viernes 16 de octubre de 2026

Brasil. La elección no ha terminado

Sao Paulo (prensa Latina) El resultado de la primera vuelta otorgó a Flávio Bolsonaro una ventaja importante: el 47,03 por ciento de los votos válidos, frente al 45,16 por ciento de Lula. Se trata de una diferencia de casi 2,3 millones de votos. Sería imprudente restar importancia a este resultado. Sin embargo, esto no significa que la elección esté decidida. La segunda vuelta es una elección distinta.

Frei Betto*, colaborador de Prensa Latina

Existen al menos cinco razones por las que Lula conserva posibilidades reales de victoria. La primera es la capacidad histórica de Lula para aumentar su caudal de votos cuando la contienda se reduce a dos candidatos. En la primera vuelta, una parte del electorado vota por identidad, protesta o preferencia ideológica. En la segunda, la elección tiende a ser más pragmática: «¿Quién quiero que gobierne el país?». Es precisamente en ese momento cuando los atributos de cada candidato cobran más peso que el simple rechazo al adversario.

La segunda razón es el electorado de los candidatos que quedaron fuera de la carrera electoral. Augusto Cury, Renan Santos, Ronaldo Caiado, Romeu Zema y los demás contendientes sumaron varios millones de votos. Es evidente que no se transferirán en su totalidad a uno de los dos finalistas; no obstante, Lula está en condiciones de atraer a una parte significativa de ese electorado, sobre todo entre aquellos que desean una alternativa al bolsonarismo sin identificarse necesariamente con el Partido dos Trabalhadores (PT).

La tercera ventaja potencial de Lula reside en su base electoral social. El presidente sigue siendo muy fuerte entre los sectores más pobres y en el Nordeste. En la encuesta de Datafolha previa a la primera vuelta, Lula superaba a Flávio Bolsonaro por un amplio margen entre los electores de menores ingresos y los habitantes del Nordeste. También contaba con una ventaja considerable entre las personas con menor nivel educativo.

Esto es importante porque las elecciones presidenciales se ganan a nivel nacional, y no solo en los segmentos donde el adversario es más fuerte. Flávio Bolsonaro demostró una extraordinaria capacidad de movilización entre los evangélicos, los sectores de mayores ingresos y partes del Sur y el Sudeste. Sin embargo, aún necesita transformar esa fuerza en una mayoría nacional.

La cuarta razón es el propio apellido Bolsonaro. Representa una fuerza electoral significativa, pero también conlleva un rechazo igualmente poderoso. Flávio Bolsonaro no compite solo contra Lula; compite contra la memoria política de los cuatro años de Jair Bolsonaro en la presidencia, la polarización permanente, el desgaste provocado por el radicalismo y la identificación automática con el bolsonarismo. En la primera vuelta, esa identificación supuso una ventaja. En la segunda, podría convertirse en un techo electoral.

La encuesta de Datafolha previa a la votación mostraba precisamente la paradoja de que Lula y el candidato del PL tenían el mismo porcentaje de rechazo: el 45 por ciento. Es decir, ambos enfrentaban dificultades para captar nuevos votantes. No obstante, Lula posee una característica decisiva: ya ocupó la presidencia en dos ocasiones, gobierna actualmente y puede ofrecer al elector una comparación concreta entre experiencias de gobierno.

La quinta razón es que la segunda vuelta será también un plebiscito sobre las gestiones de gobierno. Lula podrá preguntar al elector si prefiere la continuidad de su gobierno o el retorno de un proyecto político identificado con Jair Bolsonaro, ahora representado por su hijo. Flávio Bolsonaro, por su parte, deberá demostrar que no es solo el heredero político de su padre, sino que cuenta con un proyecto propio para gobernar el país. Esa diferencia podría resultar decisiva.

El resultado de la primera vuelta también revela que Lula no está lejos de la victoria. Antes de la votación, diferentes institutos señalaban escenarios de empate técnico entre ambos para la segunda vuelta.

Esto significa que el presidente no necesita protagonizar una revolución electoral. Su desafío consiste en conquistar a una parte de los electores que no votaron por él en la primera vuelta y, sobre todo, evitar perder apoyos entre quienes ya lo eligieron.

Una variable que a menudo se subestima es la abstención. Los sectores populares-precisamente aquellos donde Lula es más fuerte- históricamente presentan mayores dificultades para acudir a las urnas. Una campaña capaz de transformar la intención de voto en una participación efectiva puede marcar la diferencia en una contienda reñida.

Flávio Bolsonaro parte con ventaja, pero deberá crecer sin aumentar excesivamente su índice de rechazo. Lula, por el contrario, puede intentar convertir la elección en una decisión entre dos experiencias políticas: la continuidad y ampliación de políticas sociales- como el fin de la jornada laboral de seis días seguidos por uno de descanso (escala 6×1)- o el retorno del bolsonarismo, que descuidó a la población durante la pandemia y dejó morir a más de 700 mil personas.

La pregunta decisiva ya no será quién cuenta con la militancia más entusiasta, sino quién logra convencer al elector que no votó por ninguno de los dos en la primera vuelta de que merece gobernar Brasil. Es precisamente en ese segmento del electorado donde Lula puede encontrar los votos que le faltaron para alcanzar el primer lugar.

La diferencia entre la primera y la segunda vuelta es lo suficientemente grande como para exigir una campaña competente, pero demasiado pequeña como para permitir que cualquier candidato cante victoria. Flávio Bolsonaro ganó la primera batalla.

Lula todavía puede ganar la guerra. Trabajemos por el voto democrático el 25 de octubre. ¡Votar por Lula! ¡Votar por el 13!

rmh/fb

* Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Leer más… Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.

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