viernes 10 de julio de 2026

Fidel Castro y Panamá: conexión y soberanía (+Fotos +Video)

Ciudad de Panamá (Prensa Latina) La relación entre la Revolución cubana y Panamá constituye uno de los capítulos más singulares de la historia política latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX.
Por:
Mario Hubert Garrido
Corresponsal jefe en Panamá

A lo largo de más de seis décadas, ambos países atravesaron etapas de acercamiento, distanciamiento y cooperación, determinadas por los cambios geopolíticos del continente, la influencia de Estados Unidos sobre el Canal de Panamá y sobre todo el liderazgo de figuras como Fidel Castro Ruz (1926-2026) y Omar Torrijos Herrera (1929-1981).

PUNTO DE PARTIDA

Antes de la etapa revolucionaria que marcaría las relaciones entre ambos países, el joven estudiante de Derecho realizó su primera visita al istmo en 1948. Tenía apenas 21 años y llegó a Panamá como parte de una delegación de estudiantes cubanos que participaría en actividades políticas y estudiantiles vinculadas al clima de agitación que vivía América Latina.

Su estancia coincidió con un momento de gran efervescencia política en la región. En la Ciudad de Panamá se celebraban reuniones paralelas a la Novena Conferencia Internacional Americana, de la que surgiría la Organización de los Estados Americanos.

Diversos movimientos estudiantiles y organizaciones juveniles latinoamericanas promovían un congreso alternativo de carácter antiimperialista, al que asistieron jóvenes dirigentes de distintos países, entre ellos, Fidel.

Durante esos días, el joven cubano estableció contactos con dirigentes estudiantiles panameños y conoció de primera mano la realidad política y social del país, particularmente el sentimiento nacionalista en torno a la presencia estadounidense en la Zona del Canal. Aquella experiencia reforzó sus ideas sobre la soberanía nacional y la unidad latinoamericana, temas que más tarde serían ejes centrales de su pensamiento político.

Aunque su permanencia en Panamá fue breve, esta visita constituyó el primer vínculo directo de Fidel Castro con este país centroamericano y con sus movimientos nacionalistas.

Una década después, tras el triunfo de la Revolución cubana, esa relación adquiriría una dimensión diplomática y estratégica que influiría significativamente en la historia política de ambos países.

Este episodio de 1948 representa, por tanto, el punto de partida de una relación que evolucionaría desde los contactos estudiantiles y políticos hasta convertirse en una de las conexiones más relevantes entre Cuba y Panamá durante la segunda mitad del siglo XX.

REVOLUCIÓN TRIUNFANTE

En los primeros meses posteriores al triunfo revolucionario, Panamá reconoció al nuevo gobierno cubano y mantuvo relaciones diplomáticas en un contexto marcado por la expectativa regional de profundas transformaciones políticas. Sin embargo, el rápido deterioro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos también repercutió sobre los vínculos bilaterales.

La ruptura del orden interamericano tras la Revolución cubana, la creación de nuevas alianzas hemisféricas y la creciente polarización ideológica obligaron a numerosos gobiernos latinoamericanos, con excepción de México, a redefinir sus posiciones frente a La Habana.

Panamá no escapó a ese escenario, aunque procuró mantener espacios de diálogo que, con diferentes matices, sobrevivieron a los cambios de gobierno.

IMPACTOS EN PANAMÁ

La victoria de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959 tuvo una amplia repercusión en Panamá, donde el proceso encabezado por Fidel Castro Ruz fue seguido desde sus primeras etapas por organizaciones populares, estudiantiles, sindicales y fuerzas políticas de izquierda.

Según explicó a Prensa Latina el abogado, catedrático e investigador Jaime Flores, las acciones desarrolladas por el Movimiento 26 de Julio desde la Sierra Maestra eran observadas con especial interés por sectores que enfrentaban en el istmo una compleja realidad social, marcada por profundas desigualdades, limitaciones políticas y una creciente movilización popular.

De acuerdo con el académico, aquellos acontecimientos ocupaban espacios en la prensa nacional, mientras las informaciones procedentes de Cuba alimentaban el debate político en universidades, sindicatos y organizaciones sociales.

La atención también se concentraba en el liderazgo de Fidel Castro y en la capacidad del Ejército Rebelde para enfrentar a las fuerzas del régimen de Fulgencio Batista, respaldadas militarmente por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría.

Flores recordó que el triunfo revolucionario despertó entusiasmo entre diversos sectores panameños. Como parte de ese interés, los discursos de Fidel Castro comenzaron a reproducirse mediante mimeógrafos y circularon ampliamente para su estudio en organizaciones políticas y movimientos sociales.

La influencia del proceso cubano encontró una temprana expresión en abril de 1959 con el levantamiento del Cerro Tute, en la provincia de Veraguas, donde integrantes del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) intentaron desarrollar una experiencia guerrillera inspirada en la Revolución cubana.

Ese episodio tuvo lugar en un escenario de fuerte tensión política y social. Un año antes, durante la Gesta Patriótica de Mayo de 1958, varios estudiantes habían perdido la vida en acciones represivas, mientras crecían las demandas por mayores libertades democráticas, justicia social y transformaciones estructurales.

Para Flores, el ejemplo de la Revolución cubana también fortaleció el pensamiento anticolonial en Panamá, un país que mantenía bajo jurisdicción estadounidense la denominada Zona del Canal, enclave establecido tras la firma del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 y rechazado durante décadas por amplios sectores de la sociedad panameña.

Los pronunciamientos de Fidel Castro en defensa de la soberanía de los pueblos y contra el colonialismo y el intervencionismo encontraron eco en un movimiento nacional que reclamaba la recuperación plena de la jurisdicción panameña sobre la vía interoceánica y el fin de la presencia colonial en ese territorio.

El investigador considera que esa influencia trascendió el ámbito político y contribuyó a consolidar una agenda de reivindicaciones populares centrada en la defensa de la soberanía nacional, la participación ciudadana, la reducción de las desigualdades sociales y el combate contra la pobreza y la corrupción.

Añadió que esas demandas adquirieron una nueva dimensión tras el proceso político iniciado en 1968 bajo el liderazgo del general Omar Torrijos Herrera, cuya administración impulsó la organización de amplios sectores populares y colocó como prioridad nacional la recuperación del Canal de Panamá.

Ese proceso alcanzó uno de sus principales hitos el 7 de septiembre de 1977 con la firma de los Tratados Torrijos-Carter, que establecieron el fin del enclave colonial en la Zona del Canal y el cronograma para la transferencia de la vía interoceánica a la plena soberanía panameña.

A juicio de Flores, la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro constituye uno de los acontecimientos internacionales que mayor influencia ejerció sobre la evolución del pensamiento político panameño durante la segunda mitad del siglo XX, especialmente en las luchas por la soberanía, la autodeterminación y la justicia social.

EL CANAL, VISIÓN COMPARTIDA

Uno de los temas que aproximó gradualmente a Cuba y Panamá fue la reivindicación de la soberanía panameña sobre el Canal.

Desde comienzos de la década de 1960, Fidel Castro expresó en diversas intervenciones públicas que la presencia estadounidense en la Zona del Canal representaba un vestigio del colonialismo en América Latina. Para el dirigente cubano, la recuperación plena de ese territorio constituía una causa de alcance continental.

Los acontecimientos del 9 de enero de 1964, cuando enfrentamientos entre estudiantes panameños y tropas estadounidenses provocaron la muerte de más de una veintena de personas, marcaron un punto de inflexión.

Cuba manifestó solidaridad con Panamá y denunció los hechos en distintos foros internacionales, presentándolos como una expresión de la lucha latinoamericana por la autodeterminación.

Aunque ambos gobiernos mantenían diferencias en otros ámbitos, la cuestión canalera favoreció una coincidencia política que con el paso de los años se consolidaría.

EL ASCENSO DE OMAR TORRIJOS

La llegada del general Omar Torrijos Herrera al liderazgo panameño modificó significativamente el panorama bilateral. Impulsó una política exterior independiente, orientada a fortalecer la presencia internacional de Panamá y a obtener el reconocimiento mundial de la reivindicación canalera.

Fidel Castro encontró en ese proceso un punto de convergencia con la política exterior cubana, centrada en la defensa de la soberanía nacional y la oposición a toda forma de dominación extranjera.

Aunque sus sistemas políticos eran diferentes y respondían a realidades nacionales distintas, ambos dirigentes establecieron una relación de respeto personal que sería reconocida posteriormente por numerosos diplomáticos latinoamericanos.

Es notoria la intervención de Torrijos durante la celebración en Panamá del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el 15 de marzo de 1973, panel en el que expresó su rechazo al bloqueo impuesto por Estados Unidos a la isla.

“Cada hora de aislamiento que sufre el hermano pueblo de Cuba constituye sesenta minutos de vergüenza hemisférica”, remarcó.

En esta histórica intervención, Torrijos también dejó otra reflexión sobre las acciones de presión política al afirmar: “Los bloqueos y las presiones deben avergonzar más a quien los ejerce que a quien los recibe”.

UN DIÁLOGO PERMANENTE

Durante la década de 1970 comenzaron a multiplicarse los contactos entre representantes de ambos gobiernos.

Las conversaciones abordaban asuntos vinculados con la integración latinoamericana, la cooperación internacional, el Movimiento de Países No Alineados y la situación política del continente.

Panamá adquiría creciente protagonismo en los organismos multilaterales al impulsar la negociación con Washington para recuperar el Canal, mientras Cuba fortalecía su presencia diplomática en África, Asia y América Latina.

Ese contexto permitió desarrollar mecanismos de cooperación política que trascendían las diferencias ideológicas existentes en la región.

RESPALDO CUBANO A LA CAUSA PANAMEÑA

Cuando las negociaciones entre Panamá y Estados Unidos avanzaron hacia la firma de nuevos acuerdos sobre el Canal en 1977, Cuba brindó un respaldo político constante en escenarios internacionales.

La posición cubana defendía que el Canal debía quedar bajo jurisdicción panameña y que la presencia militar extranjera debía concluir conforme a un calendario acordado.

Diversos analistas consideran que el apoyo diplomático de La Habana contribuyó a reforzar la legitimidad internacional de la posición panameña dentro del llamado Tercer Mundo y del Movimiento de Países No Alineados.

El académico y exasesor de Torrijos, el diplomático Julio Yao, reveló a Prensa Latina que el propio Comandante en Jefe le pidió acudir a la embajada de La Habana en el istmo para conversar telefónicamente e interesarse por la marcha de los acuerdos.

TRATADOS TORRIJOS-CARTER

La firma de los Tratados Torrijos-Carter, el 7 de septiembre de 1977, representó uno de los acontecimientos políticos más trascendentes para Panamá durante el siglo XX.

Fidel Castro saludó públicamente el acuerdo como una victoria histórica del pueblo panameño, al considerar que abría el camino para la recuperación gradual del Canal y el fin de un prolongado período de administración extranjera sobre ese enclave estratégico.

La restitución definitiva del Canal, concretada el 31 de diciembre de 1999, sería interpretada posteriormente por el gobierno cubano como la culminación de una lucha sostenida durante varias generaciones de panameños.

RELACIÓN DE RESPETO POLÍTICO

A finales de la década de 1970, las relaciones entre Cuba y Panamá atravesaban uno de sus momentos más estables.

La cooperación diplomática se extendía a numerosos temas regionales y ambos gobiernos coincidían en la necesidad de fortalecer la unidad latinoamericana frente a los desafíos económicos y políticos de la época.

La muerte de Omar Torrijos, ocurrida el 31 de julio de 1981 en un supuesto accidente aéreo, que algunos atribuyen a un plan de la CIA para aniquilarlo, provocó una amplia reacción internacional.

Fidel Castro expresó públicamente sus condolencias y calificó al líder panameño como un hombre comprometido con la dignidad nacional y la defensa de la soberanía de su país.

Con el fallecimiento de Torrijos concluía una etapa particularmente significativa en las relaciones entre Cuba y Panamá.

Sin embargo, los vínculos construidos durante aquellos años continuarían influyendo en la política bilateral durante las décadas siguientes, en un escenario regional marcado por nuevas tensiones, la crisis centroamericana, la invasión estadounidense a Panamá en 1989.

Y, finalmente, la visita de Fidel Castro a la X Cumbre Iberoamericana del año 2000, donde tendría lugar un atentado frustrado en el Paraninfo de la Universidad de panamá.

INVASIÓN ESTADOUNIDENSE

La madrugada del 20 de diciembre de 1989, fuerzas militares estadounidenses iniciaron la operación denominada Causa Justa, con el propósito declarado de capturar al general Manuel Antonio Noriega, proteger a ciudadanos estadounidenses, garantizar la seguridad del Canal y respaldar al gobierno electo de Guillermo Endara.

La intervención movilizó cerca de 27 mil soldados estadounidenses, apoyados por unidades ya estacionadas en la Zona del Canal. Los combates se concentraron principalmente en Ciudad de Panamá, El Chorrillo, Río Hato, San Miguelito y otras instalaciones estratégicas.

Las cifras oficiales estadounidenses reportaron más de 20 militares estadounidenses muertos y alrededor de 300 heridos. En cuanto a las víctimas panameñas, las estimaciones continúan siendo motivo de debate: los registros oficiales hablan de varios centenares de fallecidos, mientras que organizaciones de derechos humanos y algunas comisiones independientes han sostenido que el número total pudo haber sido considerablemente mayor.

REACCIÓN DE CUBA

Desde La Habana, Fidel Castro condenó la intervención militar y la calificó como una violación del derecho internacional y de la soberanía panameña.
Denunció la operación en foros multilaterales y expresó solidaridad con la población civil afectada por los combates.

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó posteriormente una resolución que deploró la intervención militar extranjera en Panamá, reflejando el amplio debate internacional que generó.

Tras la captura del general Manuel Antonio Noriega y la instalación del gobierno encabezado por Guillermo Endara, Panamá inició un complejo proceso de reconstrucción institucional.

Durante la década de 1990, el país concentró sus esfuerzos en la consolidación democrática, la modernización económica y la preparación para la transferencia definitiva del Canal de Panamá, prevista en los Tratados Torrijos-Carter.

En paralelo, las relaciones diplomáticas entre Cuba y Panamá comenzaron gradualmente a normalizarse.

LA RECUPERACIÓN DEL CANAL

El 31 de diciembre de 1999 Panamá asumió plenamente la administración del Canal, culminando un proceso iniciado más de dos décadas antes.
Para América Latina, aquel acontecimiento representó uno de los mayores éxitos diplomáticos del siglo XX.

Fidel Castro saludó la recuperación del Canal como una victoria histórica del pueblo panameño y recordó el papel desempeñado por Omar Torrijos en la negociación de los tratados que hicieron posible la transferencia.

La administración panameña pasó a manos de la Autoridad del Canal de Panamá, iniciando una etapa caracterizada por la gestión nacional de una de las rutas comerciales más importantes del mundo.

LA CUMBRE Y EL ATENTADO

A menos de un año de haber asumido plenamente la administración del Canal, Panamá enfrentó en noviembre de 2000 uno de los mayores desafíos de seguridad de su historia reciente.

La celebración de la X Cumbre Iberoamericana reunió en la capital panameña a más de una veintena de jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos, el presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, cuya presencia concentró buena parte de la atención política y mediática del encuentro.

El gobierno de la presidenta Mireya Moscoso desplegó un amplio operativo de seguridad para proteger a las delegaciones oficiales, en un contexto internacional marcado por las tensiones políticas derivadas de la Guerra Fría y por la persistencia de grupos anticastristas radicados principalmente en el sur de Estados Unidos.

Desde su llegada a Panamá, Fidel Castro sostuvo reuniones bilaterales y participó en las actividades oficiales de la Cumbre.

Sin embargo, pocas horas después de su arribo, la delegación cubana informó a las autoridades panameñas que había recibido información de inteligencia sobre un presunto plan para atentar contra la vida del mandatario durante una conferencia programada en el Paraninfo de la Universidad de Panamá.

El principal auditorio de la también llamada Casa de Méndez Pereira, en honor a su fundador, había sido escogido como sede de una conferencia magistral que Fidel Castro ofrecería ante académicos, estudiantes, dirigentes sociales, invitados internacionales y representantes de la prensa.

Centenares de personas comenzaron a llegar desde horas tempranas, mientras otras permanecían en las áreas exteriores del campus universitario.
El dispositivo de seguridad fue reforzado conforme avanzaban las investigaciones.

Tras la denuncia de Fidel, el 17 de noviembre de 2000, las autoridades panameñas realizaron un operativo que culminó con la detención de los cuatro autores del frustrado atentado, los ciudadanos cubano-estadounidenses Luis Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll, Pedro Remón Rodríguez y Gaspar Jiménez Escobedo.

Los cuatro fueron puestos a disposición de las autoridades judiciales para ser investigados por delitos relacionados con la seguridad pública y con el plan denunciado por la delegación cubana.

La noticia se difundió rápidamente en América Latina, Europa y Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los principales temas informativos de la Cumbre.

Durante los allanamientos efectuados, fueron decomisados diversos materiales que pasaron a formar parte del expediente judicial. Entre ellos figuraban documentos, equipos de comunicación y otros elementos que serían sometidos a análisis pericial.

Las autoridades también investigaron la existencia de sustancias explosivas y otros materiales cuya naturaleza y destino fueron objeto de examen durante el proceso judicial.

La valoración de esas pruebas constituyó uno de los aspectos centrales del juicio desarrollado en los años siguientes.

Pese a la denuncia y a la investigación en curso, Fidel Castro decidió mantener su conferencia en el Paraninfo. El acto se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad y congregó a centenares de asistentes.

Durante varias horas, el dirigente cubano abordó temas relacionados con la integración latinoamericana, la deuda externa, la globalización, la cooperación Sur-Sur y los desafíos políticos de la región.

No se registraron incidentes durante la actividad.

Cuatro años después, a pesar de contar con todas las evidencias necesarias, el 15 de agosto de 2004, la presidenta panameña, Mireya Moscoso, antes de concluir su mandato, indultó a los cuatro terroristas presos condenados por preparar el atentado.

La medida del Ejecutivo suscitó protestas en Centroamérica, desató una crisis entre ambos países y condujo a que el gobierno de La Habana rompiera las relaciones diplomáticas, que fueron restablecidas en 2005, durante la presidencia de Martín Torrijos.

arb/ga

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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