Por Dixie Edith
Redacción Cuba
“Hay historias que se escriben para contar lo que ya existe. Y hay otras que se escriben para mostrar lo que es posible. El Plan Integral de Sostenibilidad del Jardín Botánico de La Habana “Quinta de los Molinos” pertenece a la segunda categoría”, considera Perla Rosales Aguirreurreta, directora general adjunta de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH).
Así resume el espíritu de un proyecto que rompe paradigmas en la gestión del patrimonio y la sostenibilidad. La Quinta de los Molinos, unidad presupuestada de la Oficina del Historiador, paso a ser una mipyme estatal -La Quinta S.U.R.L.-, en octubre de 2022.
Poco a poco se ha ido convirtiendo en un laboratorio vivo donde convergen el patrimonio y la ciencia, la inclusión y la sostenibilidad, para demostrar que otra forma de gestionar lo público es posible. Alejandro Palmarola, presidente de su Consejo de Administración, explica a Prensa Latina que el modelo surge como respuesta a una realidad ineludible.
“Los jardines botánicos normalmente son subvencionados o viven de los donantes en temporadas de crisis. Pero hoy los donantes disminuyen, la gente dona menos y, por lo tanto, hay una crisis generalizada para los museos de historia natural, jardines botánicos y zoológicos”.
El también biólogo, botánico y ambientalista cubano precisa que ningún centro de este tipo se financia hoy con el cobro de entradas a sus visitantes, porque no alcanza para cubrir lo que costaría mantener una colección de esta naturaleza.
Ante este panorama, la Quinta apostó por crear un jardín empresarial, que no renuncia a los aportes de amigos y donantes o a la colaboración internacional, pero introduce otros elementos en su funcionamiento.
La clave, según el directivo, está en “buscar un modelo empresarial que permita generar servicios para otros clientes en horarios en que no se afecte la función pública y social que tiene la instalación como museo y jardín botánico”.
UNA EMPRESA DE CONTRIBUCIÓN SOCIAL
El modelo de La Quinta S.U.R.L. se distingue por su carácter de empresa de contribución social, una figura que, como señala Palmarola, “en Cuba no existe como tal” y que tiene “normalmente incentivos a los que quisiéramos llegar en algún momento, como exoneración de impuestos u otros”.
En el mundo, explica, se les conoce como corporaciones o empresas de contribución social, cooperativas sociales o similares. “Ahí es a donde queremos llegar”, insiste.
“Hoy la empresa funciona como si fuera una empresa de contribución, pero sin las exoneraciones que tendría en otro contexto económico. O sea, es una empresa que destina el 100 por ciento de sus ingresos a financiar sus programas sociales”, subraya el presidente de La Quinta S.U.R.L.
Y enfatiza: “No es que tenga un programa de contribución social o de responsabilidad social; no es que destine un por ciento de sus ingresos a esos programas. Es que cuando cierra el estado de las utilidades, el 100 por ciento de ellas se destina a financiar la fuerza laboral y los proyectos en los que estamos involucrados”.
Palmarola aspira a que “en algún momento este modelo sirva para establecer ese tipo de empresas en Cuba y apostar porque no se pierde el carácter social de nuestra sociedad”.
INCLUSIÓN: LA PREMISA IRRENUNCIABLE
Oney Valera, Yoel González, Rosanne Bertot, Lizzie Stevenson, Dayron Lazaga, Mario Sergio Sardiñas, Andy Frank Martínez y Ángel Yoel Cos trabajan en la instalación desde enero de 2020, apenas unos meses antes de que la pandemia de Covid-19 tocara a las puertas.
Son jóvenes en diferentes situaciones de discapacidad intelectual que desde hace poco más de seis años comparten un espacio laboral donde la inclusión no es una palabra vacía.
Esa vocación, no dejar a nadie atrás es, quizás, el rasgo más distintivo de este modelo que defienden Palmarola y su equipo. En ese camino, la inclusión laboral de jóvenes en situación de discapacidad intelectual es uno de los programas más emblemáticos, pero no el único.
Más de 20 jóvenes han sido contratados y en paralelo se han desarrollado talleres de psicoballet, expresión corporal, pintura, terapia asistida con animales, equinoterapia y karate.
Entre las líneas de trabajo fundamentales también se encuentran “el programa del adulto mayor, el de apoyo a la discapacidad o de inclusión social y el de los talleres educativos para las escuelas, que apuesta por la educación ambiental y el apoyo a la conservación de la biodiversidad”.
La Quinta ha desarrollado un sistema de educación ambiental que utiliza “recursos interactivos como códigos QR, pictogramas, sistemas en alto relieve, braille y guías capacitadas para lengua de señas. Es decir, está diseñando la educación ambiental para que todos puedan acceder a ella, sin importar sus capacidades”, enumera.
Además, inauguraron el primer parque infantil inclusivo de Cuba, diseñado con rampas de acceso y juegos adaptados.
“Apoyamos clínicas de salud mental y hogares para niños sin amparo familiar; pero también gestionamos donativos en momentos de crisis, ciclones y otras contingencias”, añade.
Uno de los principios rectores de la transformación fue preguntarnos siempre “cómo desde la empresa vamos a salvar los proyectos sociales que teníamos y cómo vamos a hacer que eso crezca”, insiste.
“La idea no es que al final de año haya una súper utilidad, sino que tengamos un súper resultado en aquellos proyectos sociales en los que estamos involucrados”.
Entre los aspectos novedosos está el cobro por actividades educativas, explica el directivo, un tema complicado porque las educativas extracurriculares constituyen una actividad económica dentro del ámbito de las aún no autorizadas para el sector privado.
Sin embargo, “nosotros, al ser una empresa estatal, sí lo tenemos autorizado”, precisa.
El esquema funciona con un principio de solidaridad: si cobran, por ejemplo, 800 pesos por una acampada, ofrecen automáticamente otra gratuita, de temática similar, en las escuelas cercanas con las que trabajan habitualmente.
“Para eso tenemos un grupo de trabajo permanente llamado Grupo de Educación y Programas Sociales. No es normal que una empresa tenga un departamento de programas sociales; nosotros lo tenemos precisamente para mantener la mirada puesta en cómo contribuimos a la sociedad con lo que hacemos”, subraya el directivo.
UN PROYECTO DE ALIANZAS MÚLTIPLES
El Plan Integral de Sostenibilidad de la Quinta de los Molinos forma parte de los resultados de un proyecto de cooperación ejecutado por la OHCH y la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP), con financiamiento del Fondo Gallego de Cooperación y Solidaridad.
La institución mantiene alianzas consolidadas, además, con diversas redes internacionales de jardines botánicos y otras organizaciones.
Su Centro Demostrativo de Energías Renovables (CEDER), inaugurado en diciembre de 2022 por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, genera toda la energía que consume el jardín, consolidando a la Quinta, además, como un modelo de autosuficiencia energética.
Rosales Aguirreurreta está convencida de que la Quinta de los Molinos no es un espacio cualquiera dentro de la Oficina del Historiador. Desde su fundación en 1817, ha sido testigo de la historia de La Habana, y “hoy es un laboratorio vivo donde ensayamos las respuestas que el siglo XXI nos exige”, valora.
El Plan Integral de Sostenibilidad, presentado el pasado 21 de septiembre, se articula con el Plan Especial de Desarrollo Integral (PEDI) 2030 y con la Estrategia Ambiental de la Zona Priorizada para la Conservación 2025-2030.
Su objetivo final es posicionar a la Quinta de los Molinos como referente regional en sostenibilidad y contribuir al cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
“Este Plan es una invitación a mirar los jardines botánicos con otros ojos, a entender que la sostenibilidad no es un lujo, sino una necesidad, y a creer que La Habana puede ser un ejemplo de desarrollo sostenible, inclusión y esperanza. La Quinta de los Molinos nos demuestra que sí, que es posible”, concluye Rosales.
Con más de dos siglos de historia y en el corazón de La Habana, la Quinta de los Molinos confirma que un jardín botánico puede ser mucho más que un museo de plantas vivas: puede ser un motor de transformación social, un laboratorio de sostenibilidad, un lugar para divertirse mientras se aprende y, sobre todo, un espacio para la esperanza.
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