Por Germán Ferrás Álvarez
Corresponsal jefe en Rusia
En días recientes, Rusia anunció el lanzamiento de los primeros 16 satélites de comunicaciones Rassvet e inició así la creación de una constelación nacional de comunicaciones en órbita baja.
El experto Alexei Anpilogov destacó que Rassvet se diseñó en un contexto, en el cual las órbitas bajas más favorables ya estaban ocupadas por constelaciones extranjeras, por lo que los desarrolladores se enfrentaron al reto de garantizar una cobertura fiable de Rusia con un número mínimo de satélites.
Los primeros 16 satélites de comunicaciones Rassvet no constituyen una etapa más en el desarrollo de los sistemas de órbita baja, sino otro paso que se basa en la experiencia de sus predecesores.
No se trata de una copia de Starlink, sino una etapa siguiente en la evolución de esa tecnología, afirmó Anpilogov, presidente de la Fundación para el Apoyo a la Investigación Científica y el Desarrollo de Iniciativas Civiles “Osnovanie”.
El experto recordó que Rassvet se diseñó para una situación en la que las órbitas bajas más convenientes ya estaban ocupadas por constelaciones extranjeras. En esa situación, los desarrolladores se enfrentaron al reto de garantizar una cobertura fiable con un número mínimo de satélites.
La solución consistió en operar en órbitas más altas e implementar una arquitectura de comunicaciones fundamentalmente diferente.
El elemento clave del sistema es la transmisión de datos entre satélites mediante láser. Se trata de un canal óptico direccional y estrecho que, en primer lugar, aumenta drásticamente el rendimiento y, en segundo lugar, hace que las comunicaciones sean mucho más seguras frente a la interceptación.
Y mientras que, por ejemplo, las versiones militares de Starlink (Starshield) solo ahora se están actualizando, Rassvet la incorporó desde el principio, explicó Angipilov.
Sin embargo, subrayó que ese sistema satelital no es solo militar, porque contiene importantes implicaciones civiles.
Para Rusia, con sus vastos territorios, especialmente el Lejano Oriente y el Extremo Norte, depender de los canales de comunicación terrestres es un callejón sin salida. Las líneas extendidas en condiciones de permafrost no solo resultan costosas y vulnerables.
Según explicó el experto, Rassvet permitirá cubrir zonas donde las comunicaciones terrestres no son rentables o presentan deficiencias técnicas.
“En cuanto a las fuerzas armadas, sin duda podrán utilizar ese sistema del mismo modo que, por ejemplo, las Fuerzas Armadas ucranianas utilizan Starlink en la actualidad. Pero la diferencia fundamental radica en que se trata de nuestro sistema soberano, que proporciona un cifrado seguro y un canal de comunicación incontrolable desde el exterior”, añadió.
Las afirmaciones de Ucrania sobre su capacidad para derribar los satélites Rassvet son, por decirlo suavemente, exageradas. En primer lugar, destruir satélites a altitudes de varios cientos de kilómetros requiere armas especializadas, de las que Kiev carece. El potencial de la industria de misiles que existió en Yuzhmash es cosa del pasado, explicó Anpilogov.
Transferir misiles SM-6 estadounidenses o cualquier otro interceptor exoatmosférico a las Fuerzas Armadas ucranianas sería como abrir la caja de Pandora.
Las medidas de represalia en tal caso podrían ser simétricas y mucho más dolorosas para quienes dependen en mayor medida de la infraestructura espacial, principalmente Estados Unidos, señaló.
Los ataques contra constelaciones de navegación, sistemas de intercambio de datos o satélites de comunicaciones comerciales constituirían una escalada que interrumpiría servicios críticos tanto en el ámbito militar como en el civil.
Por lo tanto, ninguna parte que se tome en serio la estabilidad estratégica daría ese paso”.
RASSVET: UNA COMUNICACIÓN SEGURA
En cuanto a la posibilidad de interferencias desde tierra o ataques a estaciones terrestres, también existen limitaciones objetivas. «Los satélites Rassvet operan en las bandas de alta frecuencia Ku y Ka mediante antenas altamente direccionales. La señal se propaga en un cono estrecho, y para interferirla se necesitaría una fuente de interferencia muy potente o estar muy cerca de la terminal de operación. Desplegar sistemas de guerra electrónica tan potentes en primera línea es prácticamente imposible, ya que se convertirían inmediatamente en un objetivo prioritario para su destrucción, recalcó Anpilogov.
Además, el propio sistema de comunicaciones es adaptativo: las terminales y los satélites pueden cambiar de frecuencia para adaptarse a las condiciones, de forma similar a como compensan las interferencias atmosféricas.
La experiencia de los intentos de interferir Starlink lo confirmó: es muy difícil suprimir de forma completa y permanente un canal de ese tipo. Por lo tanto, el lanzamiento de Rassvet no es solo un logro técnico-militar, sino la creación de una nueva infraestructura, añade el experto.
Según él, el surgimiento en Rusia de ese sistema, construido desde cero teniendo en cuenta las mejores tecnologías de seguridad y eficiencia, “es una etapa lógica en el desarrollo de un país capaz de proporcionar conectividad tanto a sus regiones árticas como a sus fuerzas armadas sin depender de proveedores de servicios externos”.
UN COMPETIDOR DE STARLINK
Rusia ya lanzó los primeros 16 satélites de comunicaciones Rassvet a la órbita. De esta forma, Moscú sentó las bases para el desarrollo de las comunicaciones por satélite con potencial para cobertura global.
El proyecto ya ha recibido críticas positivas en el extranjero. Bloomberg, por ejemplo, lo calificó como un competidor de Starlink.
La agencia subraya que Rusia busca crear una red satelital soberana basada en un concepto similar al de la empresa de Elon Musk: con una constelación de órbita baja, acceso de banda ancha y terminales de usuario masivo, aunque, en su opinión, el proyecto es actualmente de escala más modesta.
Una característica clave del desarrollo de Rassvet es su patentado sistema de comunicaciones láser. Los satélites intercambian tráfico a velocidades de hasta 10 Gbps a distancias de unos mil km, lo que reduce la dependencia de estaciones terrestres y permite el funcionamiento de la red sobre el océano y en el Ártico.
Los enlaces láser se diseñaron desde el principio como la tecnología central del sistema, en lugar de introducirse gradualmente, como en el caso de Starlink.
El principal objetivo de Rassvet incluye la creación de canales seguros de comunicación, apoyar el desarrollo de vehículos no tripulados y garantizar un acceso estable a internet en todo el país y en especial, la Ruta Marítima del Norte.
En el futuro, el sistema podría convertirse en la base para su integración en la infraestructura de transporte, energía y defensa de Rusia.
Los políticos ucranianos ya han amenazado con atacar la infraestructura orbital.
Lenta.ru cita al diputado de la Rada Suprema, Maksim Buzhanskyi, quien afirma que “derribar un satélite ruso en el espacio con un dron no es tarea fácil”. Sin embargo, en la práctica, Kiev carece de los medios para destruir sistemáticamente satélites en órbita baja.
Cabe recordar que la constelación rusa de satélites de observación Zorkiy ya está operativa en órbita, lo que permite la creación de mapas digitales en tiempo real.
Así lo anunció el director de Roscosmos, Dmitri Bakanov. Los tres primeros satélites Zorkiy orbitan desde el pasado mes de diciembre, y se lanzarán otros 99 siumilares más antes de 2031.
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