Por Zeus Naya
Corresponsal jefe en Guatemala
Estamos ante una emergencia lingüística que requiere decisiones inmediatas, subrayó el intelectual, en un llamado a cuidar ese tesoro, pues hay 10 declarados con mayor riesgo de desaparecer (entre ellos itza’, tektiteko y mopán).
En el caso del kaqchikel, el Censo General de 2002 reflejó que aproximadamente el 47 por ciento de los niños de cinco a nueve años lo hablaban, expuso quien proviene de una familia de esa comunidad, en Tecpán, departamento de Chimaltenango.

En 2018 la proporción descendió a alrededor del 27 por ciento, lo que representa una reducción cercana a la mitad en apenas 16 años, señaló el especialista, nominado al galardón Guatemaltecos Ilustres 2026 en la categoría Social.
Cómo vislumbramos el cambio generacional ahí, preguntó, mientras expresó que “resistimos cinco siglos, pero estos últimos cuatro lustros nos están comiendo exactamente”.
En la justicia, educación y la salud, el poder sigue hablando en español. Entre el reconocimiento en la ley y la realidad cotidiana existe una brecha profunda, remarcó Raxche’ Rodríguez.
CONTEXTO
Ejemplificó que la mamá de una compañera para sacar su Documento Personal de Identificación fue al Registro Nacional de la Personas en Tecpán, pero nadie la pudo atender en su idioma y le dijeron que fuera otro día.
Después le sucedió lo mismo y llamó a su hija, quien les advirtió que si no prestaban el servicio llegarían con periodistas y de otras dependencias e iban a armar un escándalo, describió en entrevista con Prensa Latina.
Corrieron y buscaron a alguien para que la atendieran. Estoy seguro que allí trabajan jóvenes que son descendientes, aunque dejaron de hablar el kaqchikel o a lo mejor los directivos les dicen que es solo en español, afirmó Rodríguez.
Contó, por otro lado, que la Universidad San Carlos tiene más presupuesto que el organismo judicial y de sus 200 a 400 cursos libres anualmente, pocos responden a la diversidad cultural y lingüística de Guatemala.
Un uno por ciento es mucho; enseñan ruso, mandarín, inglés, pero de nuestros idiomas dos, lo cual es increíble, consideró el escritor, traductor y defensor autodidacta de los derechos de los pueblos indígenas.
Está la Constitución, una buena normativa (el Acuerdo 320-2011, Reglamento de la Ley de Idiomas Nacionales), tenemos los programas de estudio en todo el sector, lo que sobre todo el tema requiere visión de hacia dónde queremos llevar la sociedad, comentó.
Es obligación del sistema de educación (público, privado, escolar y extraescolar), enseñar un segundo idioma.
LA EDICIÓN
Rodríguez reconoció que muchas veces se ve la edición y traducción a lenguas indígenas que realiza como un ejercicio técnico, pero en el contexto de esos pueblos ancestrales resulta un acto político.
Esa labor -explicó- transforma el panorama de exclusión que históricamente existió en el país. Antes de contenidos curriculares, empieza la lectura lúdica (por placer, entretenimiento y diversión), acotó.
No tenemos suficientes libros en nuestros propios idiomas para leer de esa manera, puntualizó en sus palabras a esta agencia. Reveló que el primero en kaqchikel que llegó a sus manos fue a los 20 años.
Entonces digamos que acercarnos al tema de la edición es como descolonizar el conocimiento. Empecé con una Agenda Maya y ya tenemos 36 años y ha sido un éxito, amplió quien ayudó a fundar 18 escuelas normales bilingües.
Otra cosa que influye son las rivalidades históricas, que pasados 500 años ya no deberían existir. Mi cerebro tiene un sistema operativo kaqchikel (con cosmovisión bien arraigada) pero la Agenda Maya, que es mi primer trabajo, está en k’iche’, puntualizó.
Porque en principio propusimos que fuera el idioma en el cual se mantuvo más el calendario, el más hablado, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y la Academia de las Lenguas Mayas, argumentó.
En Guatemala naturalizamos la exclusión de los idiomas, la cultura y la historia de los pueblos indígenas, sentenció Rodríguez, con una vida dedicada a impulsar la educación bilingüe.
CAMBIOS URGENTES
Primero es monumental nuestra ignorancia como sociedad de los idiomas mayas y cómo darles soporte. Lo de los cambios es algo muy profundo y desafiante, enfatizó.
Conviene estructurarlos en dos planos: reformas estructurales y de mentalidad social, que tocan tanto lo institucional como lo cultural, añadió el director de la Editorial Maya’ Wuj.
Debemos reconocer el problema, que no obstante a las leyes y acuerdos, la brecha sigue siendo amplia.
Favorecería -valoró- un sistema de justicia multilingüe: intérpretes capacitados y jueces que admitan la validez de procesos en k’iche’, q’eqchi (segundo más hablado), kaqchikel, mam y otros.
Instó a entender la diversidad lingüística como riqueza patria, no como obstáculo, y combatir prejuicios con campañas públicas en la radio y televisión.
Necesitamos un referente positivo y por eso condicionamos que, si todos los funcionarios públicos tuvieran un mandato legal en el cual ellos tengan sí o sí que saludar en los idiomas del lugar, eso va a iniciar cambios profundos y empatía con quienes poseen el español como segunda lengua, reflexionó.
Si no es un idioma de la escuela desde la preprimaria hasta la universidad, si no es de los medios de comunicación, si no es un idioma de los servicios públicos, no va a trascender, aseveró el intelectual.
Hay que partir de una concepción, de la defensa de la identidad. El dirigente Amílcar Cabral dijo que el acto más revolucionario de un miembro de un pueblo colonizado es practicar su cultura, recordó.
Planteó que las redes sociales permiten que las lenguas mayas ganen visibilidad en Internet, también las páginas educativas, diccionarios digitales, bibliotecas virtuales, música, videos y aplicaciones de aprendizaje.
De cualquier modo, insistió el analista, nada ayuda más que el papel de las familias, las comunidades y el Estado en la transmisión cotidiana de los idiomas.
Este territorio centroamericano sobresale por tener la más alta densidad lingüística de América en relación con su tamaño, algo a conservar, un activo estratégico para su futuro.
Los idiomas indígenas son considerados Patrimonio Cultural de Guatemala, sin ellos desaparecen nombres de plantas medicinales, oraciones ceremoniales, leyendas y la forma única en que cada pueblo entiende y clasifica el tiempo y el universo.
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