Por Joel Michel Varona
Redacción Ciencia y Técnica
Los afectados a veces sufren los efectos de la baja autoestima, estrés, irritabilidad, agresividad, aislamiento, ansiedad, depresión y en algunos casos surge la idea de terminar hasta con la vida.
Resulta pertinente buscar apoyo profesional especializado, que incluye un dermatólogo y a un psicólogo para un adecuado seguimiento y control del paciente, aunado al apoyo de sus seres queridos para afrontar este mal de salud.
Hoy es de vital importancia concienciar a la población mundial sobre el vitíligo, para normalizar esta condición o trastorno en la sociedad y evitar la discriminación y rechazo hacia las personas que la padecen.
De acuerdo con la literatura médica, el vitíligo es una enfermedad cutánea, crónica y no contagiosa que ocasiona un trastorno en la pigmentación de la piel.
Está clasficada como una dolencia autoinmune y progresiva de la piel, caracterizada por la aparición de manchas o lesiones acrómicas de diversos tamaños denominadas máculas, de color blanco nacarado y con una superficie lisa.
Este mal aparece en la vida de las personas cuando ocurre la destrucción de los melanocitos, señalados como las células responsables de la pigmentación de la piel.
El mencionado proceso disminuye la producción de melanina en varias partes del cuerpo, tales como contorno de los ojos, cara, codos, axilas, fosas nasales, tobillos, rodillas, pies y manos.
Precisan los expertos que si la lesión aparece en el cuero cabelludo, pestañas, cejas y genitales afectará el color del vello, y este cambio se le denomina poliosis.
El vitíligo está vinculado a factores tales como predisposición genética y el estrés, pero también fue asociado a trastornos tiroideos, anemia perniciosa, Enfermedad de Adisson y la diabetes.
Esta dolencia puede aparecer a partir de los 20 años con prevalencia en las mujeres y algunos grupos étnicos.
Entre los tipos de vitíligo, el focal es aquel en el que aparecen máculas aisladas y reducidas en tamaño y número en cualquier localización.
El segmentario se caracteriza porque las máculas son unilaterales y suelen seguir una distribución determinada. El generalizado es el tipo más común y puede definirse por múltiples máculas hipopigmentadas dispersas por toda la superficie corporal, de disposición simétrica.
Mientras, el vitíligo acrofacial afecta partes distales y a la región facial. La forma universal es aquella en la que quedan pocas áreas corporales pigmentadas.
De acuerdo con el sitio Clínica Universidad de Navarra, el diagnóstico es establecido en la mayoría de los casos mediante el examen clínico de la piel del paciente.
Algunas veces los expertos pueden usar la lámpara de hendidura o de Wood, una luz ultravioleta que hace que las áreas sin melanocitos aparezcan de un color blanco brillante.
En ocasiones debe realizarse una biopsia cutánea para descartar otras enfermedades autoinmunes, así como analítica de sangre con determinación de hormonas tiroideas o de vitamina B12.
En cuanto al tratamiento del vitíligo para restaurar la pigmentación de manera parcial y temporal, se aplicará dependiendo del grado y ubicación de las lesiones, así como la edad del paciente. Es muy importante evitar la exposición directa al sol, recomiendan los expertos, al referirse a algunas opciones o alternativas, entre ellas, el uso de corticoides tópicos, fototerapia con radiación Ultravioleta y UVB de banda estrecha, antioxidantes orales, inhibidores de calcineurina, injerto de piel y trasplante de suspensión celular.
Los científicos recomiendan también a las personas protegerse de las fuentes artificiales de luz ultravioleta, utilizar protector solar resistente al agua, evitar el uso de camas bronceadoras y lámparas solares.
Las personas deberán evitar tatuarse en la zona de las lesiones y consumir ácido alfa-lipoico, ácido fólico, vitamina C y B-12, y Ginko Biloba.
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