martes 13 de octubre de 2026

Jalapão, donde el Cerrado brasileño se vuelve paisaje

Brasilia (Prensa Latina) Con dunas doradas, aguas cristalinas, veredas y extensos campos del Cerrado brasileño, Jalapão deslumbra por una biodiversidad que convierte cada recorrido en encuentro estrechamente vinculado a la naturaleza.

Por Diony Sanabia

Corresponsal en Brasil

En el extremo oriental del estado de Tocantins, en el centro del gigante sudamericano, esta región parece construida con contrastes: arena anaranjada junto a manantiales transparentes, paredes de roca que emergen de la vegetación, ríos que atraviesan el paisaje y pequeñas áreas de bosque donde el verde intenso rompe la aridez.

Sin embargo, no se trata de un desierto, pues Jalapão forma parte del Cerrado, una de las grandes formaciones naturales brasileñas y una de las sabanas con mayor biodiversidad del planeta.

El Instituto Chico Mendes (ICMBio) de Conservación de la Biodiversidad destaca que la zona reúne diversidad biológica, abundancia de recursos hídricos, belleza escénica y tradiciones culturales. Tiene, además, una importancia hidrológica que suele pasar inadvertida frente a la espectacularidad de los paisajes.

La Serra Geral do Tocantins y la Chapada das Mangabeiras funcionan como áreas de recarga de acuíferos y albergan nacientes relacionados con las cuencas de los ríos Tocantins, Parnaíba y São Francisco.

Resulta precisamente el agua uno de los elementos que más sorprende al visitante, y los llamados fervedouros son nacientes donde el líquido subterráneo emerge con fuerza suficiente para impedir que quien entra se hunda.

Ese fenómeno, asociado a la presión y al flujo ascendente del agua, produce una experiencia singular: el cuerpo permanece en la superficie mientras la arena clara del fondo parece moverse bajo los pies.

Para el Ministerio brasileño de Turismo, estos manantiales figuran entre los principales atractivos de Jalapão, junto con las dunas, las cascadas y las formaciones rocosas.

Como un lugar muy conocido aparece el Fervedouro do Ceiça, en Mateiros, mientras que otro al estilo de Buritizinho ofrece al visitante la posibilidad de observar pequeños brotes de agua cristalina en medio de la vegetación.

Tal imagen puede parecer irreal, pero detrás de ella existe un sistema hidrogeológico que ayuda a explicar la abundancia de agua en un territorio de aspecto seco.

La misma combinación de roca, viento y tiempo explica otro de los símbolos del lugar: las dunas.

Sus arenas anaranjadas contrastan con la vegetación del Cerrado y adquieren tonalidades distintas conforme cambia la luz. Al final de la tarde, el horizonte se transforma en una sucesión de colores que convierte ese momento en uno de los más buscados por los forasteros.

Cerca de allí, la Serra do Espírito Santo ofrece otra perspectiva, pues desde sus alturas se observa la dimensión del paisaje y la continuidad de la vegetación, mientras las formaciones rocosas revelan la historia geológica de un territorio moldeado durante largos períodos por procesos naturales.

La Pedra Furada, en el municipio de Ponte Alta do Tocantins, aporta otro escenario: grandes bloques de arenisca, erosionados por el viento y el agua, forman un arco natural que se ha convertido en punto habitual de observación del amanecer y el atardecer.

Voces de expertos describen esas rocas como resultado de procesos de erosión desarrollados durante millones de años. Pero la belleza de Jalapão, afirman múltiples criterios, no está solamente en aquello que puede fotografiarse.

Debajo de los árboles, entre los campos y cerca de los cursos de agua existe una diversidad de especies que convierte a la región en un territorio relevante para la conservación.

Informaciones divulgadas este año por el gobierno de Tocatins señalan que el Parque Estadual do Jalapão alberga más de 400 especies catalogadas, entre ellas, algunas amenazadas como el pato-mergulhão, el tatu-canastra y el lobo-guará.

También forman parte de ese paisaje animales como venados, antas, capibaras, tamanduás, monos, zorros y grandes felinos, además de numerosas aves. El ICMBio resalta que el conjunto de áreas protegidas resulta especialmente importante para especies que requieren grandes extensiones de territorio.

La flora tiene igualmente protagonistas; sobresale el capim-dourado, que adquiere una tonalidad dorada durante su maduración y es uno de los símbolos de Jalapão. Su fibra es utilizada tradicionalmente por comunidades locales para producir piezas artesanales.

Asociado a las áreas húmedas y veredas, el buriti también ocupa un lugar destacado tanto en el ecosistema como en la vida económica y cultural de los asentamientos poblacionales.

En la comunidad quilombola (descendientes de personas esclavizadas) de Mumbuca, en Mateiros, el conocimiento relacionado con el capim-dourado forma parte de una tradición transmitida entre generaciones.

NECESIDAD DE CONSERVACIÓN

Una investigación sobre el perfil de los visitantes de Jalapão indicó que más del 44 por ciento de los entrevistados afirmó que el destino superó sus expectativas, y entre quienes señalaron los motivos, el 60 por ciento destacó las bellezas naturales.

Sin embargo, el interés por el lugar plantea una pregunta inevitable: ¿cómo conservar un paisaje que cada vez más personas quieren conocer?

El Parque Estadual do Jalapão fue creado en 2001, cuenta con más de 158 mil hectáreas y su condición de unidad de conservación de protección integral implica que las actividades permitidas deben ser compatibles con los objetivos de preservación.

A criterio de defensores del medio ambiente, la preocupación no es menor, pues dunas, nacientes, senderos y áreas de vegetación pueden sufrir alteraciones cuando aumenta la presión turística. Por eso, el ordenamiento de las visitas forma parte de la propia experiencia de Jalapão.

Para Rodrigo Sávio, gerente de Unidades de Conservación, el desafío consiste en permitir que las personas contemplen las bellezas del parque sin comprometer su integridad.

El ICMBio trabaja en el llamado Corredor Ecológico de la Región del Jalapão, concebido para conectar unidades de conservación, favorecer el desplazamiento y supervivencia de especies y aproximar la protección ambiental a las comunidades locales.

Así, el verdadero atractivo del Jalapão aparece cuando se abandona la idea de contemplarlo como una colección de puntos turísticos.

La duna depende del paisaje que la rodea; el fervedouro, de las aguas subterráneas; el buriti, de las áreas húmedas; el capim-dourado, del equilibrio del Cerrado; y la fauna, de extensiones suficientemente amplias y conectadas para sobrevivir.

Quien recorre sus caminos encuentra, por eso, mucho más que escenarios para una fotografía; halla un territorio donde el agua emerge desde las profundidades, el viento modela la piedra, la vegetación resiste al clima y animales difíciles de observar todavía encuentran refugio.

Para el visitante, la recompensa puede ser un baño en aguas transparentes, un amanecer desde la Serra do Espírito Santo o un atardecer sobre las dunas.

En tanto, los especialistas y gestores ambientales intentan conseguir que esas experiencias continúen siendo posibles sin convertir el éxito turístico en una amenaza para aquello que las hace excepcionales.

Jalapão conserva precisamente esa paradoja: cuanto más conocido se vuelve, mayor es la necesidad de proteger el paisaje que lo hizo famoso.

arb/dsa

RELACIONADOS