Por Pedro Rioseco López-Trigo*
Colaborador de Prensa Latina
Cuando el 10 de octubre de 1948 tomó posesión Prío Socarrás como presidente de la República de Cuba, anunció que su gobierno colaboraría con los trabajadores, pero sólo siete días después mataron a Aracelio Iglesias, con quien había tenido una fuerte discusión cuando era ministro del Trabajo en el gobierno anterior.
En esa ocasión Prío Socarrás, en medio de una reunión con representantes obreros sobre mejoras salariales increpó a Aracelio: “Ven acá, ¿tú te crees que eres el dueño de los muelles o qué?”, a lo que el militante comunista y líder sindical le replicó: “¿Y tú te crees que eres el dueño de Cuba o qué carajo?”.
Impotente el gobierno por no poder imponer a los pandilleros y dirigentes sindicales oficialistas que respondían a los intereses de ese gobierno, al igual que lo hicieron con Jesús Menéndez ordenó la eliminación física de Aracelio Iglesias, pero su asesinato no detuvo la lucha, sino que fue un motivo más para continuarla.
En la tarde del 17 de octubre de 1948, un grupo de trabajadores se reunió con Aracelio en el local del Sindicato de los obreros portuarios de la Empresa Naviera de Cuba, en Oficios 259, en La Habana, para elaborar una demanda al ministro del Trabajo.
En esa demanda rechazaban el nombramiento impuesto de un incondicional suyo como máximo dirigente sindical del puerto, así como el cese inmediato de los jefes de los interventores en la oficina de control, y el restablecimiento de la situación de derecho, alterada por los gobiernos de Ramón Grau y Carlos Prío.
Terminada la reunión, en el momento en que Aracelio, próximo a retirarse, conversaba con sus compañeros, un grupo de pistoleros arribó de forma violenta y abrió fuego contra él, en cuya espalda se alojaron cuatro proyectiles. Trasladado de inmediato al hospital por sus compañeros, falleció a los 47 años.
Para la criminal acción, denunció la prensa, se pusieron de acuerdo el pistolero anarquista Joaquín Aubí, miembro del Buró de Investigaciones Policiales, y Eliécer Baudín Vázquez, jefe de los interventores del gobierno en el control de estibadores y confidente de la embajada estadounidense en La Habana.
Al planificar el asesinato, ambos sostuvieron varias reuniones secretas con Alberto Gómez Quesada, rompehuelgas y traidor, y un grupo de pandilleros encabezados por Rafael Emilio Soler Puig (El Muerto), en el local de la Unión de Dependientes y Trabajadores, en la localidad habanera de Regla.
Numerosos rejuegos políticos hicieron que los autores materiales del crimen no fueran condenados. Uno de ellos, Rafael Emilio Soler, tras el triunfo revolucionario abandonó el país y regresó en la invasión de abril de 1961 como parte de un grupo de operaciones especiales de la brigada mercenaria 2506. Fue capturado en Playa Girón, juzgado y condenado por ese y otros crímenes.
Aracelio Iglesias nació en la occidental ciudad de Pinar del Río el 22 de junio de 1901, en el seno de una familia humilde. A los 15 años se inició como bracero en los muelles San José, en la bahía habanera, y desde entonces comenzó a relacionarse con los obreros portuarios, con quienes compartió inquietudes.
Conoció las condiciones de explotación a que eran sometidos y se sensibilizó con la aguda situación económica de muchos de ellos. Su llegada coincidió con una enconada lucha por el cumplimiento de algunas demandas laborales.
La combatividad de Aracelio Iglesias determinó que en 1938 fuera electo secretario de Finanzas del Sindicato de Estibadores y Jornaleros, y más tarde, su secretario general.
En enero del siguiente año, durante el congreso constitutivo de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), integró el Comité Ejecutivo de esta organización y en 1946 ocupó la secretaría de la Federación Obrera Marítima Local del Puerto de La Habana.
Con su infatigable lucha al frente del sindicato y el apoyo de sus compañeros, arrancó a los patronos importantes conquistas para los trabajadores, entre ellas, el establecimiento de listas rotativas, el aumento de salarios y el descanso retribuido.
La labor de Aracelio Iglesias, negro, comunista y dirigente obrero, preocupó siempre a los explotadores, los representantes de Estados Unidos y los gobernantes de turno. Por ello, durante el gobierno de Ramón Grau San Martín, la represión al movimiento obrero fue una constante, en particular contra el líder azucarero Jesús Menéndez y este líder portuario.
Numerosos y extensos documentos prueban que, desde principios de 1947, los jefes militares y policiales de todo el país recibieron órdenes, indicaciones y circulares dirigidas a detener las denominadas “actividades subversivas”, a los “perturbadores comunistas” y a los “propagadores de teorías extranjerizantes”.
Aracelio Iglesias fue una gran preocupación, no sólo por las numerosas conquistas que obtuvo para los trabajadores, sino también por el prestigio, responsabilidad y autoridad de que gozaba entre sus compañeros.
Por ese motivo, y desde que comenzó a afectar los intereses yanquis, su vida corría peligro. Él lo supo, pero mantuvo su firme actitud hasta su muerte. A 78 años de su asesinato, los obreros portuarios, a los que siempre defendió, y los trabajadores cubanos honran su memoria y ejemplo.
arb/prl
*Periodista cubano.





