Por Edgar Amílcar Morales
Corresponsal en Chile
Desde su nacimiento en 1981, en plena dictadura de Augusto Pinochet, estas entidades devinieron en un instrumento al servicio de grandes grupos financieros locales e internacionales que obtenían ganancias lucrando con los ahorros de los trabajadores.
El negocio era redondo: por ley cada chileno con empleo formal debe entregar a las AFP el 10 por ciento de sus ingresos mensuales que, manejados por estos consorcios, le permitirían disfrutar de una pensión adecuada para garantizar su vejez.
La verdad es que eso casi nunca funcionó así, pero en la coyuntura actual podrían cambiar las reglas, si las autoridades cumplen con su deber.
Resulta que el 18 de octubre el medio estadounidense Bloomberg informó que las AFP chilenas estaban retirando masivamente sus operaciones con los llamados contratos derivados, o swaps.
Esta es una especie de apuesta sobre el comportamiento de la tasa de interés de los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Si el interés bajaba, las administradoras recibían más dinero del que entregaban, una ganancia neta, pero si ocurría lo contrario debían desembolsar más de lo que entraba y esto último pasó durante todo este año y parte del anterior.
El resultado es impactante, pues en esta especulación se esfumaron siete mil 700 millones de dólares del dinero de los trabajadores que fueron manejados por el multifondo E.
Allí están más de 700 mil chilenos que ya tienen, o les falta muy poco, para arribar a la edad del retiro y nadie sabe a ciencia cierta qué va a ocurrir con ellos.
CRÍTICAS Y RESPUESTAS DIFUSAS
La primera y elemental pregunta hecha por los expertos fue ¿por qué no abandonaron el juego ante las primeras señales negativas? Y la respuesta roza lo infantil: el capital, dijeron, se recupera a sí mismo y por lo tanto no es una pérdida, sino una estrategia a largo plazo.
Fernando Mejido, del Consejo Técnico de la Superintendencia de Pensiones, afirmó que quienes están a las puertas del retiro en los próximos meses van a sufrir una pérdida importante de su fondo o tendrán que trabajar varios años más y eso es innegable.
Más aún, en su informe de Estabilidad Financiera del primer semestre de 2026, el Banco Central de Chile advirtió sobre los riesgos de las operaciones con bonos Swap utilizando el dinero del multifondo E, pero nadie le hizo caso.
Mientras, el exministro de Hacienda Ignacio Briones cuestionó a las AFP por no asumir su responsabilidad en este ruinoso negocio y dar respuestas que parecen suponer que la gente es tonta.
Incluso dentro del gobierno encabezado por José Antonio Kast, de derecha y muy cercano al neoliberalismo, hay voces que reclaman a los administradores responder con su patrimonio y no con el dinero de los trabajadores.
Por el momento hay sesiones programadas en el Congreso para analizar el caso y comenzaron ya a presentarse denuncias y recursos legales en diversos tribunales del país, así como reuniones a distintos niveles, pero la tormenta apenas está en sus inicios.
UNA HISTORIA NEFASTA
La idea de privatizar la seguridad social y desaparecer a las mutuales de trabajadores estuvo enmarcada en las raíces de la doctrina neoliberal, aplicada aquí por los llamados “Chicago boys”, que controlaron la economía durante el régimen militar.
Así, la tranquilidad durante la edad madura dejó de ser una responsabilidad colectiva con un papel importante del Estado, para convertirse en un asunto de ahorro individual, donde la pensión final dependería de los aportes propios y la rentabilidad del mercado.
Detrás del nuevo sistema estuvo José Piñera, hermano del dos veces presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien abrazó desde el principio las ideas del padre del neoliberalismo Milton Friedman.
Según datos del Banco Central de Chile y la Superintendencia de Pensiones, entre los grandes consorcios fundadores de las AFP estuvieron el grupo Cruzat-Larraín, el consorcio Vial, el Edwards e incluso la poderosa Cámara Chilena de la Construcción.
La crisis económica y financiera que azotó al país entre 1982 y 1983 provocó la quiebra de Cruzat-Larraín y Vial, lo cual obligó a reconfigurar la propiedad de las AFP y abrió la puerta al ingreso de capitales foráneos.
De esta manera llegaron al país entidades como Bankers Trust, de Nueva York; Aetna Life and Casualty, aseguradora estadounidense que adquirió los intereses del grupo Vial; y el American International Group.
Desde otros lugares del mundo ingresaron a las AFP chilenas el Grumo Amindus, de Suiza, y el banquero Salim Ahmed Bin Mahfouz, de Arabia Saudita.
Así pues, lo que comenzó como una iniciativa para fortalecer a los grandes financistas chilenos e inyectar fondos en la economía local, se internacionalizó, con todas las implicaciones que eso tiene en un país de tamaño medio.
EL VERDADERO ROSTRO
Contrario a lo anunciado cuando fueron creadas, las administradoras no utilizan el dinero de los trabajadores en mejorar las pensiones, sino como un medio de obtener grandes utilidades tanto en la inversión directa como en la especulación financiera.
Informes emitidos por la Superintendencia de Pensiones, organismo encargado de supervisar el trabajo de las AFP, así como de la Fundación Sol, uno de sus principales críticos, señalan que buena parte de los fondos recaudados van a parar a los principales grupos del país.
Estos son el Said, que maneja el Scotiabank Chile, el Parque Arauco y la Embotelladora Andina; Luksic, Banco de Chile; Yarur, Banco de Crédito e Inversiones; Matte, forestal y generación eléctrica; y Angellini, distribución de combustibles y recursos naturales.
En el extranjero entregan capital a grandes corporaciones multinacionales de fondos mutuos como BlackRock, Vanguard, Schroders, Pimco y Mamgrup.
Como es fácil comprender, en ese mundo los aportes de los chilenos no son un fin, mejorar su vejez, sino un medio para obtener ingentes beneficios o, como pasó ahora, hacer negocios con un resultado desastroso.
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