domingo 29 de marzo de 2026

El Neptuno vigilante que aprecian los turistas en Cuba

La Habana (Prensa Latina) Hay en La Habana, la capital cubana, un Neptuno vigilante que otea el panorama, y aparece como una de las estatuas más sobresalientes en su vínculo con el turismo fotográfico. Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

Colocada en el Malecón, frente a las fortalezas coloniales del Morro y La Cabaña, constituye símbolo que todos quieren conocer y tomarse una imagen que guarden en los archivos de viaje.

Neptuno es el dios romano del mar, los océanos y los terremotos, equivalente al Poseidón griego.

Hijo de Saturno y Ops, y hermano de Júpiter, se le representa como un hombre barbudo con un tridente, símbolo de su poder para agitar las aguas y provocar sismos. Originalmente asociado con el agua dulce, su culto incluía las Neptunalias en pleno verano, muy relevante para Cuba.

Es un símbolo mitológico de relevancia para una ciudad como La Habana, cosmopolita y arropada por variopintos colores.

NEPTUNO PROPIO PARA LA HABANA

La majestuosa estatua de Neptuno, dios de los mares en la mitología romana, que se erige sobre el Malecón habanero, constituye uno de los monumentos escultóricos más emblemáticos y fotogénicos de la capital cubana.

Esta imponente figura mira hacia el Mar, como un guardián mitológico de la ciudad costera. Su presencia conecta el imaginario clásico europeo con el paisaje urbano caribeño, al crear un diálogo cultural único entre el Viejo Mundo y La Habana.

La obra, esculpida en mármol blanco de Carrara, representa a esa divinidad en toda su magnificencia: un hombre maduro y musculoso, con barba, sosteniendo su tradicional tridente en la mano derecha, mientras que con la izquierda parece dominar las olas.

A sus pies, delfines y otros elementos marinos completan la composición que refuerza su dominio sobre las aguas. Con una altura total de aproximadamente 3,5 metros (incluido su pedestal), la estatua se convierte en un punto focal del paseo marítimo.

Contrario a lo que podría suponerse, la estatua de Neptuno del Malecón no fue concebida originalmente para ese lugar.

Según investigaciones del historiador cubano Eusebio Leal Spengler (1942-2020), esa escultura, creada en 1856 por el renombrado escultor italiano Giuseppe Gagliardi (1797-1865), un artista formado en la Academia de Bellas Artes de Roma, quien desarrolló gran parte de su carrera en Cuba.

Gagliardi también modeló otras obras importantes en este país como la figura de la Justicia en el Palacio de los Capitanes Generales.

Originalmente, la estatua fue encargada por el rico comerciante Martín José de Cárdenas y Charteris, I Conde de Santovenia, para ornamentar los jardines de su espléndida quinta ubicada en las afueras de la ciudad.

Esta mansión, conocida como la Quinta de Santovenia, estaba situada en lo que hoy es el municipio de Plaza de la Revolución y era famosa por sus jardines adornados con esculturas importadas de Europa.

La estatua permaneció en los jardines de la Quinta de Santovenia durante décadas, hasta que a principios del siglo XX, con el desarrollo urbanístico de El Vedado y la construcción del Malecón, se decidió trasladarla a su ubicación actual.

El Malecón habanero, cuya construcción comenzó en 1901 durante un gobierno provisional norteamericano, se había convertido en el principal paseo marítimo de la ciudad, y las autoridades consideraron que Neptuno sería un elemento ornamental perfecto para ese espacio.

El traslado se realizó alrededor de 1915, durante las obras de ampliación del Malecón, como parte de un proyecto de embellecimiento del paseo que incluía la colocación de diversas esculturas y elementos decorativos.

La elección no fue casual: Neptuno, como deidad marina, establecía una relación temática directa con el mar que baña la ciudad y como protección simbólica de La Habana contra tempestades y atracción de bonanza marítima.

SÍMBOLO DE SÍMBOLOS

La estatua de Neptuno en el Malecón encarna múltiples capas de significado.

En primer lugar, representa la continuidad de la tradición clásica en el arte colonial y republicano cubano, un reflejo de cómo las élites criollas del siglo XIX adoptaron y adaptaron los referentes culturales europeos para establecer su estatus y sofisticación.

Por otro lado, en una ciudad portuaria como La Habana, históricamente dependiente del comercio marítimo, la figura de Neptuno adquiere una dimensión práctica además de estética. Los marineros habaneros, antes de zarpar, podían considerar la estatua como un amuleto protector y seguir la antigua tradición mediterránea de invocar a las deidades marinas para asegurar viajes seguros.

Además, la ubicación específica de la estatua frente al mar crea una relación visual y simbólica poderosa.

Neptuno parece emerger de las aguas para dominarlas, estableciendo un diálogo permanente entre la escultura, el mar y los transeúntes.

Esa interacción se intensificó con el tiempo, ya que la erosión marina acerca simbólicamente la figura al océano, especialmente durante los temporales cuando las olas golpean.

A lo largo de más de un siglo expuesta a las condiciones climáticas del Caribe -salitre, humedad, huracanes- la estatua de Neptuno requirió varias intervenciones de conservación.

El mármol blanco, aunque resistente, es vulnerable a la erosión marina, especialmente en un entorno tan expuesto como el Malecón.

Uno de los procesos de restauración más importantes se llevó a cabo en la década de 1990, bajo la supervisión de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

En esa intervención, se limpió la superficie del mármol, se consolidaron algunas grietas y se realizaron tratamientos para proteger la piedra de la acción corrosiva del salitre.

Sin embargo, el deterioro continuó, y en 2017 se realizó otra importante restauración como parte del programa de rehabilitación del Malecón con motivo del aniversario de la fundación de La Habana (noviembre de 1519).

En esa ocasión, especialistas del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural trabajaron para limpiar la escultura, reparar daños menores y aplicar protectores especializados que prolonguen su vida útil.

Para la actualidad, la estatua de Neptuno trasciende su función meramente ornamental para convertirse en un ícono cultural de La Habana.

Es un punto de encuentro habitual para pescadores, parejas, turistas y artistas callejeros. Los habaneros incorporan la figura a su imaginario colectivo, otorgándole incluso cierto carácter apotropaico durante los temporales.

El efecto apotropaico es un término antropológico para describir un fenómeno cultural que se expresa como mecanismo de defensa mágico o sobrenatural evidenciado en determinados actos, rituales, u objetos.

Por ello, algunos residentes más supersticiosos consideran que Neptuno protege a la ciudad de la furia del mar.

Desde el punto de vista turístico, la estatua es uno de los monumentos más fotografiados de La Habana, por lo que figura en incontables postales, documentales y reportajes sobre la ciudad.

Su ubicación privilegiada permite captar en una sola imagen elementos representativos de la capital cubana: el mar, la arquitectura del Malecón, el horizonte urbano y las fortalezas coloniales.

Además, la figura de Neptuno inspira a numerosos artistas cubanos contemporáneos.

Fotógrafos como René Peña utilizaron la estatua como elemento en sus composiciones, mientras que escritores como Leonardo Padura hacen referencias literarias a este monumento en sus obras ambientadas en La Habana.

La estatua de Neptuno forma parte de un conjunto más amplio de esculturas mitológicas que adornan el espacio público habanero.

Otras figuras similares incluyen la Fuente de la India o Noble Habana, la estatua de la Diana Cazadora y diversas representaciones de leones, esfinges y otras criaturas mitológicas en parques y avenidas.

Esa profusión de iconografía clásica responde a la influencia cultural europea en la Cuba colonial y republicana, donde las élites buscaban emular el gusto artístico de las metrópolis, especialmente de Francia e Italia. El Neptuno del Malecón destaca dentro de este conjunto por su tamaño, calidad artística y ubicación estratégica.

La estatua continúa siendo un testimonio material del diálogo intercultural que define a La Habana: una ciudad donde convergen influencias europeas, africanas y caribeñas, creando una identidad única y multifacética.

Su presencia conecta la ciudad con tradiciones artísticas milenarias, mientras establece una relación poética con el mar que la baña.

En un contexto de transformaciones urbanas, la conservación y valorización de ese monumento se presenta como un imperativo cultural para mantener vivo el legado histórico y artístico de La Habana, junto al desarrollo del turismo.

Belleza a la cual hacen referencia los historiadores, como Leal Spengler mencionado, quien en 2001, la reseñó en La Habana, ciudad antigua. Editorial Letras Cubanas, o apariciones en memorias del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y en la Revista Patrimonio.

arc/rfc

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