Por Pedro Rioseco López-Trigo*
Colaborador de Prensa Latina
Como cada noche, Delfín y sus compañeros Ignacio Rivero y Manuel Brito Martín estaban en espera de los restantes brigadistas obreros que no habían regresado de impartir las lecciones del día a sus respectivos alumnos y poco después se les unió el campesino Pedro González.
En ese momento los sorprendió una banda contrarrevolucionaria que operaba en la zona. Se llevaron a Delfín, lo condujeron hacia un cercano río y avanzados unos 30 metros, lo ahorcaron en un árbol de aguacate por ser alfabetizador y miliciano.
Se convertía así en otro mártir de la Campaña Nacional de Alfabetización en Cuba, junto a Conrado Benítez y Manuel Azcunce, asesinados por hacer posible que en 1961 todos los cubanos analfabetos aprendieran a leer y escribir, y el pueblo los honra y recuerda siempre.
Delfín Sen Cedré nació el 26 de noviembre de 1935 en el seno de una familia humilde en el poblado Quemado de Güines, actual provincia de Villa Clara. Necesitó trabajar desde muy temprana edad y desempeñó diferentes oficios para mantener a su familia y poder estudiar.
Al triunfar la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, realizó numerosas tareas y se ocupó de organizar una sección del Sindicato de Trabajadores del Comercio, en la que ocupó una de las secretarías y contribuyó a la organización de Asociaciones Campesinas en la zona.
Integró las Milicias Nacionales Revolucionarias desde su fundación y participó en la lucha contra bandidos alzados en las montañas del Escambray, al centro de la Isla, donde la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) pretendía crear un bastión para justificar una invasión a Cuba. Demostró total apoyo a la naciente revolución y lo hizo constar en carta dirigida a su hermana Teresa, fechada el 17 de septiembre de 1961: “(…) porque esta Revolución es el futuro glorioso no podemos más que llevar a cabo cuanto sacrificio nos imponga pues nuestro descanso sólo estará en la tumba, que es el descanso del revolucionario”.
La Lucha Contra Bandidos (LCB) fue la respuesta de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior y el pueblo de Cuba integrado a las Milicias Nacionales Revolucionarias, y duró desde 1959 hasta 1965 en que fue eliminada la última banda alzada contra la Revolución. La región del Escambray fue el lugar donde más fuerza tuvo el bandidismo.
La primera cuadrilla de bandidos en la antigua provincia de Las Villas se creó en noviembre de 1959, y hubo en total unas 177, con dos mil cinco bandidos y unos seis mil colaboradores, que contaron desde el inicio con el apoyo de la CIA de Estados Unidos y las organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami.
Además de en Las Villas, el bandidismo existió en las antiguas provincias de Pinar del Río, Matanzas, Camagüey y Oriente. En total, se registraron cerca de 290 bandas alzadas, con unos cuatro mil 190 bandidos y nueve mil 250 colaboradores.
Los últimos bandidos fueron capturados o eliminados en combates en julio de 1965, cuando ya las bandas contrarrevolucionarias habían asesinado en todo el país a 214 personas, incluyendo 13 niños y nueve maestros voluntarios, brigadistas y colaboradores de la campaña de alfabetización.
Según cálculos, las bajas de las fuerzas revolucionarias que lucharon contra las bandas fueron alrededor de 590 hombres, con centenares de heridos y unos 250 incapacitados de por vida.
La lucha contra el bandidismo recabó la movilización de más de 100 mil efectivos de las Milicias Nacionales Revolucionarias, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, que formaron parte de la LCB a lo largo de seis años de combates hasta devolver en 1965 la tranquilidad a toda la población de las zonas rurales del país.
arb/prl
*Periodista cubano.





