar en cómo será la presidencia pro tempore que ejercerá Uruguay en la Celac el próximo año.

Por lo pronto, el canciller Mario Lubetkin instó a rebajar la tensión en el Caribe sin mencionar a víctimas ni victimarios.

Lubetkin adelantó el propósito a futuro del gobierno uruguayo de mediar en conflictos internacionales, sobre lo que el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, dijo a Prensa Latina que “no hay ningún conflicto en mente” al respecto.

La vicecanciller Valeria Csukasi dijo que “tomar un rol de mediación y diálogo” requiere “activar canales de conversación a otros niveles”.

Eso te obliga a tener cierta neutralidad en un potencial conflicto, a pesar de que te van a estar tironeando de todos lados para pronunciarte”, expresó en entrevista televisiva.

Parece una fórmula no señalar al agresor, recusar al agredido (el gobierno uruguayo desconoce al de Venezuela), y hacer mutis sobre el asunto, mientras la flota de guerra de Trump ondea con patente de corso en el Caribe.

arb/ool

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